La colección de tarjetas ilustradas del Museo de Zaragoza

En una época en la que el fervor patriótico había resurgido tras la derrota del 98, fue muy bien acogida la celebración de una exposición, como la Hispano-Francesa de 1908, en la que se exaltasen a la par el progreso y el comercio, en una capital de provincias como era Zaragoza, que en el nuevo siglo apenas sobrepasaba los cien mil habitantes. Muchos son los estudios, artículos y reportajes que han venido comentando la crucial importancia que esta exposición presentó para la modernización cultural y artística de Zaragoza. Un potente acontecimiento que permitió contemplar en la ciudad obras de arte histórico y contemporáneo de procedencia regional, nacional y extranjera. Seguramente menos conocida sea la existencia de una colección de tarjetas manuscritas por escritores, músicos, miembros de la realeza, políticos, diplomados, eclesiásticos, aristócratas, e ilustradas por artistas españoles coetáneos, profesionales o algunos curiosos aficionados, que visitaron la exposición, depositadas hace muchos años en el Museo de Zaragoza por la Real Sociedad Económica de Amigos del País.

Los historiadores del arte por la Universidad de Zaragoza Guillermo Juberías Gracia y Manuel García Guatas, han unido fuerzas con el objetivo primordial de dar a conocer en un libro editado por la Institución Fernando el Católico titulado España en Zaragoza. La colección de tarjetas de la Exposición Hispano-Francesa de 1908 este conjunto gráfico y documental original y poco difundido. Las tarjetas estudiadas en este libro no estaban concebidas para llevar franqueo postal. Son de papel continuo (satinado y no satinado), entre 11,5 x 17, 7 cm las de formato vertical y 10,9 x 16, 5 las horizontales. Las primeras llevan el emblema del centenario impreso en negro en una de las esquinas superiores y las horizontales van a tinta de diversos colores. El propósito final de la edición de estas tarjetas pudo haber sido la realización de una exposición. Son 243 tarjetas, unas contienen textos alusivos al patriotismo, 12 tarjetas contienen partituras musicales (pentagramas, acompañado alguno de letras). Un tercer grupo lo forman 93 tarjetas dibujadas, pintadas, o incluso grabada alguna por artistas- en el libro se reproduce una selección de 62 tarjetas-.

En cuanto al contenido de los textos que figuran en las tarjetas, son en su mayoría reflexiones personales sobre figuras o momentos escogidos de la historia de España, alusiones al heroísmo de los zaragozanos, a la exaltación de la patria, de la raza o la religión. Pero también parecen resonar aún los ecos de la decepción por las derrotas de España en 1898 y su decadencia, aunque diluidos en la necesidad de una regeneración o reacomodación política y social, de la que se hace eco en varias de las tarjetas. En la lista de los autores que participaron encontramos una extensa representación de intelectuales, políticos, escritores y periodistas, adalides todos ellos de aquella historia emocional de España: Álvarez Quintero, Azorín, Pío Baroja, Jacinto Benavente, el periodista aragonés Mariano de Cavia, la escritora alcañizana Concepción Gimeno de Flaquer, Antonio y Manuel Machado, Benito Pérez Galdós, Blanca de los Ríos Lampérez, Ramón María del Valle Inclán, el poeta y dramaturgo aragonés Marcos Zapata, Tomás Bretón, Enrique Granados, Pablo Sarasate, Joaquín Costa, Segismundo Moret o Santiago Ramón y Cajal.

Pintores y aficionados

Junto con las tarjetas anteriores, el Museo de Zaragoza conserva también otras noventa y tres decoradas por artistas y aficionados que realizaron composiciones durante o después de su paso por la exposición. Constituyen un conjunto documental-artístico al configurar un pequeño muestrario de las tendencias y gustos estéticos en España y de la idiosincrasia de sus autores. Las firmaron pintores, escultores, grabados, arquitectos, algún escenógrafo y aficionados de muy diversas regiones. Los autores del libro encontraron tarjetas en las que sus creadores recurrieron a la estética de los casacones y escenas dieciochescas. Tuvo cierto auge este gusto estético en Roma y París durante la segunda mitad del siglo XIX. También se localizan entre las tarjetas una abundante representación de paisajes, tanto rurales como urbanos. Otras tarjetas aluden a asuntos más minoritarios. Algunas de ellas, como ejercicios académicos, de hecho, varias corresponden a estancias formativas en la ciudad de Roma. Las tarjetas más sencillas fueron ejecutadas a lápiz de grafito directamente sobre papel. Finalmente, la técnica más utilizada para decorar estas tarjetas fue la acuarela. Era una manera económica y rápida para ese formato y calidad del papel. Más infrecuente fue el grabado al aguafuerte y la fotografía recortada y pegada a la tarjeta.

Llegados a este punto, son varias las dudas que asaltan: ¿por qué la organización no contó con los más afamados pintores del momento, como eran Sorolla, Zuloaga o incluso Pradilla?. Sorprende el numeroso grupo de autores catalanes que participaron, y todavía sorprende más, el escaso número de autores aragoneses que participaron, tan solo dos: el ilustrador Teodoro Gascón, que representó a un escopetero como un apuesto burgués, tocado con bolívar y apoyado en el fusil delante de un parapeto, y el pintor Joaquín Pallarés, que dejó una agradable acuarela con una vista de los jardines parisinos de Luxemburgo con paseantes. Recordemos el éxito que tuvo el formato de tarjeta postal en los años del cambio de siglo. Era un de los medios más eficaces y populares para la difusión de imágenes; también debemos recordar que algunos artistas aragoneses tenían experiencia previa en trabajar en este tipo de formato. En 1902 la fototipia Laurent comercializa la llamada “Colección Gárate” de tarjetas postales, formada a partir de diez acuarelas de temática regionalista. En 1907 se editó en tricromía una serie de tarjetas postales por la Editorial Thomas con pinturas regionalistas de Mariano Oliver Aznar y en el año 1908, los organizadores de la Exposición Hispano-Francesa, encargaron al pintor e ilustrador Félix Lafuente la creación de una serie de catorce tarjetas postales con acuarelas de edificios y monumentos de la exposición.