Juan Arpa ha expuesto Pintura en el Casino Zaragoza, del 3 al 22 de junio. Se trata de una pequeña muestra de lo realizado en losúltimos veinte años. Encontramos ocho grandes lienzos que nos resumen estas etapas y nos muestran la evolución del artista durante estos años.
Partimos de una abstracción gestual e informalista en dramáticos rojos y negros, nos encontramos con pinceladas que parecen cuchillos que hieren el lienzo. Impulsos que surgen del subconsciente del artista, sin ninguna intención formal. Negros y blancos, grandes espacios de oscuridad semejan agujeros, que amenazan con tragarnos, nos atraen, no podemos sustraernos a su fuerza. Momento lleno de espontaneidad, en el que el pintor coloca los lienzos en el suelo o los clava en la pared para trabajar en ellos. Predominan blanco, negro y rojo con grandes brochazos y chorreados.
Dando un paso más en esta tendencia, pasamos a un período que podemos denominar paisajes interiores, porque en ellos se plasman emociones, momentos del artista que escapan al exterior, que libremente van a emerger a la tela. Se caracterizan por la fuerza expresiva, vigorosos trazos, luminosidad y viveza de colores, combinando más gamas dentro de un mismo lienzo, llenándolo de colores, veladuras, pinceladas, brochazos y salpicaduras, hasta hacernos pensar en horror vacui. Etapa muy atractiva, que hay que contemplar tranquilamente, sin tiempo, para descubrir la riqueza de gamas y matices, para desvelar todo lo que esta pintura está expresando.
Posteriormente entramos en otra etapa más lírica, en que sin abandonar totalmente la abstracción, vislumbramos románticos y serenos paisajes, estampas japonesas, cumbres, páramos, nocturnos… El protagonismo de estas composiciones siguen teniéndolo la fuerza, el color y el dominio cada vez más conseguido de las veladuras. Aquí, Arpa reduce la gestualidad del trazo dando paso al enigma, a una luminosidad mágica.
Finalmente lo que atrae el quehacer del artista es contarnos historias a través de su lenguaje pictórico, pero en estas ocasiones, como ocurre en Cielos y mares. El regreso, esas historias no surgen del subconsciente, ni de vivencias interiores o de paisajes evocados, sino que son lecturas juveniles, recordadas con cariño, releídas e interpretadas muchos años después. En estos cuadros, de gran colorido, sigue predominando una cierta abstracción y composiciones en que se alternan poéticas escenas serenas transmisoras de calma, con otras de tempestades, mares embravecidos, olas gigantes o evocaciones de diosas monstruosas.
Desde un informalismo el autor ha ido atemperando la gestualidad, avanzando siempre en la abstracción, hacia unas composiciones de trazos más suaves, siempre dentro del vigor y profusión del color que le caracterizan.
El artista aprovecha esta exposición para meditar sobre estos años, ver su quehacer actual y plantearse la línea a seguir.