La Galería Galdeano (1967-1971)

Resumen:

En la década de los sesenta se inició un proceso de modernización económica, que supuso una rápida acumulación de capital en manos de la burguesía que empezó a poner en pie un mercado artístico que rápidamente fue atendido por numerosas galerías. Unas galerías surgidas al amparo del boom económico que, junto a certámenes y exposiciones de carácter oficial enriquecieron el mundo artístico.
Con este artículo pretendemos recuperar de la memoria una pequeña parte de esa historia cultural, ya que las modestas galerías, como la Galdeano, que surgieron en esos años sesenta son una muestra de la dimensión que estaba alcanzando el arte y precedente de lo que estaba por venir.
 

Abstract:

In the sixties a process of economics modernisation began. It supposed a fast capital increase in the bourgeoisie that started an arts market. A lot of new galleries supported this market. These galleries appeared because of the economic boom, and together with oficial contests or exhibitions, enriched the artistic world.
In this article we want to bring back a little part of this cultural history, because, the modest galleries, like Galdeano, that emerged in the sixties are a sample of the dimension of the new art and a precedent of what it would come.
 

Introducción
En 1957 se produjo una gran crisis del régimen franquista, que supuso un cambio de gobierno, saldado con la nueva incorporación de los miembros del Opus Dei a los puestos de la economía nacional. Fueron los responsables directos de la racionalización de la economía y posterior desarrollo económico de los sesenta. El Plan de Estabilización de 1959 trató de corregir las nefastas consecuencias de la autarquía y supuso una nueva era y una mayor apertura internacional. La sociedad española sufrió una gran transformación, gracias a la inmigración masiva y el turismo.
Por lo que afecta a la cultura artística, la década de los sesenta "supuso el inicio de un proceso de modernización que culminaría veinte años después" (Lomba, 2002: 258). La iniciativa privada cobró mayor peso y a lo largo de la década se inauguraron algunas de las galerías de arte más significativas, como la galería Juana Mordó de Madrid. De estos años data también la primera casa de subastas que se instaló en España, Sala Durán, que coadyuvó al fortalecimiento del mercado artístico. A la vez, se consolida una nueva generación de críticos que defendían un lenguaje de vanguardia, como Aguilera Cerni, Ciriri Pellicer, Gómez Moreno o Santos Torroella.
En Aragón la presencia estatal se dejó sentir de forma esporádica a través de actuaciones específicas, como las del Museo de Zaragoza o las Diputaciones Provinciales. Aquí el papel promotor de las artes seguía siendo ejercido por algunas instituciones locales, que continuaban con la labor desarrollada en la década anterior. Como ejemplo, valga la convocatoria del “Premio San Jorge”  otorgado anualmente desde 1969 la Diputación Provincial de Zaragoza.
El Ayuntamiento de Zaragoza puso en marcha las Bienales de Pintura y Escultura «Premio Zaragoza», que en 1962 venían a sustituir a los antiguos salones regionales. Otros ayuntamientos pusieron en marcha iniciativas como I Exposición Nacional de Pintura Contemporánea celebrada en agosto de 1963 en Jaca con motivo de los Cursos de Verano, o el Museo al Aire Libre implantado en Hecho en 1967 (Lomba, 2002: 261).
Las entidades bancarias continuaban con el patrocinio del arte. La Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja, inauguró en 1967 la sala Bayeu, en 1969 el Centro Cultural «Genaro Poza» en Huesca y la Sala Gambrinus en Zaragoza. La Caja de Ahorros de la Inmaculada abrió la sala Luzán (1962) y la Barbasán.
La crítica, por su parte, iba cobrando mayor vigor, destacando las figuras de Federico Torralba como teórico y Ángel Azpeitia Burgos como crítico del Heraldo de Aragón. En Huesca destacaban Félix Ferrer y S. Broto.
Pero hubo otros intentos de hacer cultura que partieron de la iniciativa de grupos o sociedades particulares, mucho más modestas, que supusieron una alternativa a la cultura institucional y oficial. Nos referimos a las salas, galerías de arte. e incluso locales comerciales, que bajo una iniciativa mayoritariamente privada vieron desfilar firmas de prestigio local y nacional. A las salas de exposición ya existentes, como Libros, se sumarán otras a lo largo de la década: Albiac, Calibo, Kalos, N’Art, Naharro o Galdeano. De todas ellas, será Kalos, fundada por Federico Torralba, la que rompa con la monotonía y la tónica tranquila y figurativa de la ciudad.
En los años sesenta la modernización estética española era un hecho imparable, así como la paulatina incorporación española y aragonesa al proceso de internacionalización artística. Contribuyeron a ello el boom económico, la apertura de las fronteras del país, una cierta liberalización del régimen político y la incorporación de nuevas generaciones de artistas a la vida pública. El resultado fue una mayor actividad cultural que permitió el conocimiento de distintos y novedosos lenguajes que se fueron sucediendo a lo largo de la década, tal y como sucedía en el resto del territorio español.
Valeriano Bozal ha resumido perfectamente las distintas opciones estéticas que se fueron produciendo (Bozal, 1995). Durante los cinco primeros años más o menos, el informalismo de marcado carácter expresionista fue la corriente mayoritaria. Cuando la crisis del informalismo era ya un hecho, se sumaron reacciones figurativas de diverso signo, como el Grupo Hondo, el Equipo Crónica o el Equipo Realidad. Junto a éstas, se va desarrollando una abstracción analítica y la neofiguración. Y ya a finales de la década aparecieron corrientes como el minimal, el conceptual y las instalaciones. En el ámbito aragonés este paradigma evolutivo funcionó igualmente.
A partir de los setenta, el panorama de las galerías zaragozanas cobra auge y abren y cierran numerosas salas. En 1971 cierra la Galería Galdeano, se inaugura la galería Atenas -continuadora de la trayectoria de Kalos- y S’Art en Huesca. En 1973 nace la galería Prisma y a partir de ese momento gran número de galerías hacen aparición: Víctor Bailo, en los mismos locales que Libros; la Berdusán; Leonardo o algunas galerías-bar, como La Taguara o Itxaso.

