La animación y sus técnicas en Zaragoza

Nos invade el cine de animación. Siempre hay un título animado en cartelera. Ya no sólo de compañías grandes y consolidadas, como Pixar o DreamWorks, sino de multitud de estudios. Algunos de ellos han nacido en España, como Kandor Graphics (en la que se encuentra más que involucrado Antonio Banderas), productora de la fantástica Justin y la espada del valor. La industria (como la de la ilustración o los videojuegos) parece repuntar en nuestro país en tiempos de crisis. Y hay que reconocerle bastantes logros. Muchas veces, el mejor estreno viene de la mano del sector, con películas que son verdaderas obras maestras, tanto a nivel narrativo (el estudio fundado por John Lasseter sigue siendo el mejor ejemplo), como estéticamente. Por supuesto, muchas otras son reiterativas y logran el éxito gracias al nivel de la técnica utilizada para animar. Pero eso ocurre con todos los géneros (si es que la animación se puede entender como tal, y no como una serie de procedimientos de rodaje con múltiples subgéneros), más aún cuando alcanzan picos de efervescencia.

La animación en el Cine Españoles una buena exposición. Surge al abrigo del Festival de Cine de Zaragoza, comisariada por José Luis Anchelergues (a la sazón, director del mismo), que configura una muestra con dos partes claramente diferenciadas: la primera es totalmente didáctica, una progresión en el tiempo que muestra la historia de la animación en España. Utiliza carteles de las distintas películas y las organiza por décadas. La segunda recoge un resumen de las distintas (y principales) técnicas, utilizadas para el desarrollo de una película animada. Se complementa con bocetos originales de diseño de personaje, maquetas utilizadas en los procesos fílmicos o atrezzo bien elegido, dejando algún detalle vinculado (lógico) a la animación en Aragón, con préstamos de particulares, asociaciones, festivales, estudios, o de la propia filmoteca española. Lo único reprochable a la curaduría es el aire de excesiva sencillez. Se echa en falta una labor de investigación más firme dentro del terreno, que oculte una intención didáctica bien construida, pero demasiado obvia. Sin embargo, su concepción como complemento del Festival de Cine, disculpa estas faltas y la hace interesante para el público. Es una buena exposición para acudir con niños, pero también para acercarse a un mundo todavía poco conocido, cada vez más consolidado como un fenómeno artístico y visual muy fuerte.