El patrimonio fotográfico es una prueba visual del pasado y presente. Su importancia ha llevado a que en los últimos años localidades y ciudades de todo el mundo hayan solicitado imágenes antiguas a sus habitantes para crear archivos históricos y, de esta forma, conservar el pasado y mostrarlo a generaciones futuras. La fotografía es tan importante que permite capturar un momento para siempre, tal y como dice Sánchez Millán (2017: 61): “porque la vida pasa, pero la imagen queda.”
Este acto de fotografiar se quedaría en una simple captura si no existe una fase de conservación posterior. Por este motivo, la digitalización, catalogación y conservación del patrimonio cultural se ha convertido en un gran reto mundial. A través de Internet se ha avanzado y mejorado para poner a disposición del público el patrimonio fotográfico, consiguiendo cambiar la forma en la que los ciudadanos se pueden acercar a este y la difusión que se realiza de ellos. Un gran ejemplo es el Archivo Fotográfico Jalón Ángel que está conservando y difundiendo el material fotográfico de Jalón Ángel a través de su plataforma online de catalogación, una nueva página web donde la búsqueda de fotografías se realiza mediante palabras clave y filtros, o sus redes sociales donde se conecta con otras partes del mundo.
Patrimonio cultural y fotográfico: pasado, presente y futuro
Tras la II Guerra Mundial, tras destruirse y convertirse en escombros los monumentos, documentos, fotografías o elementos de valor cultural, se aumentó la preocupación por cuidar, proteger y conservar el patrimonio. Por este motivo, en 1972 se desarrolló una Convención sobre la Protección del Patrimonio mundial, cultural y natural y a mediados del siglo XX la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) comenzó a utilizar el término Patrimonio Cultural, según indica Monjas (2013).
Rico explica que “la conciencia de que las personas han sufrido un proceso progresivo de pérdida de identidad con respecto a su pasado y los elementos patrimoniales ha puesto de relieve el papel de la difusión del Patrimonio en nuestra sociedad” (2004, s/p). Es importante conseguir que la memoria se transmita y perdure en el tiempo, para ello se pueden utilizar distintas fuentes: tradiciones orales, recuerdos o las imágenes, según De las Heras (2009: 114). A través de la labor que realizan instituciones como UNESCO se adquiere conciencia sobre lo “que supone tener, proteger y heredar el patrimonio de sus antepasados e, igualmente, de lo importante que es preservarlo para las generaciones del futuro” (Irala-Hortal, 2008: 302).
La UNESCO solicita que todo el patrimonio cultural deba ser protegido y preservarse para que generaciones futuras puedan heredarlo. La Ley del Patrimonio Histórico Español busca estimular acciones que favorezcan la conservación del patrimonio cultural e histórico, incluyendo las vías digitales y es que la difusión del Patrimonio es una de las vías más acertadas para
conseguir que los individuos conozcan más su entorno y nazcan en ellos actitudes de solidaridad […], todo ello muy necesario en nuestra sociedad actual, marcada por una mal entendida “globalización”, la competitividad y el “todo vale” en casi todos los ámbitos. (Rico, 2004: s.p)
Con respecto al patrimonio fotográfico Salvador explica que
la posibilidad de uso y aplicación de la fotografía (ilustración y edición, publicidad, educación o divulgación cultural) ponen de manifiesto la necesidad de gestionar y explotar de forma adecuada muchos fondos fotográficos custodiados en instituciones culturales o administrativas mediante la creación de sistemas de consulta y recuperación de imágenes apoyados en buenas prácticas descriptivas (Salvador, 2015: 20).
Por su parte, Santovenia y Muñoz concretan que “el patrimonio fotográfico da fe como testimonio y memoria para aquellos corresponsales, lectores y aficionados habituales de los productos informativos de los órganos de prensa que buscan mostrar la realidad actual que representan.” (2012: 80). De hecho, tal y cómo confirma Rico (2004), el acceso a referentes patrimoniales es, actualmente, mucho mayor que en cualquier otro periodo; lo que significa que hay una mayor atención e interés por parte de las personas por este tema y hay que seguir trabajando para mejorar y evitar que se pierda el interés conseguido.
