Jorge Fuembuena presenta en la Galería Carolina Rojo Inside Insect, un proyecto de investigación fotográfica en torno a la figura y el universo de Luis Buñuel. Un reto nada sencillo si atendemos a la poderosa personalidad del cineasta y su obra, pero que Fuembuena asume con honestidad y del que sale reforzado. Tal vez motivado por su conocimiento profesional del medio cinematográfico, Fuembuena prefiere ocuparse del hombre y sus recuerdos que analizar sus películas, y para ello emprende una peregrinación por los lugares que le marcaron. Acude a Calanda y visita su cementerio, también el cerro de Tolocha donde se esparcieron sus cenizas; recorre París, donde el artista debió de ser concebido, y deambula por sus rincones favoritos; se acerca a Madrid, Toledo, Nueva York, Los Ángeles y, por supuesto, a México. Y en todos esos lugares vive encuentros fortuitos que dejan entrever el mundo personal y profesional del cineasta: la esperpéntica cabeza del Museo de Cera, la Maja desnuda con el pestillo en su sexo, ataúdes vacíos, flores artificiales desechadas, la ventana que se abre y cierra, señales invertidas, serpientes retorcidas o piedras amontonadas.
Fundamental es la inmersión en archivos y colecciones buscando testimonios físicos de esa vida, en lo que supone también una reflexión sobre el valor de la fotografía como documento. Fuembuena re-fotografía imágenes y se apropia de documentos y objetos encontrados con evidente fetichismo. Todo lo que le ayude en su viaje de descubrimiento. Decía la artista Sherri Levine respecto a la reproducción de imágenes ajenas, que esta implicaba la existencia de dos fotografías, “una foto por debato de otra foto”. Y continuaba: “Para mí, es un medio de crear una metáfora superponiendo dos imágenes. En lugar de yuxtaponerlas. Esto permite una lectura alegórica de mi obra”. Fuembuena hace ese mismo ejercicio, incluso de forma literal en algunos casos.
El conjunto resultante, una constelación de imágenes y objetos según apunta Juan Manuel Bonet en el texto que acompaña a la exposición, trasluce ese poso surrealista que permaneció en toda la obra de Buñuel: “ese llamamiento a lo irracional, a la oscuridad, a todos los impulsos que vienen de nuestro yo profundo”, según él mismo dejó escrito. Quedan fuera los lugares comunes sobre el autor y abierta la búsqueda libre de significados. De ese modo, Fuembuena hace suyas las obsesiones del cineasta, el deseo, la religión, la muerte, y construye a partir de estas. Una vez realizado el trabajo de investigación, es el fotógrafo quien se impone. Queda patente que Fuembuena es el entomólogo y Buñuel el insecto diseccionado.


