Entrevistamos a Ana Durán y Sergio Sevilla por la obtención del premio de la Asociación Aragonesa de Críticos de Arte. Durante la pandemia de COVID-19 sus paseos por la ciudad se convirtieron en un foco de descubrimiento de artistas, talleres y obras, sobre las que ambos están realizando una importante labor de inventariado, puesta en valor y difusión. Zaragoza Moderna se constituye como un proyecto clave para comprender de forma completa el Aragón contemporáneo.
En primer lugar, enhorabuena por el premio a un proyecto importante y necesario para profundizar en el patrimonio cultural de Zaragoza, ¿podéis hablarme de cómo nació? ¿Cuál fue el momento en que pasasteis de convivir con los murales a decidir investigar e ir completando el puzle con otros?
Muchas gracias a vosotros, por el premio que hemos recibido de la AACA a nuestro proyecto de investigación y divulgación sobre el patrimonio reciente de Zaragoza.
Ambos tenemos formación y una amplia experiencia en el ámbito del patrimonio cultural -desde la arqueología al arte actual- y hemos desarrollado numerosos proyectos culturales. Además, siempre hemos tenido un gusto por la estética urbana retro y vintage. Conocíamos algunos murales cerámicos y varias decoraciones de los años 60 y 70 que nos gustaban. Pero no íbamos más allá… hasta que, en 2020 y debido a los confinamientos derivados de la pandemia, devolvimos la vista al interior de la ciudad gracias a los paseos urbanos que, por seguridad sanitaria, podíamos realizar. A través de esas caminatas fuimos descubriendo otros murales cerámicos diferentes a los que ya conocíamos. Poco a poco nos dimos cuenta de que había un patrón establecido que no podía ser casual. Detrás de ese patrón, descubrimos un movimiento muy estructurado en el que la cerámica de vanguardia era la protagonista. Estos nuevos hallazgos nos generaron un interés en seguir encontrando murales y artistas, talleres y fechas. Nuestros paseos que, en un principio, eran bastante espontáneos, se fueron convirtiendo en rutas programadas, muy dirigidas a las zonas urbanas de desarrollo en las épocas de interés para nuestra investigación. De esta forma, pasamos de salir a caminar, a realizar verdaderas prospecciones urbanas de carácter científico. En ellas documentábamos las obras cerámicas, sus autores, los entornos arquitectónicos en los que se encontraban y toda aquella información que podíamos recoger para, posteriormente, realizar un profundo estudio en casa.
En poco tiempo fuimos conscientes de que teníamos documentadas muchas obras de cerámica mural de vanguardia de los años 60, 70 y 80 pero apenas teníamos información previa sobre ellas. Eras muy escasos los estudios sobre este tema a los que pudiéramos acudir para apoyar nuestra investigación así que, con esas pocas publicaciones, decidimos ser nosotros mismos quienes generasen la información a través de contactos con los propios artistas ceramistas y otras fuentes que fuimos encontrando.
Al mismo tiempo, planteasteis progresivamente una estrategia de difusión.
De forma paralela, fuimos dando a conocer en nuestras redes sociales personales las obras que nos íbamos encontrando. Ofrecíamos información sobre las y los artistas que las habían realizado. Cuando empezamos a dimensionar y tener una visión más global del proyecto, fue el momento en el que decidimos “crear una marca”. Le pusimos un nombre específico a la investigación que estábamos realizando y creamos el perfil oficial de “Zaragoza Moderna” como canal de divulgación donde recoger toda la información que estábamos generando.

El inventario y la difusión que estáis realizando, ¿pensáis plasmarla en algún libro u otro tipo de publicación acerca del tema? Habéis realizado ya varios textos, por ejemplo, en el año 2021 publicasteis en AACA Digital el texto La empresa MURESA y su importante contribución al muralismo cerámico de Zaragoza.
El inventario que hemos ido realizando -y que todavía sigue creciendo con aportaciones de colaboradores anónimos que siguen nuestro perfil de Instagram-, tiene la suficiente consistencia como para que quede recogido en una publicación específica, incluso en varias de carácter monográfico dedicadas a décadas, estilos o artistas. Esa ha sido nuestra idea casi desde el principio y en ella llevamos trabajando bastante tiempo, pero no es algo tan fácil o inmediato como nos gustaría.
Cuando comenzamos, la forma más sencilla, accesible e inmediata fue publicar en Instagram porque facilitaba nuestro acceso a un medio cultural. Esta es nuestra herramienta principal pero, de forma paralela, hemos ido realizando publicaciones y artículos que se han publicado en revistas de divulgación, en revistas especializadas como AACA Digital -es el caso del artículo que citas- o como ponencias en congresos y otros foros de conocimiento en los que hemos presentado nuestro trabajo. También hemos colaborado con medios de comunicación tradicional y prensa escrita donde se han realizado artículos acerca de nuestra investigación.
Los vecinos de los inmuebles o los usuarios de los diferentes edificios donde se encuadran las obras, ¿son conscientes de su importancia? ¿Estáis creando una nueva mirada en algunas personas?