La Galería Galdeano    
Con este artículo queremos dejar constancia de las exposiciones que se han celebrado en este espacio siguiendo un discurso cronológico de acuerdo a las fechas de las exposiciones, ya que su trayectoria no ha sido analizada hasta la fecha.
Para su estudio disponemos de los catálogos de las muestras que allí se celebraron, facilitados por los hijos del artista y de las crónicas de la prensa local, fundamentalmente el Heraldo de Aragón, que gracias a la labor ejercida por sus críticos de arte, especialmente Ángel Azpeitia, constituyen un diario de la galería. En los estudios del arte de los años sesenta y setenta en Aragón se suele citar la Galería Galdeano así como su excepcional trayectoria, pero sólo Manuel Pérez-Lizano la analiza sumariamente (Pérez-Lizano, 1994: 165-166).
Como ya se ha mencionado, durante los años sesenta se va desarrollando un entramado de actividades artísticas, como la apertura de nuevas salas de exposiciones. Este es el caso de la Galería Galdeano, abierta por la joven pareja formada por Andrés Sánchez Sanz (Galdeano), pintor y ceramista, y Erika Stückler –una austríaca acogida por una familia zaragozana tras quedarse huérfana-, que deciden abrir una tienda de cerámica, Tienda de Cerámicas Erika, en la calle Santa Isabel número 13. Comenzaron en 1963 en un local de 24 m2 y con 500 pesetas en el bolsillo. Tras cuatro años con la tienda deciden adaptar la planta baja del local para sala de exposiciones.
Con la galería pretenden divulgar el arte contemporáneo, hacerlo visible, preparando para ello una serie de selectas exposiciones de artistas ya reconocidos, como es el caso de Millares o jóvenes que están iniciando su carrera, como José Manuel Broto. En la mayoría de ocasiones se expuso pintura, pero también se preocupó de divulgar otras artes como la escultura, la cerámica, el tapiz, el dibujo y el grabado.
La galería editaba un díptico que hacía las veces de catálogo. Son catálogos sencillos, pero hechos con tipografías limpias, con buen gusto e individualizados para cada exposición. Por regla general figuran los siguientes datos: curriculum del artista, a veces el listado de obras y algún texto crítico como el de José María Moreno Galván dedicado a Torrubia, el de James Johnson Sweeney de Antonio Suarez o el de C. L. Popovici de Yraola. Algunos, como el de Vento o el de Will Faber, pueden incluir una reproducción fotográfica en blanco y negro, pero no es lo habitual. Generalmente se trata de dípticos impresos a una tinta, aunque en ocasiones, el catálogo gana en presencia con la utilización de una tinta metálica y mayor número de páginas, como el catálogo de Yraola, impreso en Artes Gráficas Luis Pérez, cuando lo habitual es su impresión en Grafimar, en Santa Isabel 10.
Galdeano espera una buena acogida del público y para ello las inauguraciones suelen ser distintas e insólitas [Foto de cubierta]. En la primera se improvisó una charla sobre los hongos y hubo un concierto de guitarra. En la inauguración de la muestra de Virgilio Albiac tocó la orquesta del «Club de Jazz» de Radio Zaragoza. En la sesión inaugural de la muestra de Torrubia, hubo un concurso que tuvo gran aceptación: a todos los asistentes se les facilitó una bolsa de plástico con dos barras de plastilina, un trocito de madera y un clavo, para que hicieran una figura sobre la marcha, premiando al ganador con una escultura de la exposición.
En una entrevista de Milagros Heredero publicada en el Heraldo de Aragón comenta Galdeano que no tiene programa expositivo, que lo prepara sobre la marcha, pero al final de la entrevista reconoce viajar mucho y estar en constante contacto con amigos de Madrid, Barcelona y Sevilla. Dice que a la hora de elegir a los artistas se basa en la obra y no en las firmas. Puede apreciarse en esa entrevista que la finalidad económica no era prioritaria en los objetivos y quizás ese es uno de los motivos de su temprano cierre en la primavera de 1971. No obstante, y pesar de lo difícil que era la venta de obras de arte en la ciudad, Galdeano tenía una personalidad carismática y fama de lograr ventas en principio difíciles, como Guinovart o Hernández Pijuán tal y como recuerda Antonio Domínguez (Domínguez, 2007: 31-39).

