No es nuevo, desde luego, ocuparse de los intereses artísticos, emocionales o económicos que la figura del aragonés despertó en el vasco. La vinculación de Ignacio Zuloaga con la personalidad y la obra de Francisco de Goya ha sido tratada por numerosos expertos desde hace más de un siglo, tanto a través de trabajos de investigación como en artículos de prensa, exposiciones y conferencias. Se trata, por lo tanto, de un asunto que ha venido suscitando interés. El primer «encuentro» de Zuloaga con Goya se puede rastrearse al menos desde el curso 1886-1887, en que el jovencito vasco se formaba en Madrid. Por entonces tuvo ocasión de contemplar en el Museo del Prado obras del maestro. De hecho, estuvo inscrito en el registro de copistas del museo, aunque ninguno de los permisos de los que hay constancia fueran emitidos para reproducir cuadros de Goya. Cuando en torno al año 1889 Zuloaga se instaló en París encontró nuevos estímulos goyescos entre los círculos artísticos y comerciales del país vecino, por lo que la crítica francesa pronto lo consagró como una especie de Goya redivivo. Zuloaga construyó un estilo personal, recio, de empastes sinuosos y arrastrados, formas monumentales y sugerentes alternancias cromáticas, entre sordas y encendidas, donde la figura humana ocupa un protagonismo absoluto, sin despreciar las recias ambientaciones paisajísticas. Un estilo que, como en Goya, buscaba ante todo transmitir la vida interior de sus modelos y personajes. Como «coleccionista» de arte, Zuloaga estaba al tanto de las obras maestras de Goya que salían al mercado, aunque quedaran fuera de su alcance por su elevada cotización; sin embargo, realizó el mayor desembolso económico en 1903 cuando compró en París un retrato del general Palafox al marchante Isidore Montaignac por 10 000 francos; según contaba a Lafond, la operación lo había dejado «arruinado». En la venta de la colección Stchoukine (Hôtel Drouot, París, 1908). No hay datos de cuándo adquirió el retrato de un eclesiástico al que tradicionalmente se ha identificado como Camilo Goya, hermano menor de Francisco, pero ya lo poseía en 1908 cuando lo publicó Lafond.
Zuloaga y Aragón
Los fructíferos vínculos con esta comunidad autónoma arrancaron a comienzos del siglo XX con los primeros viajes de Zuloaga a Ansó, así como por la boda de su hermana Cándida, en Graus (Huesca), con el farmacéutico de la localidad Vicente Castán, aragonesista de pro y colaborador de la Revista de Aragón. Bien conocidas son las iniciativas que promovió en Fuendetodos: la adquisición de la casa natal, los festejos goyescos que allí se celebraron, a la construcción de unas escuelas, la erección de un monumento, al reencuentro tras la Guerra Civil, etc. Tampoco podemos olvidarnos de la exposición Zuloaga y los artistas aragoneses (1916), que supuso uno de los momentos másálgidos para el artista; en ese mismo año, le fue concedida lamedalla de oro de la ciudad. Zuloaga volvía a tener relevante presencia en Zaragoza con motivo de la organización de los actos conmemorativos del centenario de la muerte de Goya (1928), entre ellos ocuparse de la ambientación artística de la primera corrida goyesca que se celebró en España. Con todo este activismo que emprendió el artista vasco por revalorizar la figura de Goya y rendirle los honores que a su juicio merecía, Zuloaga demuestra su deseo de identificarse con Aragón y sus gentes y pone de manifiesto que era muy consciente del cariño que allí le tenían.
La exposición
La Fundación Zuloaga y el Ayuntamiento de Zaragoza han unido fuerzas para diseñar una magna exposición en el Palacio de la Lonja que muestra las sinergias entre estos dos artistas, tan alejados y tan cercanos al mismo tiempo. La muestra titulada Zuloaga, Goya y Aragón. La fuerza del carácter reúne 192 obras, de las cuales 39 son de Ignacio Zuloaga y 18 de Francisco de Goya; también se ha contado con obras procedentes de colecciones particulares, así como de prestigiosos museos a nivel nacional e internacional: Museo Bellas Artes de Bilbao, Museo de San Telmo de San Sebastián, Museo del Prado, Museo Nacional de Arte Reina Sofía, Museo de la Real Academia de San Fernando, Patrimonio Nacional, Fundación Casa de Alba, Museo Carmen Thyssen de Málaga, Diputación de Zaragoza, The Hispanic Society of America, NY…etc.. Y es que esta exposición de la Lonja merece ser vista con tranquilidad y mesura, debido en cierta medida, a los numerosos documentos y objetos presentados porque, como afirmaba en la presentación a la prensa uno de sus comisarios, el doctor en historia del arte y experto en Goya, José Ignacio Calvo Ruata, esta exposición pretende “poner de manifiesto la recepción de Goya por Zuloaga”. A lo largo de ocho espacios vemos un «diálogo artístico» entre las obras de los dos pintores; por ejemplo, el que mantienen el retrato de María Gabriela de Palafox (1804, óleo sobre lienzo, Fundación Casa de Alba), con el retrato inédito de Zuloaga de Mercedes Achorena de Fernán Núñez (1941, óleo sobre lienzo, colección particular). Pero no es lo único que se puede encontrar en esta muestra; hay un espacio en que se exploran los talleres de las dos familias artesanas. De tal manera que se han reconstruido los ambientes laborales de la familia de Goya (especialmente del dorador José Goya), junto con los dibujos, grabados y armas del Armero Mayor de la Real Armería, Eusebio Zuloaga y González, y el damasquinador Plácido Zuloaga. También hay espacio en esta exposición para recordar al ceramista Daniel Zuloaga, tío de Ignacio, que veneraba la tradición de las artes hispánicas y adoraba a Goya, con una pieza inédita, El baile de San Antonio (1919, panel cerámico, Ayuntamiento de Bilbao). Las modernas tecnologías también se mezclan en esta exposición con las artes plásticas. En el palacio de la Lonja se ha reservado un espacio especial en el que dialogan un enorme cuadro de Zuloaga –La víctima de la fiesta (1919, óleo sobre lienzo, The Hispanic Society Museum & Library, NY, en depósito en el Museo de Bellas Artes de Bilbao)–, polémico en su día por su carga alegórica, con dos vastas pantallas en cuyas proyecciones se escudriñan detalles a gran escala de la obra gráfica de Goya. La última parte de la muestra está dedicada al impacto que Zuloaga provocó en algunos pintores aragoneses como Rafael Aguado Arnal Plaza de la Seo (1909, óleo sobre lienzo, colección particular, Bilbao); Miguel Viladrich La boda de Fraga (1918, óleo sobre lienzo, Palacio de Moncada, Fraga, depósito del Ayuntamiento de Zaragoza) o Ángel Díaz Domínguez Cuenca del Ebro (Ca. 1916, óleo sobre lienzo, colección particular, Zaragoza).
La fascinación que Ignacio Zuloaga sintió hacia Francisco de Goya se convirtió en una pasión que durará toda su vida, lo que le llevó a prestar un particular interés a la tierra donde nació y a sus gentes. El discurso museográfico amplio y pedagógico que se aprecia en esta exposición, ayuda al visitante a asimilar de forma óptima los asuntos de los cuadros, la personalidad de los modelos representados y la multiplicidad de mensajes que encierran los numerosos documentos y objetos presentados.