Hiperrealismo/fotorrealismo: el contexto internacional y español
A lo largo de la historia del arte, han sido numerosas las ocasiones en las que el artista ha pretendido alcanzar la perfecta plasmación de la realidad en su obra a través de la exactitud técnica y formal, una carrera en contra de uno mismo o sus coetáneos, que vive un punto de inflexión hacia 1824, momento en el que surge la fotografía. En la segunda mitad del siglo XIX y a lo largo del XX esta técnica irá evolucionando y aumentando su calidad, así como adquiriendo la consideración como obra y actividad artística; de este modo, irá desplazando poco a poco a la pintura por su incomparable exactitud plasmando imágenes de la realidad, pero no por ello se da por finalizada esta disputa. En torno a 1960 es cuando surge la escuela hiperrealista siguiendo la estela de la pintura realista de la centuria anterior. Pero, a diferencia de este precedente, se opta por proyectar una escena de carácter fotográfico sobre el lienzo, sin recurrir al calco, y que llegue a no ser distinguible de una verdadera instantánea. Sin embargo, tiene cierto componente tradicional, ya que no captura cada detalle de forma fidedigna, sino que permite la licencia de retocar ciertos elementos de la obra en función de los deseos del artífice. Es en este punto donde difiere una nueva vertiente: el fotorrealismo, bastante similar al hiperrealismo pero con su objetivo principal claramente marcado por la necesidad de atrapar con exactitud todos y cada uno de los detalles tomados en una fotografía, y por ello, es frecuente el recurso técnico calcográfico.
Siguiendo la estela de pintores internacionales como Chuck Close, Nancy Graves, Richard Estes o Alyssa Monks, algunos de los mayores representantes de esas tendencias pictóricas realistas en España son Antonio López, Pedro Campos, Eduardo Naranjo. Ellos tres comienzan en torno a 1950 y 1960 su producción dentro de la corriente hiperrealista, pero con técnicas y métodos tradicionales además de un lirismo intimista que difiere de la corriente norteamericana (Cob, 2017). Sus obras captan vistas urbanas, retratos, naturalezas muertas, representaciones llevadas a cabo con un largo y minucioso proceso de pincelada al óleo imperceptible, la cual además deja ver la temporalidad y las calidades matéricas de los distintos elementos compositivos. Optan generalmente por el gran formato, soporte con el que les es posible trabajar la profundidad compositiva, dotar de grandeza sus imágenes, e incluso plasmar cierto aspecto cambiante. Retratan la realidad con un característico toque cálido y emotivo, un realismo mágico e íntimo que no por ello desestima la realización de previos estudios minuciosos de forma, texturas, colores y luces en el proceso de creación artística. Tienen una excelente capacidad para la observación calmada, capaz de detectar todo tipo de objetos, ignorados en el día a día, y la plasmación de ellos solo posible gracias a su maestría técnica. La obra de estos artistas puede encontrarse en muestras individuales, así como colectivas, en museos públicos y colecciones privadas, y con altos niveles de cotización. Generalmente, amplían su labor artística a otros formatos y tipologías creativas, como puede ser la ilustración, la restauración, la escultura, o incluso la decoración teatral, como es también el caso de nuestro artista: Jesús Monge.
Un pintor de heterogénea formación.
Monge recuerda anecdóticamente cómo el dibujo era una de sus aficiones más practicadas ya desde temprana edad, pero no fue hasta los 14 años que comenzó sus estudios en la Escuela de Artes aplicadas y Oficios Artísticos de Zaragoza, para ya más adelante formarse junto a Alejandro Cañada en su academia de dibujo. A los 17 pasó a formar parte del equipo de los Hermanos Albareda en su taller de restauración y Arte Sacro. Gracias a estos centros, perfeccionó su técnica dibujística, aprendió distintas labores de conservación y restauración del patrimonio artístico, amplió su obra hacia el ámbito escultórico, e incluso se sumergió en el mundo renacentista, aprendiendo muchos de las procedimientos artísticos más practicados.
