Hablar de Goya es hablar de uno de los artistas españoles que ha sido objeto de más biografías y monografías en las últimas décadas, tanto en España como en el extranjero. Aunque no consiguió el estatus social elevado de algunos pintores del pasado, como Tiziano o Rubens, ni las riquezas de las que disfrutarían muchos artistas del siglo XX, sin embargo, ha superado con creces la fama histórica, no ya entre los especialistas, sino por el interés que despierta en un público muy amplio, esa especie de misterio y de leyendas populares que le han hecho doblemente atractivo y cercano solo lo han conseguido unos pocos artistas que han cruzado esa línea sutil que trasciende el consenso académico sobre lo que es la grandeza en el arte.
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Para comprender al artista, es necesario situarlo en el escenario de redes políticas, sociales y culturales en las que se desarrollo su vida y se formó su propia visión del mundo que le rodeaba, que sería trascrito al lenguaje de su obra. La acumulación de los estudios sobre su figura, han llegado a configurar una multiplicidad de yoes que han dado a la creación de tópicos en la figura del artista, tales como anticlericalismo e incluso agnosticismo sobre todo las series de aguafuertes de los Caprichos, los últimos Desastres de la guerra, conocidos como Caprichos enfáticos, y los Disparates.Goya, en los álbumes desarrollará una visión absolutamente personal del género humano sin equivalente en el arte coetáneo, pero al mismo tiempo conectada con las grandes corrientes de pensamiento de su época. Despreció la pintura de asunto religioso, Se le puede estudiar en esta faceta de su arte con la misma profundidad con que se ha estudiado la pintura religiosa de Delacroix o la de algunos pocos artistas del siglo XX, como Chagall, cuando la pintura religiosa desapareció como motivo principal del arte de los grandes creadores contemporáneos. Supuesta capacidad de Goya para saltarse las estrictas barreras entre clases sociales que existían en la España de su tiempo. A partir de la década de 1790, Goya, nombrado pintor de cámara en abril de 1789, se centró en la expresión psicológica de sus retratados. Políticos, militares, académicos y amigos íntimos que Goya pintó en esa década son, en general, retratos austeros, con fondos mayoritariamente neutros o interiores escasamente descritos o vagamente sugeridos. Una carta a su amigo Martín Zapater (1747-1803), fechada en agosto de 1786 y escrita con motivo de su nombramiento como pintor del rey, era testimonio de su actividad, y resulta de interés para estudiar la faceta de las relaciones de Goya, sociales y profesionales: «Me abia ya establecido un modo de vida envidiable, ya no hacia antesala ninguna, el que queria algo mio me buscaba, yo me acia desear mas y si no era personage muy elebado o con empeño de algun amigo no trabajaba nada para nadie». Los retratos de mujeres de esta época destacan por la sensibilidad y la emoción que emanan de sus rostros, como el retrato de la duquesa de Alba vestida de blanco, cuyos supuestos amores, fomentados a principios del siglo XX a partir de un guión de 1919, nunca llevado al cine, de Luís Buñuel , no responde a otra realidad que al deseo vulgar de querer ennoblecer a un artista supremo y genial por su unión con la reverenciada aristocracia, lo que se ha hecho ya innecesario en el mundo actual.

Con motivo del décimo aniversario de la creación del Caixa Forum Barcelona, se ha decidido crear la exposición “Goya, luces y sombras”. Noventa y seis obras entre óleos, dibujos, estampas y cartas, que a través de 15 ámbitos autónomos, relatan de forma visual, buena parte de los principales temas desarrollados por el artista a lo largo de su vida. Uno de los objetivos de la muestra, es mostrar a Goya como ser humano, más allá de su virtuosismo, y por ello se han incluido dos cartas que el pintor escribió a su amigo de Zaragoza Martín Zapater contándole sus andanzas en Madrid, así como dos autorretratos, de joven y de viejo, que ejercen de prólogo y epílogo del recorrido. La muestra ha sido comisariaza por la jefa de conservación de Goya del Prado, Manuela Mena, y el jefe del departamento de Dibujos y estampas del museo José Manuel Mantilla. La selección que se ha hecho de la colección que del maestro atesora el Museo del Prado, es incompleta, pues faltan muchas cosas provenientes de otras zonas tanto de nuestro país como del resto de entidades extranjeras que poseen Goyas, aunque como bien ha advertido el director de la pinacoteca madrileña, Miguel Zugaza: “la exposición no es una antológica, sí es una antológica de Goya en el Prado”. En la muestra que aún no siendo exhaustiva, si destaca por su calidad, nos encontramos con un Goya comprometido, sensible, y de una lucidez increíble. Un artista que denuncia sin miedo las injusticias y los vicios de la vida cotidiana.
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La admiración de sus contemporáneos está efectivamente en toda la obra de Goya y su base se asienta en la palabra «mágico» en relación a su técnica o a las relaciones del colorido ya en el siglo XIX, pero sobre todo en el XX. Goya ha sido redefinido como un precursor de movimientos sociales, y con ello un surrealista adelantado a su tiempo; Precursor también de la justicia moderna, como evidencian los Desastres de la guerra, que anticiparon el concepto de crímenes de guerra y de crímenes contra la humanidad, inédito en sus días. Toda esta exposición, incluso todo este mundo de magia y misterio que rodean la vida y obra de Goya, se podría definir con una sola y a la vez sorprendente frase que escribió como título del primero de los dibujos preparatorios para El sueño de la razón, el «testimonio sólido de la verdad», verdadero motor de la obra de Goya.
Goya. Luces y sombras
Del 16 de marzo al 24 de junio de 2012
CaixaForum Barcelona
Av. de Francesc Ferrer i Guàrdia, 6-8
08038 Barcelona
Horario:
De lunes a viernes, de 10 a 20 h
Sábados, domingos y festivos, de
10 a21 h