Trayectoria de la galería
Comienza la andadura de la sala el 5 de mayo de 1967 con una exposición de Segú, un ceramista bisbalense, con una obra un tanto comercial aunque con carga artística. Gran parte de la obra expuesta son cuencos y platos, con gran profusión del color en superficies esmaltadas, con predominio de los verdes, azules y dorados. Combina los motivos tradicionales y modernos, figurativos y abstractos, siempre dentro de una línea decorativa en la que encontramos: soles, lunas, círculos y tondos, gatos terroríficos, jirafas, versiones picassianas, etc. La elección de Segú para la inauguración de la sala no parece casual, en ese momento Galdeano está experimentando con el barro, él mismo ha expuesto platos en la Sociedad Dante Alighieri (1966) y según sus propias palabras, "la cerámica es más fácil de comprender, más popular y asequible".
La siguiente exposición es la de Hernández Pijuán, que tuvo lugar del 27 de mayo al 12 de junio. Presentó pinturas y dibujos y, como complemento, una carpeta de litografías en color, tamaño 65 x 50 cm, en una edición de Gustavo Gili.
Catalán de nacimiento, pero aragonés por la rama paterna, había conseguido la medalla de oro en la III Bienal de Zaragoza (1965). Su obra se había podido ver en la ciudad en varias colectivas. En 1956, coincidiendo con la celebración de las fiestas del Pilar, se celebró una exposición de joven pintura catalana, que llevaba el título de II Salón «Revista», en la que participaron: Brotat, Guinovart, Hernández Pijuán, Muxart, Tàpies y Tharrats, entre otros muchos. En abril de 1965 participó en otra colectiva: Siete artistas catalanes celebrada en la galería Libros. Sin embargo, ésta es su primera individual en la ciudad y, seguramente una de las exposiciones más interesantes de la temporada.
Sus primeras pinturas figurativas se caracterizan por la pureza de expresión y su tendencia a eliminar cualquier trivial anecdotismo, persiguiendo llegar a la esencia de la pintura. Su pintura evoluciona hacia un interés por la superficie vacía y por la relación entre el objeto y el espacio que lo rodea. Desde mediados de los sesenta se acerca al género de la naturaleza muerta al incorporar elementos reales como una manzana, un huevo o una copa, generalmente aislados, que confieren una dimensión trascendental.
Tras el obligado paréntesis estival, la actividad volvió a la galería en septiembre con una exposición de pinturas del propio Galdeano, del 21 septiembre al 5 octubre [Fig. 1]. Presenta obras en papel, lienzo y tablex, en las que se aprecian las que serán algunas de sus características como pintor: obras con fondos matizados, texturas trabajadas, chorreos directos y el uso de uno, dos o tres colores a lo sumo.
La siguiente fue una exposición de Vicente Vela (del 6 al 21 de octubre), pintor, escenógrafo, diseñador y ceramista que presentó en Zaragoza cuadros de pequeño formato. A finales de los cincuenta su obra "se inscribe dentro del informalismo, que paulatinamente abandona por una pintura abstracta en la que se establece una doble relación entre la forma y el gesto" (Calvo Serraller, 1991: 828). Posteriormente comienzan a aparecer referencias figurativas en sus pinturas y el color cobra mayor protagonismo, acercándose a posturas líricas.