Internet ha cambiado la forma en la que los ciudadanos pueden acceder a su patrimonio fotográfico. La difusión que realizan a través de la red ha permitido que archivos y entidades protectoras de este llegue a más personas sin importar la distancia. Por ello, Salvador afirma que, “apoyando la tarea de recuperación y difusión del patrimonio fotográfico, numerosas instituciones públicas y privadas como archivos, bibliotecas, museos […] han realizado una tarea excepcional con objeto de dar visibilidad a sus fondos en la red.” (2015: 16).
Archivos fotográficos: prueba del pasado para el presente y del presente para el futuro
Un archivo histórico es aquella institución de carácter público que debe rescatar, clasificar, atesorar, conservar, gestionar, catalogar, custodiar o poner a disposición para consulta pública la documentación que tenga un carácter patrimonial y documental, según la página EcuRed. Estos archivos son centros de información puestos a disposición de la comunidad con el objetivo de desarrollar y difundir la cultura (EcuRed).
Una de las funciones que disponen estos centros es conservar y difundir la cultura, el patrimonio y la historia. Los pilares base para la historia fotográfica del pasado, según Sánchez Millán son “los archivos fotográficos, los viejos álbumes familiares, las colecciones de fotografías de los pueblos o iglesias” (2017: 158). El material fotográfico es una fuente de información fundamental del patrimonio visual y documental, esta “constituye un eslabón con el pasado y un impresionante registro de él” (Santovenia y Muñoz, 2012: 81)
A través de la red se puede ofrecer a generaciones futuras acceso a este tipo de patrimonio, mediante la digitalización y conservación del patrimonio cultural europeo (González y De Los Ríos, 2013). Es frecuente poder leer sobre nuevas aplicaciones que se han lanzado para ayudar a difundir la obra de estos archivos. Es importante, tal y cómo afirma Lozano López (2012), crear un medio donde se pueda incluir información sobre los fondos documentales que existen, así como que sean accesibles y estén en la red.
La difusión de los archivos es una parte clave. El Archivo General de la Administración explica que es necesaria “la difusión de su patrimonio documental, de forma libre y gratuita, para que pueda ser accesible a los investigadores y usuarios, de manera que el Archivo se convierta en un centro de estudios e irradiación de la cultura e historia española.” (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, 2014: s/p). Con esto se cumple uno de los objetivos principales del Patrimonio que es comunicar el pasado a generaciones presentes y futuras.
Una buena difusión y un buen uso de las herramientas tecnológicas es fundamental en estas instituciones puesto que conlleva el reto de “hacer ese patrimonio accesible a todos los ciudadanos” y la oportunidad de que “personas que nunca se atreverían a traspasar el umbral de un archivo lo hagan” y se interesen por este (Aramberri, 2015: 70). Hasta ahora el acceso a los archivos municipales era una tarea ardua. El acceso a la información tenía que hacerse físicamente y era complejo de comprender en algunos casos. Según Galvañ (2015), esto ha provocado una sensación de infravaloración para los archiveros y documentalistas.
Estas herramientas digitales han hecho “posible el acceso al objeto cultural y la variedad de lecturas sobre el mismo destinado a un amplio sector de la sociedad, sobre todo en el ocio cultural” (Ruiz, 2011: 94). Gracias a Internet, las redes sociales o las páginas web se ha conseguido que desde cualquier parte del mundo se pueda consultar un archivo fotográfico como puede ser el de Jalón Ángel que se encuentra en la Universidad San Jorge (Villanueva de Gállego – Zaragoza). Tal y cómo afirma Sánchez Millán, las fotografías “en nuestros días reverdecen en las redes sociales, con lo que tienen una segunda vida fuera de los cajones donde permanecían olvidadas”. (2017: 64)
Una de las formas de acercar el patrimonio a la sociedad, y muy habituales durante los últimos años, son los archivos fotográficos. Muchas son las poblaciones que se han interesado en conservar su historia a través de esta vía. Por ejemplo, el pueblo de Cabanes (Castellón) está gestionando un archivo histórico fotográfico a través de la colaboración de sus vecinos solicitando fotografías antiguas, familiares y de la ciudad (Castellón Informa, 21/06/2016). En Villa Italia, los vecinos han llevado a la Biblioteca Popular de Sarmiento sus fotografías para crear un archivo fotográfico digital sobre la zona (El Eco de Tandil, 06/07/2016). En Polanco (Cantabria) se pidió la colaboración ciudadana para que acercasen sus fotografías (anteriores al año 2000) con datos de fecha, ubicación y personas identificadas. Así, el Ayuntamiento podría crear un Archivo Fotográfico Municipal y ver la evolución de los últimos 200 años del pueblo.