En el inicio de su carrera artística estuvo cercano, al Grupo Forma, pues en aquel momento practicaba pintura abstracta (Rubio, D, 2016), pero todavía sin estar satisfecho al completo con su estilo. No tardaría en virar hacia otras vertientes, medios de expresión, proyectos laborales y trabajos. Siempre ha sido un artista polivalente con gran capacidad creativa y emprendedora, rasgos enriquecidos por su ávida curiosidad y gusto apasionado por el arte y la estética. Es así como, a pesar de su completa ocupación como pintor y diseñador de interiores en la actualidad, ha podido colaborar anteriormente con distintos profesionales como D. Joaquín Maggioni, en su estudio de arquitectura, o la Dª Teresa Gabeiras, restaurando la sede de E.R.Z. Zaragoza. También es interesante señalar su papel como diseñador de espacios comerciales o industriales, labor en la que siempre estima distintos factores laborales, lúdicos y ambientales, elementos fundamentales para la confección de prototipos, muestras de producto, o nuevos conceptos de polígonos empresariales y franquicias (DC, 2016). Ha sido galardonado en diferentes ocasiones, como en el certamen convocado por la empresa E.R.Z.S.A. en 1975, con el premio de stand corporativo del Grupo Endesa en 1990, o en la 4º edición de los premios Dupont Ibérica Corian de diseño en 2010 (DC, 2016).
Sin embargo, cabe recalcar que todos los proyectos desarrollados hasta el momento, ya sean de interiorismo como de diseño industrial, siempre han sido contemplados desde la perspectiva del artista, siendo la pintura y la escultura sus dedicaciones predilectas ya desde temprana edad. De este modo, en 2013 comienza su labor pictórica ya de carácter laboral, y decide alquilar su propia sala de exposiciones, opción por la que optó tras varias recomendaciones personales y la falta de interés por parte de los galeristas zaragozanos. Comenzó con la capital aragonesa como su espacio protagonista, pero, tras el éxito de sus primeras muestras, no dudó en incluir otras localidades españolas, así como internacionales, tal es el caso de Venecia, ciudad por la que el artista siente gran predilección.
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| Día de lluvia en Alcalá | Coso de Zaragoza |
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| Bosque de carintia | Azul terciopelo |
Características formales de su producción pictórica
“Extraer al máximo la atmósfera que encierran las imágenes, descubrir la belleza de lo cotidiano y exponerla al espectador”, esas son las máximas que se plantea Jesús Monge a la hora de iniciar un nuevo proyecto. Es esencial poder mostrar y trasladar al lienzo todos aquellos detalles, rincones y sensaciones que resultan imperceptibles y sorprendentes ante el frenético presente y ritmo constante de consumo; proceso creativo que, hasta él mismo reconoce, es necesario afrontar con reposo y paciencia, desvelando cada elemento oculto de sus escenarios escogidos. Pero, a pesar de que en múltiples ocasiones sus obras hayan sido adscritas al hiperrealismo, el autor no se siente cómodo ni identifica su producción como perteneciente a este movimiento. Este error suele ser habitual, como señala Monge, en aquellos momentos en los que sus composiciones son vistas de forma indirecta, fotografiadas, perdiendo así la percepción veraz de ciertos fragmentos de su obra, como puede ser la calidad matérica y ejecución escueta de todos los detalles. Son elementos clave de la composición, puntos de fuga que descargan y relajan el cuadro (DC, 2016). Es por este motivo, que Jesús Monge se asocia firmemente al realismo pictórico y no al hiperrealismo, movimiento que, como hemos señalado anteriormente, persigue la perfección y un trabajo, como califica el autor, “relamido”. El realismo opta por pintar eliminando y seleccionando gran cantidad de elementos y detalles, a pesar de que, desde el punto de vista formal y técnico, la pincelada sea precisa y minuciosa. El autor ha señalado en repetidas ocasiones su predilección por otros maestros de la pintura española, como son Goya o Velázquez (Siero del Nido, 2016). Él sobrepasa la mera copia fotográfica y establece vínculos entre las atmósferas recreadas, los sentimientos y los recuerdos.