[Fig. 1] Cubierta del catálogo de la exposición de Galdeano en la Galería Galdeano, del 21 de septiembre al 5 de octubre, 1967. [Fig. 2] Cubierta del catálogo de la exposición de Will Faber en la Galería Galdeano, del 21 de octubre al 4 de noviembre, 1967.


Continúa la programación con una muestra de Will Faber, celebrada del 21 octubre al 4 noviembre [Fig. 2]. La exposición se complementa con una carpeta de aguadas y una serie de litografías en negro y color. El artista había expuesto en la sala Libros en la colectiva Siete artistas catalanes en 1965, pero se trataba de su primera individual en Zaragoza. La prensa recoge con acierto su presencia en la ciudad destacando el sentido mágico de su obra, el logrado equilibrio y la dulce armonía del color, un magicismo, unos signos y símbolos que lo emparentan con Klee.
El siguiente en exponer es Guinovart, del 7 al 21 noviembre. Su obra se había visto con anterioridad en la ciudad, en concreto en 1956, año en que participó en el II Salón «Revista». Su carrera evoluciona desde la figuración de los cuarenta, a la abstracción, hasta llegar a una influencia «pop» (Calvo Serraller, 1985: 582). Las obras presentadas se caracterizaban por el rasgado de los lienzos con violencia, el dramatismo reflejado en el color, en los contrastes de blanco y negro, y en la incorporación de objetos de desecho, signos, cajas, etc., en la línea de Rauschenberg. Unas pinturas que José María Castellet –en el texto de presentación del catálogo de la exposición celebrada en la Galería Sur de Santander, 1-15 septiembre, 1964- califica como "expresionismo dramático".
La siguiente exposición es la del pintor zaragozano Virgilio Albiac, inaugurada el 22 de noviembre. Licenciado en Artes Plásticas por la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, ejerce como profesor en la Escuela de Arte de Zaragoza. Se inicia en la pintura de manera profesional en 1942 y durante más de dos décadas abordó una pintura de carácter figurativo, caracterizada por el uso del color y su preferencia por el paisaje. Desde 1967 se aprecia una transformación en su obra, llegando a una abstracción geométrica, calibrada y pensada. Esta dualidad entre paisaje y abstracción es la que pudo contemplarse en esta muestra.
Entrados en el mes de diciembre, dos muestras ocupan el espacio de la galería: por un lado, las esculturas en hierro de Torrubia (del 7 al 17 de diciembre) [fig. 3], por otro, las cerámicas coloristas de Junquera (del 18 al 27 de diciembre).
 Torrubia llevaba años dando forma a sus sueños en hierro, pero nunca los había expuesto, por lo que podemos considerar a Galdeano como su descubridor. Presentó unos hierros que se adentraban en la abstracción, donde una máquina o una simple tuerca pueden expresar mundos sensitivos y adoptar formas fascinantes, dando nueva vida a objetos vulgares. Los comentarios sobre esta exposición fueron muy estimulantes, siendo inevitable la alusión a otros artífices del hierro como Julio González, Oteiza y Chillida.
La exposición de Junquera causó una gran impresión, por el rico colorido de los esmaltes y el variado repertorio de formas: aves, peces fosilizados, pájaros parecidos a frutas, vírgenes de vitral, flores, árboles, un pavo real, un trigal, girasoles, etc. así como el lujoso tratamiento de las superficies, como si fueran joyas. Llama la atención que Galdeano, un ceramista tan personal, eligiera a un ceramista tan ligado a la tradición, pero quizás admiraba su hábil técnica, que no se limitaba al oficio y su saber aplicarla en su justa proporción.