Aun así, pensando globalmente, hay que tener en cuenta que recopilar el material fotográfico de un pequeño país de Occidente o de un breve periodo de tiempo, supondría, cómo dice Díaz Barrado “una labor ingente por la cantidad y calidad de los restos fotográficos que el paso de los años ha acumulado como memoria visual.” (1996: 148). Pero esto no debería ser un impedimento sino un reto que afrontar y el cual conseguir mediante la colaboración de instituciones, gobiernos y países.
Aproximación de la fotografía como testimonio de la realidad
El presente artículo es una aproximación a la fotografía como testimonio de la realidad, este ámbito es muy amplio y hay muchas teorías e investigaciones al respecto, por lo que se hace una primera revisión desde el patrimonio cultural fotográfico.
La UNESCO resalta la importancia de conocer la cultura, siendo esta el diálogo entre civilizaciones y culturas, mostrando la historia, el pasado de una sociedad a generaciones actuales. La fotógrafa estadounidense Berenice Abbott afirmó que la “fotografía es el medio adecuado para recrear el ahora, el mundo vivo de nuestros días”, por eso toma especial importancia conocer el pasado. Sánchez Millán (2017: 151) apoya esta idea ya que, para él, la fotografía permite contactar con la realidad de forma directa y estudiarla.
Como se ha mencionado anteriormente, se trata de congelar un momento de la historia para siempre a través de una herramienta que es la cámara. Cómo decía Abbott a través de la mirada del fotógrafo “el ahora se vuelve pasado” y coincide Sánchez Millán quien apunta que el fotógrafo y el tiempo van de la mano: “El hecho fotográfico estriba en plasmar un suceso que en el segundo siguiente desaparecerá, de allí su valor indiscutible.” (2017: 150-151). Un ejemplo de esto es Daguerre al lograr capturar y detener el vuelo de la luz.
De esta forma, la fotografía es una perfecta forma de documentar el pasado y el presente. La fotografía se presenta como una de las fuentes para la Historia porque “no sólo se presenta como una extensión del ojo (la memoria natural piensa en imágenes) sino que lo hace como una extensión de la memoria, en tanto que se revela como una de sus funciones (Pantoja, 2005: s/p), de tal manera que opera en nuestras mentes como una especie de pasado preservado.” (De las Heras, 2009: 115). Para Sánchez Millán, por lo menos tiene que mantener esa faceta de registrar y documentar, con la cual se caracteriza.
La imagen tiene la característica de poder resistir el paso del tiempo. Un momento que capta una cámara no se va a volver a repetir, pero sí que perdurará para toda la vida (si se conserva y difunde). De esta forma lo retrata De las Heras: “La fotografía tendría como función ayudar a sobrellevar la angustia suscitada por el paso del tiempo, ya sea proporcionando un sustituto mágico de lo que aquel se ha llevado, […] produciendo el sentimiento de vencer al tiempo y su poder de destrucción.” (2009: 115)
Desde el punto de vista de la historia, la fotografía se convierte en una fuente ilimitada de información ya que permite, según Díaz Barrado, “convertir el recuerdo en una forma de conocimiento” (1998: 88). La imagen es una de las herramientas más útiles para que el historiador investigue el pasado siendo “un interesante vestigio de lo que fue en lo que es” (Renier, 1950: s.p). Pero para evitar perder datos, hechos significantes de la historia es necesario que la memoria tenga un soporte que permita transcender en el tiempo, dicho soporte es la fotografía. Susan Sontag lo mencionaba en alguna ocasión: “la fotografía puede constituir perfectamente la prueba irrefutable de que cierto evento ocurrió” (1981: 6).
