El argumento cardinal de esta exposición, titulada “Genealogías del arte, o la historia del arte como arte visual”, es el famoso diagrama con el que Alfred H. Barr, director del Museo de Arte Moderno de Nueva York, quiso explicar la doble vía conducente al arte abstracto, que en su faceta geométrica procedía del cubismo y el neoimpresionismo, mientras que la abstracción lírica sería derivativa del expresionismo, del fauvismo y de los posimpresionistas. Barr publicó ese gráfico en 1936 en la cubierta del catálogo de una muestra organizada ese año en el MoMA, Cubism and Abstract Art. Sin reparar en gastos, se han traído algunas de las piezas emblemáticas que figuraron en esa histórica exposición, como el Paisaje con dos chopos, firmado en 1912 por Vasili Kandinsky o la Mujer en un sillón, pintada por Pablo Picasso en 1929, complementadas por otras similares a las expuestas entonces por el MoMA, que se muestran ahora en un curioso montaje expográfico muy intrincado siguiendo los epígrafes de Barr. Pero en absoluto se ha pretendido aquí hacer una reconstrucción de aquella exposición neoyorquina de 1936, así que no parecen muy justas las críticas publicadas en algún periódico que han señalado las lagunas debidas a la dificultad de conseguir el préstamo de determinadas piezas o la falta de algunas obras suplementarias que hubieran corregido las carencias o defectos que desde nuestra perspectiva actual encontramos en la selección que entonces hizo Barr.
En realidad, aunque esto ocupe la parte central de la exposición, casi hubiera podido prescindirse de todo ello, si no fuera por el fetichismo mercantilista que determina nuestras programaciones culturales, siempre tan pendientes de atraer al público con nombres de grandes maestros consagrados. Pero en mi opinión lo más interesante son las partes inicial y final de la exposición, dedicadas a la evolución de los diagramas como recurso visual en la historia del arte: si esta disciplina versa sobre cosas que consideramos especialmente dignas de ser contempladas, la cuestión con que nos reciben es si no debería ser también muy visual su lenguaje propio. Es un atractivo argumento, que sería impensable llevar a sus últimas consecuencias pues nadie espera que la historia de la música se cuente cantando o la de la danza bailando; aunque lo cierto es que ha habido muchas tentativas de explicar gráficamente las interpretaciones de la pintura y demás artes visuales, e incluso algunas de ellas resultan muy atractivas, pudiendo considerarse particularmente adecuadas para los museos o exposiciones, donde no puede abusarse de las disquisiciones escritas. Bien lo sabía Alfred Barr, autor también de una afortunada metáfora visual que comparaba al MoMA con el avance de un torpedo propulsándose en el impulso dado por los artistas decimonónicos más innovadores. Ya durante su época de estudiante en Princeton, de 1923 a 1927, había comenzado a dibujar diagramas de la evolución del arte desde el Renacimiento. Desde Courbet en 1850 a los suprematistas en 1925 abarcaba otro gráfico suyo titulado “A Brief Survey of Modern Painting” publicado con motivo de una exposición itinerante del MoMA en 1932, que se considera el precedente de este aquí homenajeado, cuya versión ampliada como cartel también decoró la sala de miembros del patronato y luego la biblioteca del museo, donde presidió durante muchos años una de las paredes, a pesar de que Barr nunca lo consideró definitivo y a lo largo de los años iba añadiendo nuevas correcciones a ese esquema.
Es estupendo poder comparar aquí esa explicación gráfica de Barr con otros muchos árboles genealógicos, tablas, alegorías y diagramas datados desde el siglo XV hasta hoy que con impresionante erudición ha sabido reunir en esta muestra el equipo curatorial formado por Manuel Fontán del Junco, Director de Museos y Exposiciones de la Fundación Juan March, José Lebrero Stals, Director artístico del Museo Picasso Málaga, y María Zozaya Álvarez, Jefe de Proyecto Expositivo de la Fundación Juan March. Celebro además que hayan dedicado especial atención a las parodias críticas de tal esquema canónico firmadas por algunos artistas y teóricos españoles de hoy día, aunque echo de menos alguna referencia a Juan Antonio Ramírez, cuyo libro Esquema y explosión de las artes combinaba textos y dibujos irónicos (particularmente los titulados “Modelo arborescente” y “Modelo finalista”, páginas 109 y 111) remedando las aleluyas y romances de ciegos. Pero sobre todo quiero felicitarles por su reinterpretación postmoderna del diagrama original de Barr, en el que han invertido el sentido de las flechas, para evidenciar que ya no es correcto seguir hablando de influencias porque preferimos definir nuestra relación con el arte del pasado en términos de cita, apropiación, u homenaje. “En la historia, todas las paternidades son en realidad adopciones filiales, y también por eso la historia forma siempre parte de cada presente”. Sabias palabras, que yo rubrico y me parecen el mejor colofón posible para estas líneas.