Julia Dorado: Premio Aragón Goya 2012

  

La artista Julia Dorado regresa a Zaragoza tras más de dos décadas de vida fuera de la ciudad. Empezar una nueva etapa siempre es algo difícil a la vez que ilusionante, y la pintora ha encontrado un gran apoyo en este regreso, ya que ha recibido el Premio Aragón Goya a toda una trayectoria artística y por la coherencia de su trabajo, algo que supone un impulso para afrontar con mayor ilusión, si cabe, esa nueva etapa a la que nos referimos.

Julia Dorado se había acercado al arte ya en la década de los años sesenta, en la que destacó en Zaragoza dentro de la vanguardia artística del momento gracias a su trabajo en colectivos como el Grupo Zaragoza, dentro del cual además desempeñó una importante labor en la experiencia del Taller Libre de Grabado. Al final de los años sesenta, tras una estancia en París, la artista se instaló en Barcelona, ciudad en la que pudo formarse como grabadora con gran dedicación y experimentar así con múltiples técnicas como la litografía y la calcografía. Tras esos años, ya en la década de los setenta, de nuevo en Zaragoza continuó desarrollando su actividad artística, que diversificó con otras tareas como la de la docencia. Finalmente, al acabar la década de los ochenta y tras permanecer unos años en Italia, viajó a Bruselas, donde residiría desde entonces. En el año 2012 ha regresado a su Zaragoza natal, ciudad que la recibe con los brazos abiertos y con el reconocimiento a toda una vida dedicada al arte, acogida que se refleja a través de este galardón al que nos referimos, el Premio Aragón Goya, uno de los títulos artísticos más importantes concedidos en tierra aragonesa.

En primer lugar quiero felicitarte por tu premio, ¿cómo te sientes?

Realmente me siento sorprendida, sobre todo porque ha sido para mí un premio totalmente inesperado, pero sin duda recibirlo ha supuesto una sorpresa muy grata. Ahora estoy profundamente agradecida, especialmente por los apoyos que he experimentado a través de este premio, un galardón que además tiene una gran proyección por lo que significa el nombre de Goya en el panorama artístico y cultural.

Después de un largo periodo de tiempo en Bruselas, regresas a Zaragoza para quedarte. ¿Qué te gustaría encontrar o reencontrar en esta ciudad?

Han sido veinticuatro años en Bruselas y cuatro más en Italia, lo que hace un total de veintiocho años fuera de Zaragoza, sin contar los años de formación en Barcelona y el tiempo en París. Es mucho tiempo fuera de la ciudad. Mi vinculación con Zaragoza ha sido intermitente todos estos años y he procurado esforzarme por no perder el contacto. Ahora, en este regreso, estoy descubriendo de nuevo la ciudad, mirando y remirando desde el recuerdo, y junto a Pablo, cómo se ha transformado todo: veo muchas cosas positivas en el cambio, sin duda Zaragoza es hoy otra ciudad, diferente a la que yo recordaba. Algo que quiero comentar es que estoy viviendo con gran intensidad la situación que atraviesa el país en estos años. Hasta ahora era consciente de esta realidad pero la veía desde fuera, la vivía de otra manera. Desde dentro se percibe la verdadera gravedad del momento social, político y económico.

Por otro lado, desde el punto de vista social, el instalarme de nuevo en Zaragoza no ha supuesto un cambio tan grande para mí, ya que los amigos con los que contaba siguen ahí. Es cierto que he podido retomar relaciones que, debido a esos contactos intermitentes que comentaba, se habían dejado un poco a un lado, por lo que estoy viviendo un momento interesante de reencuentros muy relacionado con el proyecto afectivo y social que Pablo y yo queremos reconstruir con nuestro regreso.

¿Y qué esperas de la ciudad y de su entorno para poder continuar desarrollando tu tarea como artista?

Creo que la ciudad en sí no va a ser determinante en mi futuro como artista. Siempre he trabajado buscando el estímulo en mi interior. Mi fuente de inspiración no está en la naturaleza ni en mi entorno físico. Busco la inspiración en el arte en sí, en su historia y en su experiencia. Por lo tanto, no creo que Zaragoza y Aragón puedan alterar mi trabajo en este sentido, así que la ciudad no va a significar un cambio en mi obra más allá del cambio personal que me propongo; una revisión artística que va a ser un reto de supervivencia personal más allá de cualquier influencia externa.

