Juan Arpa: Cielos y mares. El regreso

Cuando pensamos en Grecia y en sus islas, la imagen que se nos representa es la de un cielo nítido y un mar tranquilo de un azul intenso, no es el caso de El regreso, los cielos y mares que vamos a contemplar no son amables con el pobre Odiseo, los dioses no le son propicios, en especial Poseidón.  Va a ser la constante intercesión y protección de Atenea, junto con la tenacidad, el esfuerzo y los ardides del héroe lo que harán posible la vuelta.

Odiseo parte de Ítaca llamado por Menelao para rescatar a la bella Helena, dejando a su esposa, la divinal Penélope y al pequeño Telémaco.  Tras la destrucción de Troya, sólo ansía volver a su querida tierra que había gobernado con blandura de padre, y ni los embravecidos mares y tormentas, ni los vientos, ni los cantos de la sirenas, ni la bajada al Hades, ni la hechicera Circe, ni la horrenda Caribdis o su enamorada diosa Calipso, que le ofrece la inmortalidad, logran que desista de su empeño.

La exposición consta de 18 acrílicos sobre tela y 2 sobre tabla, está acompañada de un vídeo en el que podemos ver unos 160 bocetos preparatorios realizados en acuarela, aguadas y acrílico sobre diversos tipos de papel, así como otros ejecutados en tablet.

El artista viene de una amplia trayectoria en la abstracción, que podemos intuir en alguna de las obras como Isla Eea, donde moraba Circe;  La tierra de los lotófagos; La pétrea Escila y horrenda Caribdis; o enLa morada de Hades.  Encontramos poéticas composiciones de sosegada contemplación, preludio o consecuencia de otras agitadas de mares tempestuosos.  Los lienzos están largamente titulados con hermosas frases de Odisea.

Se trata de una visión muy personal y colorista de la historia.  Se inicia con Troya destruida, pequeño lienzo donde tenemos que imaginar la ciudad tras una intensa explosión de fuego, para continuar con la telemaquia, la salida del joven Telémaco en busca de noticias de su padre, lo que podríamos llamar la noche y el día,  Púsose el sol y las tinieblas ocuparon todos los caminos, la noche de preciosos tonos azules con sus hilachas de luz rosadaysu opuesto, el día,Ya el sol desamparaba el hermosísimo lago, amanecer en colores rosas y anaranjados. 

Seguimos a Telémaco cuando consulta a Néstor, él sí que pudo regresar: Al descubrirse la Aurora… en lilas y azules, Olas hinchadas, enormes, que parecían montañas, inmenso torbellino de diversidad de matices con el que el autor interpreta los padecimientos de Menelao en Malea.  En semejante sitio fueron a dar, tenebroso lienzo en violetas, rojos, azules y amarillos, Y padecieron naufragio, un nocturno marino con amenazadoras rocas oscuras y aguas violetas que reflejan las nubes a la luz de la luna. 

Los tres lienzos que continúan representan el relato que Menelao le hace a Telémaco,  Apenas se descubrió la Aurora, la hija de la mañana de rosáceos dedos, y Los dioses me habían detenido en Egipto, ambos son de una serenidad y una ejecución casi oriental.  Proteo, el veraz anciano de los mares, conocedor de las honduras de todo el mar, sólo sale a la superficie al soplo del céfiro entre grandes olas, representado como una gran masa marina y luz en la parte superior del lienzo.

La exposición sigue el orden de Odisea, por lo que continúa con el relato de las aventuras y desventuras en boca del propio Odiseo al rey Alcínoo en el país de los feacios, quien finalmente le llevará de regreso.  La balsa de Odiseo, lienzo de grandes proporciones que representa un mar embravecido de olas verdes y naranjas, con un cielo que más que tormentoso parece estar incendiado, desde un amarillo muy claro va oscureciendo por el efecto de las nubes, en distintas tonalidades de rojos hasta llegar a granates.  Llegada al país de los feacios, la única entrada ante la inmensidad rocosa es la desembocadura de un río, que Odiseo sabe aprovechar para salvarse, es una tranquila imagen en la que todo parece ser etéreo, el mar, el delta, el cielo, ejecutada en transparentes tonos azules, verdes y amarillos.  La tierra de los lotófagos, delicioso país en el que se alimentan con un florido manjar, y de donde tiene que arrancar a sus hombres a la fuerza, pues una vez lo prueban no quieren regresar, representado en delicados tonos amarillos, verdes y celestes. 

En Isla Eolia. El odre de los vientos, la curiosidad de sus marineros ocasiona que se suelten todos los vientos del odre que los contiene cuando ya veían Ítaca, retrocediendo de nuevo a Eolia, vemos a modo de explosión como salen los distintos vientos y se expanden provocando el caos.  Isla Eea donde moraba Circe, de confección totalmente abstracta en verdes y amarillos, relata el encantamiento de sus hombres convertidos en animales -él se libra por aviso de Hermes- y como la divina Circe les indica que deben bajar a la morada de Hades para que Tiresias, adivino ciego, les informe del camino y la forma de volver.

La ciudad de los cimerios.  La morada de Hades, en patéticos azules y morados, el adivino le advierte que no causen daño a las vacas que pacen en la isla del Sol, y le augura su regreso, aunque este será amargo: “llegarás tarde y mal, habiendo perdido todos los compañeros, en nave ajena, y hallarás en tu palacio otra plaga”.  La pétrea Escila y la horrenda Caribdis, monstruos divinos que le arrebatan gran parte de sus compañeros, en azules y violetas con conseguidas veladuras que dan cierto aire de misterio a la composición.  Tras pasar por Trinacria la isla del Sol, rica en gamas de naranja -parada que deberían haber eludido- pierde a todos sus compañeros  por la violencia del rayo de Zeus, que destruye su nave como castigo por haberse comido las vacas del Sol.

Sólo Odiseo se salva yendo a parar a La isla Ogigia donde vive Calipso, que quiere hacerle inmortal para que habite por siempre con ella, es una bella composición en amarillos, verdes y morados, que refleja la placidez de su estancia, solamente perturbada por el ansia de volver.  Termina el recorrido con la llegada de Odiseo a Ítaca, melancólica tabla en colores arena y violetas, en la que se puede divisar a lo lejos su añorada tierra.

Es una exposición en la que se percibe la fascinación del artista por el tema, pero no esperemos ver dioses, ninfas, héroes, monstruos… porque lo que vamos a contemplar es la esencia de los mismos, los cielos y los mares que recorre Odiseo.

Los protagonistas, pese a ser héroes y muchos de ellos dioses o semidioses, poseen cualidades muy humanas: aman, sufren, lloran copiosamente…   Son recuerdos de lecturas juveniles, releídas e interpretadas muchos años más tarde, es una adaptación pictórica de un gran libro de aventuras y de valores.

Sala de exposiciones de la Caja Rural de Teruel en Zaragoza 12 al 30 de septiembre 2013

Número 24

Septiembre 2013
María Pilar SANCET BUENO
Miembro de AACA y AECA, Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza
Fecha de recepción: 27/9/13
Fecha de aceptación: 27/9/13
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