Juan Gyenes. Retratista de cuarenta años de historia de España.

La obra del fotógrafo Juan Gyenes (VV.AA, 1991, y Gyenes, 1983) (1912-1995) que, desde mediados del mes de septiembre, viene exponiendo la Biblioteca Nacional de Madrid es un buen muestrario de la fotografía bien entendida. Centrada esencialmente en el retrato de estudio, en el que Gyenes se convirtió en un auténtico maestro, recorre cuatro décadas de la historia de nuestro país, de manera que, a través de las personalidades que aparecen en un momento u otro, podemos inferir las constantes en las esferas social, política y cultural de España. Así, en efecto, políticos, pintores, escritores, actores y cantantes pasaron y posaron ante el objetivo del fotógrafo de origen húngaro, afincado en Madrid desde los años cuarenta. Gyenes es heredero de una tradición retratística que ahonda sus raíces en los propios comienzos de la manifestación, a mediados del siglo XIX, con nombres tan significativos como Eugène Disdéri, Étienne Carjat o Nadar, autores de célebres retratos de la realeza y de algunos de los artistas más significativos de su época. Con una diferencia substancial: muchos de los trabajos de Gyenes adquieren una resonancia notoria gracias a su difusión a través de los medios de comunicación de masas, en los reportajes publicados en revistas y periódicos, de acuerdo a la nueva condición profesional que asume el fotógrafo, desvinculado de las deudas pictoricistas de las que tanto dependían todavía los fotógrafos decimonónicos. No obstante, sí que seguimos hablando de una parecida consideración a la hora de pensar en las intenciones que movían a los retratados a buscar que fueran fotografiados por Gyenes o por la firma Amer-Ventosa (cuyos fondos fotográficos se custodian en la Biblioteca Nacional), también establecida en Madrid, y con la que presenta puntos en común: una recíproca y compartida idea de prestigio entre retratista y retratado. Personalidades de diferentes ámbitos que se convierten en verdaderos iconos de la sociedad, que pasan a formar parte de la vida de las gentes anónimas a través de los citados cauces de difusión masivos, y que, según los casos, llegan a transformarse en pura imagen cosificada, como bien ejemplifican los trabajos de Andy Warhol o el británico Brian Duffy, expuesto actualmente en el Centro de Historias de Zaragoza.

Pero lo que más nos interesa sobre las obras aquí presentadas es resaltar la idea de que todos y cada uno de los elementos de los que se compone la toma (pose, iluminación, fondo y decorados) aparecen bajo el control estricto del fotógrafo. Un control que va a afianzar la noción de autoría, de firma, de estilo, y que seguirán llevando a cabo los principales autores –muchos de ellos especializados en la fotografía de modas- coetáneos al nombre que nos ocupa (como Irving Penn o Richard Avedon, entre otros muchos), aun dentro de la diversidad de estilos, propuestas e intereses. Todos ellos comparten una misma intención: ofrecer composiciones elegantes, para lo cual la iluminación selectiva desempeña un papel primordial, huyendo de los contrastes muy marcados, de manera que el rostro surge de fondos neutros, desornamentados y austeros. A pesar de estas notas generales, no todos los retratados se ajustan a las mismas pautas, de tal modo que podemos hablar de un tratamiento personalizado y diferenciado.

Otro de los rasgos que podemos observar en la obra de Gyenes es su asimilación y puesta en práctica de las tendencias más actuales en retrato fotográfico, no quedándose en un estilo determinado: así, aplica tendencias asociadas a la estética pin-up, en un atrevido y sugerente retrato de una jovencísima Sara Montiel (1945), o el característico estilo glamour, de procedencia cinematográfica, como encontramos en el de la actriz Zsa- Zsa Gabor, u otros más cercanos al reportaje periodístico (del que fue también un consumado cultivador), como demuestran sus imágenes del cineasta Orson Welles, en las que la ausencia aparente de pose, iluminación selectiva, etc., marcan la pauta, en favor de un mayor sentido de espontaneidad y naturalidad.

Dentro de esta vertiente del reportaje, Gyenes también abordó en numerosas ocasiones series dedicadas al mundo del teatro y de la música (en contextos tan diferentes como la ópera o las “variedades”), aplicando recursos formales que enseguida se van a generalizar entre la fotografía de la renovación, el grano, el desenfoque, etc.

En otras ocasiones, Gyenes recurre a ambientaciones exteriores, en la línea de numerosos fotógrafos de modas que van a sacar a sus modelos a este medio, dejando atrás los aparatosos escenarios.

La influencia de Juan Gyenes va a ser muy notable en otros retratistas de estudio como el fotógrafo de origen navarro pero afincado en Zaragoza, “Jalón Ángel”, un prestigioso profesional que, en su haber, tiene algunos retratos que, tempranamente, ya en los años treinta, evidencian una tendencia paulatina a dejar los recursos de procedencia pictorialista (efecto flou; decorados ampulosos, etc.) para aproximarse a un estilo muy cercano al glamour, influenciado por el mundo de la publicidad, de las revistas de moda, y de los retratos realizados a los actores de Hollywood (Tartón y Romero, 1985).

Pautas que serían aplicadas al retrato de estudio por los más solicitados fotógrafos especializados, siendo Juan Gyenes uno de sus introductores en nuestro panorama fotográfico.