En nuestra labor nos hemos encontrado con diferentes aproximaciones por parte de los propietarios y vecinos sobre las obras que tienen instaladas en sus edificios. Hay personas que son conscientes del valor artístico y patrimonial, conocen al autor o autora de la obra y la ponen en valor. Desafortunadamente, esta mirada no es lo habitual. En la mayoría de los casos, existe una gran desinformación sobre las obras y, sobre todo, una cierta indiferencia debida a la cotidianidad y a la asunción de esos espacios como desfasados, siguiendo un criterio de modas decorativas. Este planteamiento es muy peligroso, porque es entonces cuando su conservación entra en cuestión.
Para nosotros, dicho patrimonio cerámico ha quedado relegado a una especie de limbo de olvido. Se encuentra en un terreno muy difuso entre lo decorativo y lo artesanal. Siempre decimos, siguiendo la analogía con la arqueología en la que nos formamos, que cuando encontramos y documentamos una nueva obra, la tenemos que desenterrar y quitarle los estratos -capas de cotidianidad y olvido- que las cubren para ponerlas en valor. Es un proceso muy similar al del método arqueológico. Una vez documentada, investigada y publicada la investigación, la percepción de la gente puede cambiar mucho. Ocurre algo similar cuando una pieza se restaura y se exhibe en un museo.
Pero también es cierto que hemos detectado un cambio en la sensibilidad de las personas e instituciones desde que comenzamos nuestra labor. Afortunadamente, hay una comunidad que ha aprendido a revalorizar estas obras y que nos lo dice. Ahora, la mirada se focaliza y se centra en ellas. A veces, la cuestión reside en cambiar el punto de vista y ayudar a observar. En este sentido, es también una labor de mediación cultural.

Mural en Paseo Pamplona 4-6, Andrés Galdeano
¿Qué empresas, autoras y autores destacaríais como principales productores y realizadores de los murales?
Esa es una de las partes más emocionantes de nuestra investigación: las y los artistas que hemos conocido y los talleres que hay detrás de estas obras -en la mayoría de los casos, quedaron en el olvido-. Hemos descubierto grandes autores que deberían encontrarse en primera línea en los museos de arte y ser objeto de estudio.
Es muy interesante observar cómo surgieron los primeros artistas y talleres especializados en cerámica mural, entre los que se encuentran Eduardo Alfonso Cuní y Andrés Galdeano, pioneros del muralismo cerámico. También resulta muy atractivo conocer la obra de artistas plásticos de otras disciplinas que empezaron a trabajar la cerámica mural en talleres cerámicos, como en los casos de José Aznar o Ángel Orensanz. Hay muchos nombres de artistas locales de relevancia en este sector de la creación como Ángel Grávalos, José María González Ballesteros -Gomballest-, Alfredo Díaz, Jesús Barranco, Esperanza Grávalos, Enrique Val, Fernando Malo, Nacho Toledo, Ana Felipe Royo o Sara Monge. También artistas nacionales que dejaron su obra en Zaragoza, entre los que se encuentran Miguel Durán-Loriga, Julio Bono, Ángel Atienza o Pedro Llórente Brieva -con sus murales de placas de cemento de Relieve y Ordenaciones Pétreas, R+OP-.
En cuanto a talleres y empresas de cerámica, son de especial importancia MURESA, Cerámica Val, GEOM-C, Hermanos Rubio, Bono&Novo, ALFARAZ…
En concreto, creemos que el artista Ángel Grávalos necesita una revisión y una profunda investigación para poner su figura en valor, ya que su obra en cerámica mural es de gran importancia en este ámbito de la creación. También Enrique Val, artista ceramista todavía en activo, debería de ser un nombre de referencia en nuestro patrimonio cultural.
En el perfil de Instagram de Zaragoza Moderna referís que sois un: “recorrido por la modernidad de Zaragoza a través del muralismo cerámico, el vitralismo y los entornos decorativos y arquitectónicos asociados”.
Sé que es algo complicado, pero ¿podríais elegir un ejemplo de espacio en el que se observe especialmente la creación de un “ambiente” que equilibre a la perfección lo que comentáis: muralismo, vitralismo, entornos decorativos y arquitectónicos?
Resulta bastante complicado encontrar un espacio en el que se encuentren ejemplos de ambas artes -cerámica y vidriera- integradas en la arquitectura y en el que, además, se genere un entorno decorativo singular. Habitualmente, el muralismo cerámico no suele coexistir con los vitrales modernos en los proyectos arquitectónicos, debido a la complejidad y, sobre todo, al incremento de costes que puede suponer. Pero sí que hay un edifico que contiene todo esto: el Hospital MAZ de Zaragoza. Se trata de un proyecto arquitectónico firmado por José de Yarza García y José Miguel de Yarza Nordmark. Es una auténtica joya de la arquitectura moderna, con un desarrollo plástico muy elegante y en el que podemos encontrar varios murales cerámicos realizados por Eduardo Alfonso Cuní y unas maravillosas vidrieras en hormigón moldeado para la capilla religiosa, desarrolladas por Ángel Atienza. Además, los espacios funcionales del edificio presentan una exquisita decoración de la época que incluye celosías cerámicas, luminarias modernas y mobiliario de diseño. Una maravilla de lugar.