A través del clic de la cámara el fotógrafo consigue captar un suceso que ya ha ocurrido por lo que: el presente se convierte en pasado y el presente (pasado capturado) se convierte en futuro cuando el fotógrafo revele u observe la imagen tomada, tal y cómo enfatiza Chevrier (1982). Todo se convierte en real puesto que está ante la persona que toma la fotografía, pero no tiene porqué ser la realidad ni la verdad. Este tema (si la realidad fotografiada es exactamente la realidad, está trucada, sesgada o encuadrada; objetividad y subjetividad de la toma) corresponde tratarlo en otro artículo, pero se escapa a los fines de este artículo.
En este punto hay que destacar el término (que utilizan De las Heras y Barrado en diferentes artículos) “tiempo cero”. Este detiene los acontecimientos y los congela en el espacio tiempo expresando siempre el presente en cualquier momento. El tiempo cero “congela aquello fotografiado […] hasta la eternidad […] o hasta que se destruya el documento (entonces esa realidad sostenida en el tiempo a través de la captura fotográfica vuelve a desaparecer)” (De las Heras, 2012, 54)
Tal y cómo decía Antonio Muñoz Molina, citado por Sánchez Vigil (1999:19), “solo la fotografía muestra cómo fueron los instantes de la vida en el momento mismo en que estaban sucediendo”. Los fotógrafos siempre han tenido el deseo de congelar la realidad para después poder observarla y contemplarla, según afirma Sánchez Vigil (1999). Cuando se fotografía, se conserva un instante del presente para, en un futuro, convertirse en el pasado.
Cuando se observa una fotografía Díaz Barrado explica que hay dos cosas que fascinan: “la capacidad de encerrar el tiempo en un momento concreto y su capacidad de interpretar la imagen conforme pasa el tiempo” (1996: 158). El tiempo, lugar e imagen son captados en unos segundos de cara a la eternidad, por este motivo la fotografía tiene un gran valor “indiscutible por ser reflejo, o, mejor dicho, calco fiel, de aquel instante o momento del que se necesite una auténtica acta” (Sánchez Vigil, 1999: 39).
El tiempo se corta y se encuentra ese momento que está cargado de memoria para contemplarlo más adelante, “actualiza el pasado en el presente”, concluye Díaz Barrado (1996: 161). Por ese motivo, Sánchez Vigil (1999) explica que cuando se mira una fotografía se recupera un tiempo y un espacio pasado, analizando situaciones que no se han podido llegar a vivir y que se muestran como experiencias.
Fotografía como postales
A mediados del siglo XIX comenzó a surgir una moda de los viajeros burgueses quienes para transmitir noticias y mostrar sus aventuras mandaban unas imágenes que se convirtieron en las primeras postales (Sánchez Millán, 2017: 140). Estas postales mostraban la realidad de una ciudad, una sociedad, vestimentas que perdurarían y servirían para conocer cómo era un espacio o situación en el pasado. En este sentido, el fotógrafo navarro, reconocido y famoso por su estudio en Zaragoza, Jalón Ángel, realizó innumerables viajes por Europa donde a través de su cámara mostró cómo eran esos países en los años 30. En este caso no fueron postales (aunque sí realizó este proyecto a nivel nacional: postales del Alcázar de Toledo, la Facultad de Medicina o de la ciudad de Zaragoza y de Viana) pero sí realizó una documentación iconográfica de sus viajes.
Para mostrar cómo funcionan las imágenes del pasado como memoria del presente se han realizado una serie de fotografía que recorren los mismos lugares y usan los mismos ángulos que lo que realizó Jalón Ángel en algunos de sus viajes a Italia. En estos ejemplos se busca mostrar cómo la fotografía del patrimonio cultural, sobre todo monumentos (aunque no solo), funcionan como verdaderas ventanas en el tiempo y en el pasado.
