A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, el continente europero mostraba una gran diversidad de estilos arquitectónicos, entre los que se encuentra el regionalismo, que se desenvuelve en una circunstancia cultural que, decididamente, reivindica una serie de valores propios de cada zona geográfica en donde se manifiesta. Si bien es cierto que, en un principio se desarrolla en España con grandes similitudes llegadas de las influencias de otros países, posteriormente, hubo una gran aportación propia efectuada por diferentes arquitectos como Leonardo Rucabado, Aníbal González, Javier González Riancho, Ricardo Magdalena Tabuenca, Félix Navarro Pérez, Manuel María de Smith Ibarra o Juan Talavera y Heredia, entre otros. Éstos fueron quienes decidieron utilizar esta manifestación artística en alguna etapa de su vida profesional, y que supieron adaptarse a las exigencias de la sociedad moderna. Asimismo, debemos pensar que el regionalismo en nuestro país, respondería a la búsqueda de una nueva arquitectura diversa gracias a la variedad cultural, a las tradiciones populares que son diferentes en cada región y en consecuencia también en la arquitectura, fruto de los hábitos tradicionales aplicados a los modos constructivos.
Esta premisa es la que plantea el libro “Arquitectura y Regionalismo”, fruto del congreso científico bajo el mismo título y desarrollado por el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Córdoba, institución que publicó en 2013 el texto dentro de la colección ARCA, cuya edición estuvo al cargo de Alberto Villar Movellán, catedrático de Historia del Arte por dicha Universidad. Villar ingresó en 1970 en el Laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla, donde completó su formación bajo la dirección del catedrático Dr. D. José Hernández Díaz. Obtuvo el doctorado por la Sección de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla en 1976. Y por Clemente López Jiménez, profesor de Historia del Arte en la Universidad de Córdoba.
A lo largo de todo el texto, se va narrando uno de los capítulos menos conocidos de la historia de la arquitectura contemporánea de nuestro país, en donde el amplio proceso regionalista español (ideológico, político, literario…), iniciado bajo la Restauración y acrecentado durante el reinado de Alfonso XIII, quedaría incompleto si no llegasemos a conocer el colofón que supuso la arquitectura regionalista en España, gracias al descubrimiento de las diferentes aportaciones de las escuelas que fueron proliferando desde finales del siglo XIX, hasta la Exposición Hispano-Americana que tuvo lugar en Sevilla en 1929.
Tradición popular y arquitectura
La arquitectura regionalista, por sus propias características resulta variada, aunque manifiesta una corriente común. Sin embargo y como se extrae del texto, a pesar del surgimiento de brotes regionalistas por toda la Península Ibérica, incluyendo el capítulo sobre esta tendencia arquitectónica en Portugal y firmado por la profesora Regina Anacleto, y con el análisis del profesor Alexander Tzonis, sobre la alternativa regionalista dentro del actual proceso de globalización, el desarrollo de esta nueva tendencia estilística no es igual en todas las regiones españolas. Sin embargo los núcleos más importantes serían: el cántabro y vasco; el aragonés; el andaluz (sevillano); y en menor medida la escuela valenciana. Es por ello que se convierte en un estilo muy ligado a la revalorización de las tradiciones, con las que se intenta proporcionar un contenido apropiado al ambiente de la zona geográfica en la que los edificios estén emplazados. Y pone en especial énfasis a la ciudad, tal y como se cuenta en el apartado de ponencias, en un momento en el que ésta se veía amenazada por las transformaciones urbanas y los cambios en los modos de vida. Los textos de los profesores Pedro Navascués, Mireia Freixa, Víctor Pérez Escolano, Maite Paliza, e incluso del propio Alberto Villar Movellán, muestran el gran interés de las imbricaciones del Regionalismo en medio del debate de reformas urbanísticas y su incidencia en la ciudad tradicional y su patrimonio arquitectónico.
Por último, este libro, no deja lugar a dudas respecto a la relevancia y la importancia del tema dentro de la historiografía de la arquitectura contemporánea, ratificando que, por distintas cuestiones, la arquitectura regionalista fue un fenómeno europeo de gran magnitud y, por otro lado, una realidad palpable y discutida en nuestra propia geografía.