Sin embargo, sí que puedo decir que siento miedo por saber cómo se va a recibir el trabajo de mi nueva etapa. Soy consciente de que las catástrofes suceden, y el error puede llegar, es posible que no encuentre un buen camino para solucionar mis pretensiones artísticas en este momento. La verdad es que llevo mucho tiempo sin terminar ningún trabajo pictórico y me temo que puede ser por ese miedo y respeto que siento, y por la incertidumbre de lo que puede significar el nuevo camino que quiero emprender.

Te habrán preguntado muchas veces cómo llegó el arte a tu vida, ahora cuéntanos cuándo sentiste que llegabas tú al arte.

Sí, es cierto. Como siempre cuento, desde el principio supe que quería hacer algo creativo que me ayudara a expresarme. Primero me acerqué a la danza y después quise hacerlo a la música, pero no encontré las vías adecuadas para ello, así que en tercer lugar llegó a mi vida la pintura de forma casi accidental; mi familia estaba preocupada por mi interés hacia estas materias, sobre todo mi padre, que no sabía qué hacer conmigo, hasta que un vecino que era decorador se interesó y le preguntó a mi padre si yo sabía dibujar. Le dio algo para que yo copiara y lo hice. En ese momento descubrí que era una tarea que se me daba bien y él, al ver el resultado, aconsejó a mi familia que me permitieran formarme, así que al curso siguiente estaba matriculada en la Escuela de Artes zaragozana.

Sin embargo no me sentí artista hasta mucho más tarde. Estuve muchos años en la Escuela aprendiendo dibujo y claroscuro. El primer contacto con el color lo tuve como alumna de las clases de Historia del Arte del profesor Federico Torralba, que puso ante mis ojos la pintura. En ese momento comencé a sentir el verdadero estímulo por crear y abordé mis primeras pinturas en soledad y así, de repente, descubrí el color y el dibujo quedó desbancado. En ese momento sentí que me apasionaba el arte, pero aún no me creí artista. En realidad me gusta definirme como una trabajadora del arte, y en este trabajo he pasado momentos de mayor y menor interés, o de pasión más o menos profunda. Lo difícil ha resultado siempre sobrevivir al afán de superación personal y a la autocrítica, tarea en la que creo que soy hasta despiadada.

El Premio Aragón Goya se concede a toda una trayectoria, que en tu caso ha viajado por la pintura y por la gráfica. ¿Qué papel han jugado en tu carrera ambas facetas, la de pintora y la de grabadora?

En mi opinión siempre he creído que los pintores han sido, a lo largo de la historia, los que realmente han revolucionado el arte del grabado, abriéndolo a nuevos conceptos.

Mi experiencia me ha enseñado que es muy difícil, de hecho prácticamente imposible para mí, pintar y grabar a la vez. Lo he intentado en alguna ocasión y han salido perjudicadas ambas facetas, así que he procurado dedicarme de manera separada a cada una de ellas. Sí es cierto que la lucha interna que suponen puede significar una aportación de una técnica a otra, ya que de todo se aprende. En mi carrera pintura y grabado han sido un camino de ida y vuelta, creo que ambas vías se complementan. Yo me considero una pintora que graba y, por mucho que me guste y me apasione el grabado, he de decir que pienso en pintura. Creo que la pintura permite mayor espontaneidad, factor que me gusta en la creación artística. Del grabado me atrae la posibilidad de experimentación.

En una primera etapa en Zaragoza participaste en el pionero taller Libre de Grabado que nació del Grupo Zaragoza y funcionó entre 1965 y 1966. ¿Cuáles eran vuestros objetivos y qué aportaste tú a aquella experiencia?