[Fig. 3] Cubierta del catálogo de la exposición de Torrubia en la Galería Galdeano, del 7 al  17 de diciembre, 1967. [Fig. 4] Cubierta del catálogo de la exposición de Antonio Lorenzo en la Galería Galdeano, del 22 de febrero al 2 de marzo, 1968.

Tras la excelente programación de 1967, con artistas de primer orden en el panorama artístico nacional, comienza 1968 con la artista neoyorkina Joan Semmel, quien expuso del 1 al 10 febrero. La artista, instalada en Madrid desde 1963, presentó obras de grandes formatos realizadas a partir de 1965, quizás demasiado grandes para la galería. En 1968 expuso sus obras en la Sala del Prado del Ateneo de Madrid y, en 1969 en la Galería Juana Mordó de la misma ciudad. Por aquel entonces todavía no había perdido las características de su formación norteamericana, aunque sus cuadros no eran el típico ejemplo de «action painting», sino un expresionismo de influencias europeas, aunque más colorido. A comienzos de los setenta encuentra su camino, con pinturas que muestran de forma audaz la figura humana y en particular la femenina.
El mes de febrero continúa con una exposición un tanto alejada de la orientación habitual de la galería, ya que  Borobio desarrolla la mayor parte de su obra dentro de un campo absolutamente figurativo. Presentó una serie de estudios de desnudos y paisajes.
Finaliza el mes de febrero con el pintor madrileño Antonio Lorenzo (del 22 de febrero al 2 de marzo) [Fig. 4]. Se exhibieron veinte cuadros y varios grabados, mayoritariamente de pequeño formato. Una exposición excepcional en la que se podían recorrer diferentes etapas de su pintura.
Formado en la Escuela de Bellas Artes de Madrid, conectó pronto con los medios más renovadores. El propio artista comenta que en 1965 comienza las experiencias de pintura abstracta,  influido por el contacto con  pintores americanos, y algún español, especialmente Gerardo Rueda. Aunque en su obra abstracta pueden encontrarse referencias simbólicas al progreso humano y a mundos utópicos de máquinas, apuesta por campos abiertos de color en un estilo que puede definirse como “paisajismo abstracto”.
Ese mes de marzo de 1968 Galdeano abre al público un nuevo y encantador recinto en la misma calle Santa Isabel, número 7. Se trata de una nueva sala con un fondo permanente de pinturas, esculturas y cerámicas de diversos estilos y procedencias, con una finalidad más comercial que la del número 13. En la inauguración privada se pudieron ver originales de interés, con firmas de primera fila, como las de Will Faber, Vela, Orús, Hernández Pijuán, etc. A pesar de este carácter más dedicado a la venta, en esta sala tenemos documentadas tres exposiciones, en 1968, cerámica de El Alfar, y en 1969 María Pilar Burges y Monclús.
Cerámica El Alfar es la primera empresa dedicada a la cerámica creada por Galdeano, quien había comenzado a experimentar con los esmaltes en los bajos de la Tienda de Cerámicas Erika con dos muflas eléctricas. A comienzos de 1967 conoce a Isabel López, recién diplomada en Esmaltes por la Escuela de Artes de Zaragoza. Isabel posee los conocimientos técnicos para dar forma a las ideas de Galdeano y juntos montan El Alfar, una empresa artesanal de cerámica artística. Pero el espíritu inquieto de Galdeano continúa pensando nuevas formas de trabajar la cerámica. Deciden realizar una prueba y confeccionan unos quince cuadros cerámicos de 80 x 80 cm que presenta en su galería de la calle Santa Isabel nº 7. Se trata de baldosas pegadas sobre madera, decoradas a base de estarcidos –generalmente circulares- realizados con plantillas confeccionadas por ellos mismos. Es su manera de darse a conocer como muralista y mostrar al público otras posibilidades de la cerámica.
Pero continuando con la excelente programación de la «auténtica» Galería Galdeano, comenzaba el mes de marzo de 1968 con el magicismo de Joan Brotat (del 5 al 20 de marzo). Sus pinturas se habían podido ver en Zaragoza en la colectiva II Salón «Revista», una exposición de joven pintura catalana, pero esta vez trae a la ciudad una colección de pinturas y cerámicas. Aunque en ciertos aspectos su obra se salga de lo estrictamente inocente, la parte más importante de la misma la podríamos calificar de “naïf”. A primera vista su mundo parece fácil y plácido, pero de repente surge la fascinación, sus cuadros están llenos de detalles, abarrotados, resultando una combinación entre magia y razón, alegría y pesadumbre, simplicidad y confusión.