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Jalón Ángel, Catedral de Pisa (Italia). Archivo Jalón Ángel |
Catedral de Pisa (Italia) (Fot. Alicia Mellén) |
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Jalón Ángel, Torre de Pisa (Italia). Archivo Jalón Ángel |
Torre de Pisa (Italia) (Fot. Alicia Mellén) |
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Jalón Ángel, Puente de los suspiros (Venecia). Archivo Jalón Ángel |
Puente de los suspiros (Venecia). (Fot. Alicia Mellén) |
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Jalón Ángel, Basílica de San Marcos (Venecia). Archivo Jalón Ángel |
Basílica de San Marcos (Venecia) (Alicia Mellén) |
Las fotografías incluidas anteriormente se han podido revisar y estudiar gracias a la labor que realiza el Archivo Fotográfico Jalón Ángel quien conserva, gestiona, cataloga, digitaliza y difunde la obra de Ángel García de Jalón Hueto (Jalón Ángel). Esta institución se creó en 2011 y se ubica en la Universidad San Jorge (Centro del Grupo San Valero). Es importante destacar la labor de conservación ya que solo con esa tarea que permite la difusión y estudio se puede mantener vivo el pasado y la identidad cultural.
Fotografía como testimonio de realidad en prensa
Por otro lado, hay que destacar la gran función que tiene la fotografía en la prensa llegando a convertirse en imprescindible en esta área. Sánchez Millán afirma que si a una noticia no le acompañaba una imagen no es noticia, “lo que no se veía dejó de existir. Y esas imágenes cada vez acumularon más fuerza, ya que llegaban a más personas (cuando se pudieron contemplar las barbaridades hechas por sus tropas en Vietnam, la opinión pública estadounidense cambió de parecer y el gobierno se vio obligado a abandonar su intervención en el país asiático)” (2017: 180).
La fotografía tiene una fuerza visual, de persuasión, que conscientemente es utilizada por los medios de comunicación (De las Heras, 2009: 126). Sánchez Millán (2017) expone que su impacto es más directo y requiere de un tiempo menor (que el texto) para emitir el mensaje. Por su parte, Sánchez Vigil afirma que en esos momentos ya no era imprescindible saber leer para conocer lo que ocurría en el mundo, “bastaba mirar una estampa para percibir los hechos de manera directa, sin intérpretes y opiniones partidistas” (1999: 42). Para la fotógrafa Judith Prat, “la imagen tiene un gran potencial narrativo”, pero para ella es igual de importante mostrar lo que ocurre y aún más importante el por qué ocurre (Prat, 2019)
Sánchez Millán describe muy bien la profesión de fotógrafo
es pues, quien nos permite ver nuestro tiempo en un sentido mucho más amplio que el de nuestra realidad inmediata, registrando a través de su medio técnico, en forma perenne cada acontecimiento, con el prestigio de verdad que tiene su imagen, documentando la historia desde el presente, ya sea en el rincón más personal de la privacidad o en los hechos más significativos que pueden cambiar su curso. (Sánchez Millán, 2017, 154).
El trabajo que realizan los fotógrafos de prensa es trasladar la realidad a tal punto que captan y congelan la historia a través de sus cámaras. Sánchez Vigil establece un patrón dónde “notificar un hecho real es informar. Notificar un hecho real mediante imágenes fotográficas es fotoperiodismo” (1999: 41). El fotoperiodismo llega a ofrecer una visión amplia y exacta del mundo y tiene como objetivo contar la historia y reproducirla a través de las imágenes. La fotógrafa Cristina Aznar afirma que se puede mostrar la realidad, expresar ideas y contar historias a través de la fotografía (también modificar la historia y la realidad). Para Aznar es poder compartir y tener la posibilidad de comunicar otras realidades a través de su cámara, de esta forma se va constituyendo su experiencia vital.
