En la praxis contemporánea del arte, la exposición cumple con la función de modelar la percepción de la sociedad en la que se inserta (ya que ella valida un código estético, un sistema conceptual, una ideología y una praxis artísticas), en este contexto, el curador resulta una figura de gran trascendencia. Una figura que ha ido definiendo su función y su espacio a lo largo de las últimas décadas para llenar el vacío dejado por la crítica convencional y por una concepción del arte que abandona su valor estético e incluso su “capacidad de asombro” a favor del discurso (a la reflexión social, política, cultural, que este plantea).
En el escenario actual, la “autonomía de la obra de arte” resulta más precaria, menos convincente. La pieza artística se auto-descubre como un elemento dialogante, necesitada de un contexto e interlocutores junto a los cuales consolidar su discurso y justificar su existencia. La función del curador surge entonces como dinamizador necesario para generar dicho diálogo, para encontrar o proponer los contextos, los interlocutores, las motivaciones, en los cuales el trabajo del artista y las obra de arte como tal, sigan existiendo como hechos significativos.
Sin embargo la curaduría en si misma sigue siendo un espacio brumoso, donde la variedad de posturas (el curador como autor, tamizador, intermediario, promotor, interprete, etc.) dificultan la estructuración de un modelo formativo que satisfaga a todos. ¿Como establecer los límites de una disciplina cuando la materia de la cual ésta se ocupará se encuentra en mutación constante? ¿Cual sería el modo adecuado de transmitir esta disciplina de bordes difusos a aquellos interesados en desarrollar su práctica? ¿Cual la manera de abordar la práxis cuando tenemos conciencia de que los simulacros de verdad sobre los que se constituían nuestras certezas se han diluido, dejando en su lugar un espacio que se debate entre la intuición personal y los restos del discurso académico tradicional?
Este nuevo número de IMPASSE vuelve a acercarse a la curaduría, Esta vez desde una mirada vivencial que explora la respuesta que se da a estas y otras preguntas desde algunos de los más prestigiosos centros de formación de curadores a nivel internacional. Dieciseis textos, de otros tantos profesionales, formados en los programas Visual Arts Administration: Curating and Commissioning contemporary Art, Royal College of Art; Independent Study Program, Withney Museum; Center of curatorial Studies in art and Contemporary Culture, Bard College; Ecole du Magasin, Grenoble ; Curatorial Programme, De Appel Foundation; Making Art Different, AIT, integrados para mostrarnos una panorámica del aprendizaje curatorial desde diversas perspectivas y criterios formativos/metodológicos.
El conjunto es heterogéneo y combina textos reflexivos, llenos de opiniones comprometidas, con asepticos documentos descriptivos que evitan la opinión sobre lo descrito. Sesudos escritos cuasi divulgativos, críticas metodológicas y entusiastas apologías de la enseñanza recibida y la experiencia propia.
Los textos recogidos aportan elementos de reflexión, que pueden ir desde la validez o no de la formación especializada para curadores (desde los aspectos metodológico y académico), la pertinencia de esta (y la consecuente produción masiva de profesionales necesitados de justificar su existencia. Un elemento más en la industria cultural y la conflictiva dimensión empresarial del arte), hasta la búsqueda de nuevas figuras o dispositivos que permitan avanzar en la reflexión, interpelación y búsqueda de escenarios para el desarrollo de la práctica artística.
Una mezcla interesante, que merece – y justifica – el tiempo invertido en su lectura.