[Fig. 5] Cubierta del catálogo de la exposición Yraola en la Galería Galdeano, del 22 de marzo al 6 de abril, 1968.

A finales de marzo llegó a la galería Ignacio Yraola (del 22 de marzo al 6 de abril) [Fig. 5]. Se presentaron obras de diferentes etapas, desde sus iniciales bodegones a sus esculto-pinturas, en las que emplea la madera como soporte.
En los cuadros más antiguos presentados la imagen está construida con procedimientos técnicos en cierto modo clásicos. Luego sustituye la tela por madera y el color se organiza a través de los incisos practicados en el fondo del cuadro. Otro paso lo constituye la integración de texturas diversas, sobre todo metálicas, como elementos simbólicos o meramente formales, de una manera intencionada y crítica. Por último suprime casi el colorido, utilizando tan sólo una ligera monocromía que cubre las estructuras de madera, superpuestas sobre el propio fondo de madera.
Finaliza el mes de abril con una exposición de Amalia Avia. Su obra se enmarca dentro del nuevo realismo desarrollado por un grupo de artistas madrileños con quienes la pintora se encuentra fuertemente vinculada. En su primera época aparece la figura humana pero va desapareciendo en favor de los espacios vividos por el hombre, como fachadas de edificios o interiores domésticos,… Las calles de Madrid, sus comercios o las fachadas deterioradas por el tiempo, han sido referencia en muchos de sus cuadros, pero con cierto distanciamiento y tono poético. Unas pinturas que Azpeitia resume acertadamente como una crónica honda y melancólica de nuestro mundo.
El mes de mayo comienza con una muestra de primera categoría, una colectiva de quince firmas entre las que se encuentran algunas de las más apreciadas de nuestro arte actual: Farreras, Feito, Gran, Hernández Mompó, Millares, Rivera, Rubio Camín, Saura, Sempere, Suarez, Subirach, Torrubia, Vela, Vento y Will Faber. Como en la mayoría de las colectivas, no rige un criterio de grupo pero algunas de las obras presentadas son excepcionales. La exposición tuvo gran eco en la prensa de la época por la categoría y renombre de los artistas, Azpeitia destaca el pequeño cuadro de Feito, por su sobrecogedora apariencia de simplicidad, así como el collage de Francisco Farreras.
El final de esta intensa temporada quedó completado con otro acontecimiento interesante, la exposición de Julio A. Ortiz en mayo. Presentó una colección de «móviles», es decir, de realizaciones plásticas con movimiento. Incluyó cuatro animados que se accionaban mediante un motor eléctrico, experiencia cinética resultado de incorporar la técnica moderna al arte.
Tras el cierre acostumbrado del verano se esperaba con impaciencia la nueva temporada. Sin embargo, no hubo exposiciones hasta principios de 1969. En la nueva sala de exposiciones situada en la calle Santa Isabel, número 7, expuso, en enero, la pintora zaragozana María Pilar Burges, justo antes de su marcha a Canarias. Expuso su última obra, en su mayoría cuadros de gran formato, de gran color y expresión.