El fotoperiodismo siempre ha sido una parte importante de la fotografía documental por el impacto que tiene en la sociedad y en la humanidad. La imagen en los países con conflictos bélicos ha intentado ayudar a mostrar la dura realidad de lo que ahí sucede y poder cambiar la situación. Los fotoperiodistas intentan hacer pensar al espectador y provocarles emociones encaminados a la reflexión y el cambio. Para Aznar, la fotografía “es una herramienta, una forma de expresión, es una emisión en busca de recepción, es abrir una puerta, una ventana, y solo con una persona que se asome, que sienta el aire que corre, que mire, ya cambia, todo cambia” (2019)
El fotoreportaje puede ser llamado “la reproducción de la realidad, vista mediante los ojos de un testigo privilegiado” (Sánchez Millán, 2017, 155). Su meta siempre ha sido “contar al lector qué había allí, claramente, rápidamente y sin misterio, confusión o enigma” (Lewis, 1991, 15). Esta frase toma sentido al observar la labor que ha realizado y que queda reflejada en el libro que acaba de publicar Ricardo García Vilanova Fade to Black. Ascenso y caída del ISIS. En sus páginas se puede encontrar una serie de fotografías que muestran la historia y la realidad que ha vivido la población de Siria, Libia e Irak durante 9 años. Como comenta Sánchez Millán (2017) se reproduce la realidad a través de los ojos de un testigo que está presente y que la vuelve a mostrar a un tercero en formato papel (revelado) o digital (ordenador).
En este punto, siguiendo la línea del artículo sería recomendable mostrar la historia de dos fotógrafas aragonesas, Judith Prat y Cris Aznar con sus principales proyectos donde intentan despertar al espectador y conseguir una reacción.
Judith Prat comenzó a viajar en su tiempo de vacaciones con organizaciones internacionales documentando las violaciones de dd.hh, “fue entonces cuando empecé a pensar en la fotografía como una fantástica herramienta para contar aquello que yo ya empezaba a ver” (Prat, 2019). La fotografía se fue convirtiendo en su lenguaje más natural con el cual busca contar y retratar situaciones muy duras intentando no caer en estereotipos. Es muy importante “conocer muy bien lo que estas documentando, entenderlo y despojarte de prejuicios y del sesgo de nuestra mirada occidental y a menudo prepotente” (Prat, 2019).
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Judith Prat, Mujer, secuestrada por Boko Haram, junto a su hijo en el Federal Medical Center de Yola, después de ser rescatados por el ejército en el bosque Sambisa. |
Judith concluye con que le hubiese gustado no tener que ver muchas situaciones que ha fotografiado, pero para ella es más importante acabar con ellas y que no hubiese nada que contar. Prat cree “en la necesidad de entender y sobre todo de empatizar con el entorno y con las personas a las que te fotografías”, no en ponerse una coraza, “el día que lo que vea no me afecte habrá llegado el momento de dejarlo” (Prat, 2019).
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Judith Prat, Niños desplazados por la violencia de Boko Haram vagan solos por las calles de Geidam |
Cristina Aznar está reflejando la situación de los refugiados tibetanos en India. La primera toma de contacto fue en 2016 cuando viajó a Mundgod en la región de Karnataka de India, junto a una ONG. El tema surgió de forma natural al entablar una amistad con una refugiada. Posteriormente se desplazó a Delhi, la capital, para documentar durante tres días las actividades que organizaban la población tibetana que procedían de diferentes lugares. En este encuentro buscaron poder protestar por lo sucedido, realizar una llamada a la comunidad internacional y conmemorar los 60 años de resistencia pacífica en “10 March Tibetan National Uprising Day”, que se celebra el 10 marzo en el aniversario del único levantamiento del pueblo tibetano contra China.
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Cristina Aznar, Manifestación en honor al “60th Anniversary of Tibetan National Uprising Day”. New Delhi, 2019 |
Para Aznar este proyecto es el más importante, a nivel histórico debido a que fue “el primer genocidio declarado por las Naciones Unidas en la historia de la humanidad, murieron más de 1.200.000 personas tibetanas, otras huyeron siendo a su vez el colectivo refugiado más antiguo del planeta”; y cultural, “por la injusticia de lo sucedido, por la pasividad internacional y el silencio que envuelve todo lo relacionado con Tíbet”.