Otro rasgo definitorio de su obra podría ser el público que la contempla, ya que para el autor es un factor de suma importancia, al igual que lo podrían ser otras características formales y estilísticas. Intenta dirigirse al máximo espectro de público, “independientemente de su percepción artística”(Monge, 2015), elemento claramente definitorio del artista dentro del panorama artístico contemporáneo. La belleza compositiva y estética son excelentes vehículos para lograr lo que Monge pretende, a través de un lenguaje universal como es la pintura y unas obras comprensibles y amables: transmitir sensaciones vívidas, casi multisensoriales (Monge, 2016). No hay en su intención denuncia, provocación o pretensiones metafísicas, tan solo busca disfrutar en el proceso de creación para que el espectador también pueda hacerlo.
Es por este motivo que su producción tiende hacia la figuración y el género paisajístico, con especial preferencia por los espacios urbanos y escenarios húmedos o mojados. A pesar de que el color predominante en estas composiciones sea un gris de tonalidad clara, sus obras estallan en una extensa paleta de colores, que salen a escena a través de anuncios, destellos lumínicos de semáforos y coches, o de viandantes, reflejados en los pavimentos de la ciudad. En otros espacios, como pueden ser los marinos y costeros, los colores cobran vida gracias a su fantástica captación de la luz directa, así como la reflejada en el agua y en la arena. De este modo, el espectador llega, incluso, a verse sobrecogido por el grado de belleza visual alcanzado, así como por un abrumador realismo y veracidad. Una lograda sinestesia visual que amplía las posibilidades sensitivas más allá de la mera contemplación visual.
La figuración antropomorfa podría considerarse un excepción dentro del grueso de su producción, habitualmente paisajística, no siendo aquella la parte de su obra más querida y apreciada por el autor, a pesar de su impacto en el público y carácter provocador. Un ejemplo de ello puede ser su pareja de obras Adán [Fig. 9] y Eva [Fig. 10], recreaciones ambas de personajes tomados de la obra de Durero, más, esta vez, de tez oscura. Sin duda, hubieran sido motivo de controversia entre alguno de sus espectadores, en etapas históricas anteriores. Monge pretende hacer una clara referencia al origen de la humanidad desde su concepción en el Génesis, recuperando la pareja bíblica, uniéndola a la teoría evolutivas que nos recuerda cómo nuestras raíces se hunden en el continente africano.
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| Adán | Eva |
Sus demás facetas: escultor y decorador
Jesús Monge es un artista polifacético y con una gran maestría técnica, rasgos que le permiten expresarse a través de otras forma de expresión artística, tales como la escultura. Gracias a su formación en uno de los más prestigiosos talleres de restauración de la capital aragonesa, como fue el de los Hermanos Albareda, así como su labor profesional como decorador de interiores, se mueve con soltura entre formas y volúmenes. En su producción escultórica, se pueden contemplar tanto figuras tridimensionales como imaginería religiosa, al tiempo que, como decorador, se ha especializado en el montaje de escaparates, exposiciones y otros espacios comerciales de índole diversa, ya sean bares, restaurantes, peluquerías, discotecas, oficinas empresariales, centros de interpretación, además de viviendas particulares donde logra ambientes únicos haciendo uso del mobiliario. En la actualidad, la empresa mediante la que desarrolla esta labor es Torre de Liria S.L. (Monge, 2016).
Para él, la decoración supone entender una filosofía de vida, meterse en la “otra piel”, la de un cliente, no consistiendo, simplemente, en adornar y cubrir un espacio con elementos y mobiliario en tendencia. Cada cliente tiene una marca personal y un carácter, dos elementos fundamentales que determinan el resultado de cada encargo. Otro de ellos es el tiempo. La trascendencia de cada objeto en el ambiente a pesar de que pasen los años, no se ve afectado de forma negativa por su antigüedad. Los espacios están vivos y, por ello, van evolucionando a la par que lo hacen sus propietarios y habitantes (Monge, 2017)
Su papel en el arte contemporáneo zaragozano y el mercado artístico
Reconocido a nivel internacional por su excelente y distinguida producción artística, la obra de Jesús Monge ha sido plato estrella en numerosas galerías de Zaragoza. El abanico de sus obras más representativas y demandadas va desde las vistas marinas y las imágenes icónicas de una ciudad, hasta los rincones desconocidos de la misma. Llaman de manera especial la atención del público los precisos e ingeniosos juegos de luces y la riqueza cromática con la que dota de vida a sus composiciones. Es así como los espectadores se introducen en el espacio recreado y se embelesan con sus imágenes, sintiéndose parte de una realidad matérica irreal en la que reparar en un sin fin de detalles, creados de forma intencionada por el artista para guiar un recorrido por la composición. Éstos no dan excesiva información, tan solo invitan a sumergirse de lleno en la imagen recreada. Son guiños también frecuentes en la obra de otros artistas comparables a Monge, como puede ser el caso de Efe, pintor ya experimentado en el mercado artístico oriental. Gracias a ellos, el espectador transforma en su mente la materia pictórica en imágenes reales a través de las que pasa a recorrer un mundo imaginario, como si de puertas a otra dimensión se trataran.