En la galería de la calle Santa Isabel número 13 comienza la temporada con una exposición de Grau Garriga, del 14 al 24 marzo [Fig. 6]. Pintor y Director de la Escuela Catalana de Tapicería, con modelos suyos o de Tharrats, Román Vallés, Cuixart, Tápies, Guinovart, Rafols y otros artistas renovó la Fábrica de Tapices Aymat, en Sant Cugás del Vallés (Areán, 1972: 226-227).
Grau Garriga desgarra el soporte, experimenta con distintas técnicas y materiales heterogéneos. En unos trabaja con relieves que convierten sus tapices en esculturas, pero en otros gana la textura o la inclusión de hilillos a manera de capas de color superpuesto. Concibe el tapiz como un arte moderno, con un lenguaje autónomo al que incorpora, al igual que a su pintura, dos hechos circunstanciales de la vida, el azar y lo efímero, sin renunciar a la naturaleza mural del tapiz.
 Continúa la programación con una exposición del pintor y escultor José Vento (del 14  al 24 de abril). Participó con el Grupo Hondo -Genovés, Jardiel, Mignoni y Orellana-, en una exposición en Madrid, todos ellos empeñados en la realización de una figuración de carácter fuertemente expresionista y provocador (Calvo Serraller, 1985: 69). Su obra se había podido contemplar en la ciudad en la muestra Arte actual del Mediterráneo, celebrada en 1959 en la que se recogían las inquietudes y búsquedas renovadoras de un grupo de artistas levantinos, como Alfaro, Juana Francés, Hernández Mompó, Rafols-Casamada o Salvador Soria, entre otros. En su obra hay una preocupación constante por el ser humano, pero no encontramos temas amables, sino formas torturadas que nos muestran la soledad, la tragedia cotidiana y la pérdida de la individualidad. El propio artista califica su obra de metafísica, cuadros que hacen pensar pues albergan una gran carga de humanismo.

[Fig. 6] Cubierta del catálogo de la exposición Grau Garriga en la Galería Galdeano, del 14 al 24 de marzo, 1969. [Fig. 9] Cubierta del catálogo de la exposición Guinovart en la Galería Galdeano,  inaugurada el 22 de abril, 1971.

Del 21 al 30 de abril de 1969, en la sala de la calle Santa Isabel número 7 expone Monclús. Se trata de la primera exposición individual de este pintor zaragozano, que tras estudiar en la Escuela de Artes y con tan sólo 18 años, muestra sus pinturas en su ciudad natal. Presentó cuadros pintados sobre madera, dentro de la abstracción geométrica.
La programación de la Galería de la calle Santa Isabel número 13 continúa con una exposición de otro joven pintor zaragozano, José Manuel Broto. Broto había participado el año anterior en dos colectivas, una en la Diputación Provincial de Zaragoza y otra en el Centro Mercantil, pero ésta es su primera muestra individual. Ya en estos primeros años se le considera una de las mejores promesas de Zaragoza y la muestra no decepcionó. Presenta unos tableros monocromáticos, grises o negros, con juegos de formas superpuestas que dejaban ver su gran sentido de la composición y un gran equilibrio. Coloca tacos de madera sobre la superficie, jugando con el relieve y con las sombras que ocasionan, ofreciendo resultados de un gran valor óptico, subrayado por el color único.
La siguiente fue una exposición de pinturas del propio Galdeano, del 13 al 23 de mayo [Fig. 7]. Andrés presenta una serie de cuadros en los que predominan los rojos y pardos -salvo en uno-. En ellos da preferencia a lo expresivo, incidiendo con violencia en el soporte. Obras que presentan una preocupación por los grafismos y las estructuras, apareciendo su deseo de compartimentar el espacio.
Acaba la temporada en junio con una exposición de dibujos sobre papel con ácido y tintas de Ángel Maturén. Para el crítico Ángel Azpeitia la exposición es decepcionante, pues espera más del que considera uno de los pintores jóvenes más valiosos. Además, la serie de curiosos e interesantes dibujos y bocetos presentados tienen un matiz de prueba de artista, no adecuado para su exposición al público.

[Fig. 7] Cubierta de la invitación a la exposición de Galdeano en la Galería Galdeano, del 13 al 23 de  mayo, 1969. [Fig. 8] Cubierta del catálogo de la exposición de Antonio Suárez en la Galería Galdeano, del 16 al 31 de marzo, 1971.