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Cristina Aznar, Manifestación en honor al “60th Anniversary of Tibetan National Uprising Day”. New Delhi, 2019 |
Aznar tiene claro que la fotografía le aporta mucho más, una forma de expresarse ella misma y lo que personas necesitan, para ella su trabajo sirve para algo y cree que puede ser una herramienta de cambio, “se puede despertar una consciencia dormida y se puede mejorar el mundo, aunque solo sea porque se está contando una verdad.” (Aznar, 2019).
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Cristina Aznar, Manifestación en honor al “60th Anniversary of Tibetan National Uprising Day”. New Delhi, 2019 |
Una definición que podrá surgir de la fotografía puede ser la que ofrece Cristina Aznar: “La fotografía es magia, es arte, es expresión y emoción, es luz, realidad y recuerdo. Es un documento, es historia y también imaginación, es utopía y distopía, así que tiene importancia vital, porque yo necesito la fotografía para mi calma, calma interna conmigo misma y calma en cuanto a mi papel en el mundo, es mi forma de vida, es lo que soy.” (2019).
Conclusiones
El tema elegido para este artículo es muy amplio y diverso. En estas páginas se puede ver una aproximación y se intenta ejemplificar a través de la fotografía de Jalón Ángel cómo el paso del tiempo afecta o no a una misma ubicación o patrimonio. También intenta transmitir cómo un mismo momento queda retratado para siempre, acercando a quien tenga interés un instante del pasado y congelándolo para siempre.
A través de la fotografía se puede estudiar cómo ha sido un lugar, sus costumbres, paisajes, personas, eventos. Es la prueba de una realidad pasada en el presente y puede servir como documento de Historia, de investigación o simplemente como ayuda a recordar un tiempo atrás y recuperar el ayer en el hoy. Como explica De las Heras, la fotografía “debería estudiarse no como una fuente auxiliar sino como un elemento activo de la Historia por su capacidad de influencia, y cómo documento autentificador por su alto contenido testimonial” (2012: 11).
La relevancia que tiene la fotografía viene porque es el único lenguaje que puede ser entendido y comprendido en todo el mundo, tal y cómo afirma Bruno Barbey. Es importante que se le siga dando esta especial ubicación a la fotografía y que no abandonen la investigación. Este arte tiene un significado especial y puede adquirir ese sentido de prueba de la realidad a la fotografía en general.
No solo hay que prestar atención a la fotografía sino a su forma de conservación y difusión que es la única forma de preservar las imágenes del pasado. Para esto es necesario la existencia de instituciones públicas o privadas o de personas individuales que gestionen, cataloguen, investiguen y difunda la fotografía. Miles de archivos realizan esta labor, aunque en algunas ocasiones los fondos no son suficientes o no pueden realizarla con total libertad por falta, generalmente, de presupuestos.
Habría que recuperar el tiempo de bonanza de los años 80 del siglo XX donde en España se creó un movimiento para recuperar los archivos fotográficos que existían y poder así conservar este patrimonio. Hay que destacar también la gran labor que realizan todas aquellas localidades, países e instituciones (como Europeana y Photoconsortium) que luchan por buscar ampliar el conocimiento del pasado a través de la conservación y difusión de la fotografía. Como explica Díaz Barrado, “la fotografía se parece cada vez más a nuestra memoria, por eso nos sigue fascinando y atrayendo después de tanto tiempo” (1996: 161).
En posteriores líneas de investigación se continuará el estudio de esta prueba de la realidad a través de la imagen y cómo la subjetividad del fotógrafo, de la realidad y del espectador pueden modificar el significado, porque como dice Lewis Hine: “Aunque las fotos no mienten, los mentirosos pueden hacer fotos” (Burke, 2001: 25).












