José Prieto y Vega Ruiz (eds.), Testimonios. Fragmentos para ver y oir Teruel, Fund. Antonio Gargallo e Instituto de Estudios Turolenses, 2008

Esto en realidad no es simplemente una reseña de un libro, por cierto muy atractivo tanto por sus contenidos como por su esmerada presentación, del que se ha realizado una tirada limitada de mil ejemplares numerados, de manera que muy pronto va a ser una joya bibliográfica disputada por los coleccionistas. En realidad, por muy elegante que sea, el libro es meramente un estuche que contiene y envuelve, con hermosas páginas ilustradas y abundantes textos, otra publicación que es la que de verdad importa: un disco titulado Testimonios, donde José Prieto y Vega Ruiz nos proponen un recorrido por diferentes pa(is)ajes sonoros en la ciudad de Teruel. Según los propios artistas explican en la introducción, se trata de un homenaje a esta capital mudéjar en cuyo patrimonio tan integradas aparecen las culturas cristiana, judía y musulmana, en las cuales tanta importancia se ha dado tradicionalmente al sentido del oído. No es de extrañar que desde que en 2006 fijaron en ella su residencia Vega y José, se haya desarrollado tanto en ellos el interés por las intervenciones sonoras, que de hecho ya habían trabajado en muchas de sus instalaciones escultóricas previas, especialmente en la trilogía formada por “Alerta”, “Refugio” y “Souvenirs”, pero también en otras, tanto inspiradas en temas ecológicos como en cuestiones urbanas.
Precisamente a caballo entre ambas temáticas se encuentran ahora, en un impasse creativo en el cual ha surgido este feliz proyecto. El primer fragmento sonoro del disco, titulado “La llegada a Teruel”, comienza con el canto de un ruiseñor al amanecer, que es un homenaje al canto de la sirena-ruiseñor representada en la famosa techumbre mudéjar de la catedral turolense, y a partir de ahí el itinerario nos conduce a través de sonidos ambientales y voces de comentaristas desde la estación de tren, a la escalinata neomudéjar, o el paseo del Óvalo. Allí empieza el segundo corte sonoro, que lleva por título “Las torres como signo y símbolo de la urbe”, y recoge diálogos de los arquitectos Antonio Pérz y José María Sanz entreverados con efectos sonoros que aluden a la torre del Salvador, la leyenda de los Amantes de Teruel, los campanarios de San Pedro, San Martín, o la Merced, la catedral, las atalayas urbanas usadas en la batalla de Teruel durante la II Guerra Civil. El tercer fragmento, titulado “Fundación y esplendor de Teruel”, está protagonizado íntegramente por un discurso improvisando sobre el momento histórico más importante en la historia de la ciudad que, con su excelente dicción, pronuncia el profesor Gonzalo Borrás —siendo su voz discretamente acompañada en la grabación por otros efectos sonoros—. La sección cuarta, titulada “Paseo por el amor y la muerte” es una recitación aglutinada de diferentes leyendas turolenses que, empezando por la historia medieval de los famosos Amantes, combinan también el atractivo eterno de la fusión de Eros y Thanatos. El quinto y último fragmento, que nos lleva por diferentes itinerarios urbanos, guiados por la voz y las explicaciones sobre la arquitectura del modernismo de Sonia Villaroya y Pedro Luis Hernando, entreveradas por otros sonidos, como el mugido de un toro —el emblema heráldico de la ciudad—, termina en la estación del ferrocarril, el mismo lugar donde ha empezado el recorrido, donde los turolenses esperan que lleguen en un futuro no demasiado lejano los trenes de alta velocidad que den un nuevo impulso a la modernización y el progreso.
El viaje en AVE de Zaragoza a Teruel llevará entonces unos cuarenta minutos, que es lo que dura aproximadamente este disco, pero también pueden escucharlo en el coche dos o tres veces los zaragozanos que vayan ya a la capital del torico por la flamante Autovía Mudéjar. Será una buena preparación sentimental para el encuentro con esa hermosa ciudad, que ahora tiene un atractivo añadido por el que merece la pena visitarla en estas fechas: la instalación de los soldados titulada “Souvenirs” que José Prieto y Vega Ruiz han montado en el palacio episcopal turolense, donde tan cruentos fueron los enfrentamientos de la II Guerra Civil: en el patio anterior al museo diocesano, estas figuras cerámicas parecen una especie de contra-belén navideño, apuntando a nuestras conciencias.