Tras el verano de 1969 se produce un largo parón expositivo, que durará hasta principios de 1971. Dos motivos influyen en la suspensión temporal de las exposiciones. De una parte, la creación de la empresa MURESA (Murales y Recubrimientos S.A.) en septiembre de 1969 y el encargo de numerosos murales cerámicos que le ocupaban gran parte del tiempo y, de otra, la reforma del local que supuso la renovación de la galería. Lo más destacado de la reforma es la inserción de un mural del propio Galdeano en la fachada.
El acto de reapertura de la sala de exposiciones tiene lugar el martes 16 de marzo de 1971, con una interesante muestra de pinturas y dibujos del que fuera miembro del grupo El Paso, Antonio Suárez, quien había participado en alguna colectiva en la ciudad, pero en ninguna individual [Fig. 8].
Se trata de una exposición que encaja perfectamente en la línea sostenida durante su primera etapa de funcionamiento y aplaudida por la crítica artística de la ciudad. Suárez venía de una trayectoria informalista, pero los cuadros y dibujos presentados, sin perder esa esencia inicial, tenían una sugerencia del tema, de lo representado, frutas, figuras, desnudos, paisajes, etc. Obras que destacaban por la peculiaridad y delicadeza del colorido y por otro lado, por el relieve y la pasta que delimitan las formas.
El siguiente en exponer fue el pintor catalán Guinovart, el único artista, además del propio Galdeano, que expone de forma individual en más de una ocasión en la galería [Fig. 9]. En 1967 había expuesto pintura, ésta vez dibujos a tinta y color que son, en general, bien recibidos por la crítica, que destaca su lugar indiscutible en el panorama artístico nacional. Aunque la mayoría de críticas fueron favorables, para Aransay, se trata de una muestra que vale más por la firma que por la importancia de los dibujos, indicada para íntimos del pintor y su mundo pero difícil de tomarse en serio.
Las obras, a pesar de su pequeño formato, no pierden su vigor expresivo, pero moderan su tremendismo. Incluso las calaveras tienden hacia la ironía y el humor negro. Guinovart realiza unos dibujos menos agresivos que sus pinturas, en los que el trazo y la caligrafía tan inconfundibles de su obra son la nota predominante y donde el colorido es más vivaz, llegando a composiciones de gran libertad expresiva.
A continuación expone el pintor Martín Ruizanglada, que llevaba tres años sin exponer en la ciudad. En esos años ha cosechado numerosos triunfos en certámenes nacionales e internacionales, así que la muestra es la manera de justificarse ante su público. Lo expuesto en la Galería Galdeano supone una gran evolución en su obra, una nueva pintura, una ruptura con su trabajo anterior. Si bien no rompe con la figuración, sus cuadros son más expresionistas, con un nuevo concepto del color, alejado del claroscuro y formas simplificadas, aunque sin perder sus virtudes decorativas ni la búsqueda de la belleza visual.
A finales de mayo llega el final de la galería. La clausura de la sala corresponde al canario Manuel Millares, quien formara parte del grupo El Paso, junto a Rafael Canogar, Luis Feito, Juana Francés, Manuel Rivera, Antonio Saura, Pablo Serrano, Antonio Suárez, Manuel Conde y José Ayllón. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que es uno de los pintores verdaderamente significativos de la pintura contemporánea española. Representante de las tendencias expresionistas conducentes a lo informal, a las creaciones matéricas, al signo y al gesto. El interés despertado por la muestra se refleja en los amplios comentarios de la prensa. Millares presenta obras de 1968, que se caracterizaban por ese gusto por la materia y el gesto tan característico de su pintura y, junto a éstas, un pequeño grupo de dibujos de 1971 en los que deriva hacia un grafismo propio o caligrafía. Sin duda, la exposición de Millares es un importante acontecimiento, el broche de oro a una excelente programación.

Aportaciones de la Galería Galdeano
Desde su apertura en mayo de 1967, la Galería Galdeano dio un servicio al arte aragonés, no sólo por el impulso a jóvenes promesas, sino también por la información que facilitó a la ciudad y a los artistas locales, mostrando planteamientos acordes a su tiempo. Se pudieron ver las tendencias y orientaciones del momento, desde pintura informalista hasta distintos tipos neofigurativos, como el «naïf» u obras llenas de realismo social.
Por otro lado, es de destacar el lugar dedicado a otras artes como la cerámica o el tapiz que no solían encontrar acomodo en las salas de exposición más tradicionales, pues seguían considerándolas artes menores o decorativas.

Foto de cubierta: Inauguración de la exposición de Will Faber en 1967. Por cortesía de Isabel López.
Bibliografía:


– AGUILERA CERNI, Vicente (1966), Panorama del nuevo arte español, Madrid: Ediciones Guadarrama.
– Antonio lorenzo, Galería Galdeano, Zaragoza, 22 febrero-2 marzo, 1968 (catálogo de exposición)
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Número 19

Junio 2012
Sonia ARILLA SATUÉ
Becaria de investigación en el Departamento de Historia del Arte, Univ. de Zaragoza
Fecha de recepción: 29/5/12
Fecha de aceptación: 29/6/12
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