Además de este ejemplo, hay otros muchos edificios que se plantean dentro de lenguajes modernos y que tienen, o bien cerámica mural de vanguardia, o bien vitrales modernos, formando también ambientes espectaculares. En las iglesias postconciliares podemos encontrar un verdadero catálogo de la modernidad, pero también hay obras de uso residencial a través de las que podemos hacer ese recorrido por la modernidad de Zaragoza, por ejemplo, en el barrio de la Romareda -Distrito de Universidad-.

Vitral de la capilla en el Hospital MAZ, Ángel Atienza
¿Pensáis que sería necesario un esfuerzo de conservación y restauración de ciertos murales? Utilizando el título del listado empleado por Hispania Nostra, ¿incluiríais obras que estáis investigando y difundiendo en una “lista roja”?
Indudablemente. Lo cierto es que, cuanto más reciente es el patrimonio, más desprotegido se encuentra porque todavía no se ha producido un proceso reflexión sobre su concepción como tal. Resulta lamentable observar todas las pérdidas que se han producido y que se están produciendo en ejemplos recientes, tanto de proyectos arquitectónicos como de obras cerámicas de aplicación mural. Debería de existir una política de restauración, conservación y protección en este patrimonio emergente equiparable al resto de ámbitos patrimoniales.
En las últimas décadas, se han destruido conjuntos de cerámica mural de carácter monumental que eran verdaderas joyas. Eso mismo sigue pasando hoy en día. Poco a poco y con ese cambio en la sensibilidad hacia este tipo de obras, cada vez es más frecuente que se produzca una denuncia social y que exista cierta repercusión en los medios de comunicación.
Creando esa analogía con el concepto de Hispania Nostra, sí que se pueden incluir en la “lista roja” ejemplos artísticos de murales cerámicos de especial relevancia. Entre ellos, uno de los que Andrés Galdeano realizó para la estación de El Portillo y que todavía se conserva en su interior, así como el mural escultórico que planteó para la zona exterior. Muchos de los murales que encontramos en fincas residenciales, bares y comercios pero, también, ejemplos de arquitectura moderna, tardomoderna y posmoderna como el propio edificio de la estación de El Portillo -obra de Alfredo Martínez Alonso y Demetrio Ullastres Astudillo-, el centro de clasificación postal anexo a la estación -obra de José Luis González Cruz- o el más reciente cubo de la antigua oficina de Turismo, están en riesgo de conservación.
Fuera de Zaragoza, ¿en qué pueblos o ciudades cercanas destacan también este tipo de creaciones? ¿Habéis entrado en contacto con otras propuestas paralelas a la que estáis planteando?
El desarrollo del muralismo cerámico y del vitralismo fue una tendencia generalizada derivada del movimiento moderno y de los lenguajes arquitectónicos modernos y tardomodernos de esta época. Nuestra investigación se ha centrado principalmente en Zaragoza porque es nuestra zona de acción, pero también lo hemos extendido a otros lugares debido a las conexiones que se produjeron entre artistas y talleres. Hay autores y talleres que trabajaron fuera de Zaragoza y cuyas obras hemos localizado en ciudades como Madrid, Barcelona o Tarragona, así como artistas nacionales con obra documentada en Zaragoza. Sobre ellos encontramos ejemplos en otras urbes y las estudiamos para tener una visión global de su trabajo.
En este proceso, hemos conocido proyectos similares e investigadores culturales que están realizando una labor paralela en otras ciudades, tanto en España como en distintos países y con los que hemos establecido sinergias, colaboraciones e incluso amistad. Son planes que ponen en valor el patrimonio reciente y que se constituyen como fruto de revisionismos del patrimonio urbano, con la finalidad de conservarlo.
Además de en Zaragoza Moderna, ¿sobre qué otros proyectos estáis trabajando?
Ahora mismo hemos centrado todo nuestro trabajo en este proyecto de investigación ya que, a medida que avanzamos, se van abriendo nuevas vías de trabajo a explorar. Estas nos llevan a otros hallazgos que abren a su vez nuevas puertas. Tiene un planteamiento ambicioso que ha adquirido una dimensión muy amplia. Comenzamos con la cerámica mural de vanguardia, que ya de por sí es un campo de investigación muy extenso -tanto la cerámica de autor como las producciones industriales-. A partir de ahí fuimos pasando al vitralismo moderno, a otros murales decorativos de carácter escultórico, los entornos decorativos y, por último, a la arquitectura como contenedor de todo lo anterior. La arquitectura moderna y tardomoderna en Zaragoza también ha tenido un fuerte desarrollo y nos ha abierto caminos más específicos para estudiar lenguajes modernos como el brutalismo, el cubismo o las estéticas futuristas y posmodernas, que también resultan de gran interés para nuestra investigación.