A mí, entonces, ya me interesaba el grabado y en ese momento Maite Ubide me proporcionaba el aprendizaje y el conocimiento necesarios. Gracias a que la infraestructura para desarrollar el trabajo de un taller la facilitó también, en alguna medida, Ricardo L. Santamaría a través de su local, pudimos llevar a cabo un proyecto que principalmente pretendía ser abierto a la creación y a la investigación. Ese era el objetivo más importante.

Mi trabajo en el Grupo estuvo muy vinculado a Maite Ubide y creo que las dos fuimos los puntales de la experiencia en relación con el grabado. Ella estimulaba mi trabajo, y creo que yo pude ser también de interés para el suyo en ese momento. Aunque breve, opino que el taller fue una gran experiencia. Fue una tremenda decepción que se terminara.

Y Barcelona, ¿qué significó para tu trabajo como grabadora?

En Barcelona fue realmente donde aprendí el grabado de forma académica y muy clásica, sin demasiada libertad. A mí me interesaban los monotipos, que ya había experimentado en linóleo en mi anterior experiencia en el Taller Libre de Grabado, pero en Barcelona la enseñanza era mucho más cerrada. El primer año lo dediqué a la litografía y no fue una experiencia del todo satisfactoria, sí que lo fueron los años dedicados allí a la calcografía. De Barcelona salí con muchas ganas de investigar nuevos sistemas de estampación, pero al regresar a Zaragoza mi vida profesional me llevó por otros caminos y tuve que postergar esos intereses de seguir creciendo en la experiencia artística de la gráfica. En esos años de Zaragoza, tras la experiencia de Barcelona, me dediqué al dibujo y a la docencia, aunque no renuncié a ciertos acercamientos al arte el grabado en los años setenta, de nuevo junto a Maite Ubide.

Se habla mucho de las posibilidades de democratización del arte del grabado, ¿qué opinas tú al respecto?

Teóricamente esas posibilidades son ciertas y ahí quedan experiencias como las de Estampa Popular. Sin embargo creo que ha habido algunos artistas que han desvirtuado en parte esta popularización y la han frenado, impidiendo la verdadera vocación del grabado que es la de llegar a un mayor número de gente. El público se diferencia entre los que valoran el grabado en sí y que entienden sus posibilidades artísticas y además valoran su mayor economía (un tipo de precios más competitivo), y otros que entienden o buscan el valor de la obra única, la exclusividad, y no valoran tanto el grabado como técnica. Creo que el monotipo supone un punto intermedio.

En tu carrera dedicada al arte del grabado has investigado con diversas técnicas y en los últimos años te has especializado como serígrafa y has evolucionado con gran interés hacia el monotipo, ¿cómo valoras cada una de las técnicas que has trabajado y esas posibilidades que te ofrecen la serigrafía y el monotipo?

Creo que aporté bastante a la serigrafía y la serigrafía me ha aportado mucho a mí y a mi pintura, sobre todo a través de la fusión de técnicas con el collage. No tengo intención de continuar haciendo monotipos ahora, aunque nunca se sabe, y la verdad es que me han interesado mucho sus posibilidades. De momento con la pintura me doy por satisfecha. La verdad es que estoy abierta artísticamente a casi todo, si bien, no creo que practique nunca la escultura, a pesar de que sí me interesa el volumen, por ejemplo el de la cerámica. Ya veremos.

Por otro lado, si hago memoria del resto de técnicas de grabado que he practicado, la litografía fue la experiencia que peor recuerdo y creo que no pude exprimir todas sus posibilidades. El resto de técnicas han sido muy importantes en mi carrera. Ahora estoy volcada como digo en la pintura, pero no me cierro a nada.

¿Qué cara le pones al futuro más próximo? ¿Cuáles son tus proyectos?

Me encuentro expectante. Tengo curiosidad por saber lo que viene, cuál va a ser el recorrido que me queda por hacer. No soy pesimista con mi futuro, pero procuro ser realista por la edad que tengo; me encantaría alcanzar una pasión madura y adolescente a la vez, lograr reunir el ímpetu del principio de mi carrera y el esplendor de la madurez. Creo que la inspiración viene del trabajo y de la soledad, así que procuraré trabajarme esa inspiración y esa pasión de la que hablo, para seguir andando mi camino lleno de proyectos abiertos que abordar.