¿A quién le puedo preguntar qué vine a hacer en este mundo? Se cuestiona Neruda en su “libro de las preguntas”. Fueron innumerables los poemas que Pablo Neruda escribió a lo largo de su vida, brindando con ellos breves y bellos momentos a cada criatura que puebla el universo. El libro de las preguntas, editado por vez primera en 1974 (editorial Losada, Argentina) y reeditado en 2006 por Media Vaca recoge parte de esos fugaces poemas en forma de pregunta que ahora se enriquecen con las ilustraciones de Isidro Ferrer (Madrid, 1963).
Neruda se plantea su papel en este mundo y tal vez de haber conocido a Ferrer habría encontrado respuesta: construir juntos un universo nuevo, soñado, en el que cohabitan ingenio, magia, ironía y juego, matices e inquietudes, sonrisas y guiños.
Caja Madrid, en su espacio para el arte de Zaragoza exhibe, por vez primera y hasta el 19 de octubre, las obras que Ferrer ideó para ilustrar la publicación de Media Vaca. Resulta curioso y muy divertido ver como un poema toma corporeidad, saltando de las páginas de un libro, de una cuartilla e incluso de las servilletas de papel de que se servía Don Pablo en ocasiones, a la tercera dimensión. Las palabras, las preguntas, se hacen tangibles y ocupan un espacio físico que de inmediato se traslada a nuestro ánimo para buscar respuesta, nuestra propia respuesta. Y es que Ferrer no resuelve los enigmas de Neruda con sus obras-objetos, si acaso los rodea y nos lanza el guante con otra nueva pregunta.
No encuentro la palabra para definir ni el estilo ni la disciplina en la que encaja Ferrer, esta costumbre nuestra, tan occidental, y tan tediosa de encajarlo, listarlo y catalogarlo todo: “obra”, no me gusta… “¿esculturas?”, no… “montajes”…umm, no me convence… Su brillante trayectoria avalada por numerosos premios (Premio Nacional de ilustración (2006), Premio Nacional de Diseño (2002), Poster European Design Award (Estocolmo), Premio Lazarillo de Ilustración, Premio Experimenta, Tercer premio en el XXII Festival Internacional de Carteles de Chaumont (Francia), Promax Oro de Animación para TV (Canadá), un LAUS , tres AEPD, “Daniel Gil” de Edición, Premio Junceda, Visión de Oro de Creatividad Exterior, miembro de la Alianza Gráfica Internacional (AGI)…) y más de treinta libros publicados lo definen en la mayoría de las ocasiones como diseñador gráfico e ilustrador; sin embargo y con miedo de pecar de romántica trasnochada, estas definiciones se me quedan escasas y preferiría definir a Ferrer como “hacedor de metáforas” o “poeta en 3D”, o mejor, “hacedor de metáforas en 3D”.
Escribe el periodista Jesús Marchamalo, que “como a Neruda, a Isidro le gusta recolectar objetos, acumular tornillos y herrajes oxidados, trozos de madera, pedazos de alambre, cajas de lata, una jaula, el trozo de una rama. Los objetos, al menos algunos de ellos -es cuestión de mirar-, conservan una remota condición humana, guardan el tacto de las manos por las que han pasado, la experiencia indecible de haber sido tocados –dice- , rozados, acariciados. En sentido literal, manoseados. Y es capaz, después, de encontrar en ellos la metáfora, la paradoja, el significado oculto o evidente: una percha es un perro, es una garza, un tren. Una esponja es la luna, o un pedazo de pan”. El proceso creativo de Ferrer nace con la búsqueda de los conceptos que luego van a materializarse en sus “metáforas en 3D”, leyendo y analizando dichos conceptos, a partir de los cuales procede a construir los primeros bocetos, siempre pensando más en el objeto que en la ilustración. En sus propias palabras “el sentido del objeto es la ilustración pero construida a partir de elementos”. Las referencias conceptuales y estéticas de Isidro Ferrer son innumerables, desde las pinturas flamencas hasta Magritte, Brossa o Fornasetti, por citar solamente algunos de ellos, como lo son también las miradas sobre sus “metáforas en 3D”, mundo complejo y colmado de claves, rebosante sin embargo de honestidad infantil.