Sin embargo, no se debe olvidar el factor de la imaginación a la hora de componer las vistas, ya que, posiblemente, el hecho de que no sean imágenes puras y fieles a la realidad, es lo que provoca la atracción o el embelesamiento. Son realidades mágicas, transformadas e hijas de un gusto especial por el detalle. En ellas, los materiales, tonalidades y elementos son trasladados al lienzo de forma esmerada, con variaciones apenas perceptibles y que sumergen al espectador en un enjambre de detalles vibrantes que dan paso a una atmósfera palpable.
Son estos los principales rasgos señalados por expertos y clientes de su obra, cualidades por las que ha llegado a ser elegido para participar en ferias de carácter internacional, como es el caso de la Art Revolution, celebrada en Taipei (Taiwán) durante el próximo mes de mayo. Ésta no será la primera ocasión en que visita el continente asiático con fines comerciales, sino que ya lo hizo en una primera ocasión acompañado por dos de sus pinturas. En esta ocasión, su muestra está compuesta por nueve obras, ya que anteriormente la demanda fuera elevada. En esta ocasión espera tener buena acogida entre los florecientes mecenas asiáticos, de entre los que destacan aquéllos procedentes de China Continental, Filipinas, Singapur, o Japón. Del mismo modo, y de forma habitual, celebra pequeñas muestras en su estudio personal, al que acuden, además de amigos o relativos, galeristas y clientes interesados ya desde tiempo atrás, en su producción.
Hoy, Monge abre una nueva alternativa en el mercado artístico relacionado con el movimiento realista. Pretende volver a ilusionar, atraer al público y que éste disfrute del arte y la pintura al igual que lo puede hacer del cine o del teatro (Lorca, 2018). Busca trasladar la universalidad del arte, ajena a lo erudito, acercar sus obras al gran público; atraer por la belleza de sus pinturas y posibilitar un diálogo entre obra, espectador y artista. Del mismo modo, supone una gran satisfacción para él poder representar la pintura aragonesa en un mercado que él califica como “sano” y “ajeno a modas”. Además, su calidad, su estilo único y personal, su versatilidad y soltura en diversos géneros pictóricos, son elementos fundamentales que le permiten abrirse camino hacia nuevos horizontes y mercados, siendo buen ejemplo su proyección de participación en diversas compañías de promoción con gran representación en el continente asiático.
Conclusión
En la actualidad, buena parte del Arte Contemporáneo es concebido por unos como signo de status y distinción social, mientras que, para otros, resulta lejano a la realidad y de difícil comprensión. Jesús Monge, en cambio, no sólo pretende plasmar la belleza mágica de la realidad, sino que muestra al espectador una nueva muestra de arte real: un medio de expresión universal al alcance y disfrute de cualquier individuo. Él lucha por acercar su obra a todo tipo de público, de cualquier nivel de formación, edad o estatus social. Sus pinceles son las herramientas con las que transmite un mensaje que cuida con maestría y mimo paternal en cada una de sus obras. Es por ello que, como sus maestros, podría ser considerado un artista a la altura de su interlocutor. Un artista de proyección universal.
Un artista es sobre todo un poseedor de un don de la naturaleza que cada ser humano, por serlo, lo tenemos en distintas materias o cualidades, y debe ser desarrollado a base de esfuerzo y trabajo, como todo en la vida
Jesús Monge, Castellón, 20 de octubre de 2017.(Gras, 2017)





