Decía el pintor aragonés Pepe Cerdá: “Un pintor no elige su oficio, un pintor lo es desde que nace. En realidad no es un oficio, es más bien una actividad común a todos los seres humanos que suelen practicar de niños de un modo natural. De adultos lo normal es que se deje de hacerlo, los que no lo hacen terminan por ser pintores”. Algo similar le ocurrió al escultor José Miguel Pino (Granada, 1979), que como tantos otros artistas –Cézanne o Van Gogh, que no empezó a pintar hasta los 27 años-, descubrió bastante tarde su vocación artística. Durante el tiempo que estuvo trabajando de informático, descubrió un curso de escultura en la Escuela de Bellas Artes de Granada. En ese curso José Miguel descubrió que nunca es tarde para disfrutar de esa libertad que se logra al alcanzar las metas creativas. Con el apoyo de su entorno familiar, este artista granadino, decidió dar el salto que necesitaba. Se licenció en Bellas Artes por la Universidad de Granada y es Técnico Superior en Escultura, especialista en forja desde el año 2011. Tiempo desde el que lleva dedicándose a la escultura artística de animales salvajes en metal (bronce o hierro), algunas de ellas a tamaño natural.
Fuerza y energía
Son dos palabras que acompañan a la obra de José Miguel Pino. El artista, en cada obra consigue que hable el alma del animal. Algunos ejemplos de ello son: Ukok, un ciervo de 2,10 metros de alto en acero situado en un jardín;Hormiga, 95 centímetros de representación del insecto, realizado en acero; Dardo, un caballo de 2,63 metros de largo y 2,30 de alto, de gran influencia del escultor animalista estadounidense Bart Walter; o Chysaetos, águila de acero, de uno metro de alto, con la que ganó en el año 2012 el premio de la Fundación Robles Pozo. Todos ellos animales totémicos, de gran fuerza, representados en muchas ocasiones en pleno movimiento. En otras ocasiones nos encontraremos con reproducciones de animales, de menor tamaño, pero mucho más definidos en momentos únicos, como en la obra Escala, un conjunto de tres panteras expresionistas, realizadas en bronce, que representan los movimientos de subida de este animal a un árbol.
Las redes sociales, una ventana al mundo
Una de las pocas cosas buenas que tiene el uso de las redes sociales, es la visibilidad que otorga al usuario. Para un artista, Las redes sociales son una buena arma para poder darle salida a su obra y ser conocido. Para el caso de José Miguel Pino, el confinamiento que vivió el mundo entero en el año 2020, a causa de la pandemia, permitió que su obra fuera conocida en muy poco tiempo, a nivel nacional y en países como: Estados Unidos, Sudamérica, Alemania, Austria e Inglaterra.
En la actualidad, el artista granadino, tiene preparados varios proyectos a nivel nacional e internacional. Uno de ellos ha sido la exposición individual titulada Awa, que pudo verse hasta el 26 de marzo, en la Sala Moreno-Antiguo Banco de España, en Jaén.