El 1 de noviembre de este año 2021 se cumple el I centenario del fallecimiento en Madrid del ilustre pintor aragonés Francisco Pradilla Ortiz, con tal motivo, el Ayuntamiento de Zaragoza ha organizado en el Palacio de la Lonja una exposición antológica que reúne casi dos centenares de obras procedentes de los fondos de los principales museos españoles, fundaciones e instituciones y de colecciones particulares. El discurso expositivo se organiza teniendo en cuenta las distintas técnicas que Pradilla cultivó: óleo, acuarela y el dibujo, habiéndose preocupado de mantener el orden cronológico, desde 1867-cuando el pintor contaba con tan solo diecinueve años- hasta 1920, un año antes de su muerte.
Hablar de Francisco Pradilla es ciertamente hablar también del historiador del arte y miembro del CSIC, Wifredo Rincón, que ha dedicado gran parte de su trayectoria profesional a la investigación y difusión de la obra del pintor villanovense. Como comisario de esta muestra, Wifredo Rincón, ha seguido un criterio cronológico, temático y estilístico, en el que están presentes todas las temáticas que encontramos en su obra, tanto la pintura de historia, como el paisaje, escenas costumbristas y el retrato. Además, se han dedicado dos salas especiales a la obra sobre el papel (acuarela y dibujo).
Sí por un momento dejamos a un lado las grandes producciones de la temática histórica, que dieron fama y dinero al artista: Doña Juana la loca (1877, Museo del Prado); Cortejo del bautizo del príncipe don Juan, hijo de los Reyes Católicos, por las calles de Sevilla (1910, Museo del Prado); o La Rendición de Granada (1882, Madrid, Palacio del Senado), conoceremos a un Pradilla diferente. Es como paisajista donde Pradilla brilla con absoluta luminosidad, siendo infravalorado por la crítica contemporánea. Su paleta se irá aclarando al contacto con los paisajes italianos, al mismo tiempo que su destreza en el empleo de las distintas técnicas consigue aligerar brillos aislados, con algodonosas concepciones de cielos y luces vibrantes. Galicia es uno de los territorios elegidos por Pradilla para plasmar vistas de estas tierras, captando los mercados y sus paisajes; también Aragón lo fue, especialmente en el Monasterio de Piedra, donde tomará numerosos apuntes al óleo o a la acuarela, que usará con posterioridad para componer escenas mitológicas. Italia y sus ciudades, serán también objeto de la atención de Pradilla a lo largo de su dilatada estancia, recogiendo en muchas de sus obras distintos aspectos, bien en pintorescos encuadres o con monumentales perspectivas. Por poner algunos pocos ejemplos de lo mucho que hay para admirar destacamos: Plaza de San Marcos de Venecia (1894); Capri. Golfo de Nápoles (1894); Día de mercado en Noya (1895) o Deshoje del maíz (1895).
Las acuarelas de Pradilla, son otro mundo; las sutilísimas gamas, se prestan a delicados matices lumínicos y preciosistas que convierten al pintor aragonés, en el sucesor, por derecho propio de Fortuny. Aquí destacamos las cuatro acuarelas napolitanas: El día del apóstol (1889); Campesina (c. 1900); Napolitana (1901)y Vejez (1901); estas tres últimas inéditas.
Por lo que respecta al dibujo, posiblemente sea en esta producción donde mejor puede apreciarse su capacidad y portentosas facultades, tanto en los preparatorios de las diferentes obras, o en los simples apuntes de oficio, que ponen de manifiesto el dominio de la técnica que lo convierte en uno de los grandes dibujantes de la centuria. Destacamos: Figura femenina danzante (1875); El pintor Vertunni leyendo un discurso necrológico ante el cadáver de Fortuny en el cementerio de San Lorenzo (1874, obra inédita), y Estudio de niño (c. 1879).
En cuanto al retrato, y aunque este género fue el menos cultivado por el artista, su producción es significativa. En ellos hace gala de su percepción psicológica para la captación del carácter de los modelos, acentuando un especial naturalismo. Destacamos desde los tres autorretratos que figuran en la muestra, pasando por los retratos del matrimonio Royo Villanova (1905-1914), procedentes del Museo de Zaragoza o el Retrato de la marquesa de Encinares (1917), procedente del Museo Goya. Fundación Ibercaja.
Por último, destacar una temática ciertamente menos conocida como es el tema alegórico y mitológico, que aparece en un primer momento, supeditada a su labor como pintor decorador en muros y techos de mansiones. Junto a estas obras, en los primeros años del siglo XX llevará Pradilla a cabo otras pinturas en las que enmarcará los temas mitológicos en bellos paisajes destacando entre ellas la titulada Retiro de las Musas (1908); ambicioso proyecto pictórico tanto desde el punto de vista del paisaje, como abundante vegetación de árboles y especies florales, como la indumentaria de las nueve musas (Talía, Clío, Euterpe, Polimnia, Caliope, Erato, Melpómene, Urania y Terpsicore) que dispone en distintas actitudes y con los atributos que las identifican.