Desconocemos la fecha exacta pero ya en julio de 2003, exposición en el Palacio de Montemuzo, tenía obras con fondos expresivos y proliferación geométrica mediante bandas que trazaban dispares formas. Con posteridad, dentro de nuestro archivo, expone en el Torreón Fortea, enero de 2011, con una obra que, por lógica, tiene la misma línea que la inaugurada, el 22 de septiembre, en la galería Cristina Marín.
Colores suaves, sin estridencias, atemperados. Estamos ante fondos abstractos nutridos por su onda expansiva mediante dispares texturas y un movimiento de mayor o menor intensidad, de modo que podemos contemplar la típica alusión a un ámbito con el dominante azar. Siempre como espacios que respiran su propia singularidad. Espacios alterados por planos geométricos y estrechas bandas, cuya misión es regular cada fondo para evitar el exceso vital. Delicada fusión de lo expresivo y lo racional.