En la galería Spectrum Sotos, desde el 21 de enero, se pueden admirar un excepcional conjunto de fotografías cuadrangulares tamaño medio de la rusa Anka Zhuravleva, seudónimo de Anna Belova, nacida el 4 de diciembre de 1980. Antes de un comentario sobre su obra cabe transcribir aspectos de su vida escritos por la artista, que son de una sinceridad aplastante, como debe ser. El ambiente artístico en la casa paterna, sobre todo la madre, influye para que el año 1997 ingrese en el Instituto de Arquitectura de Moscú. Pierde a sus padres, lo cual cambia su vida, hasta el punto que <<trabaja en un salón de tatuajes, canta en un grupo de rock y comienza beber. Para subsistir trabajará como modelo apareciendo en las revistas Playboy y XXL. Un pintor ruso, amigo de su novio, le enseña la técnica de la pintura al óleo y durante unos años, desde 2002, expone sus cuadros. A partir de 2006, con 26 años, empieza a trabajar en la fotografía>>. En 2013 se traslada a Oporto con su marido. Su vida es un intachable ejemplo de superación.
Para la artista la fotografía, tal como indica, "es un placer, empezando por la idea que nace en mi mente hasta los últimos retoques con el photoshop o revelando en el cuarto oscuro". También aclara en su texto que en la exposición presenta tres series diferentes: "Color Tales (Cuentos en color), Distorted Gravity (Gravedad distorsionada) y The Aquatic (Lo acuático)". En nuestra crítica preferimos mostrar el conjunto. Pero antes recordamos que fue modelo y apareció en las revistas Playboy y XXL. Lógico. En una fotografía expuesta se autorretrata solo el rostro con la melena hacia arriba, flotando, pues está dentro del agua rodeada de peces para mostrar una atmósfera mágica. Rostro de total belleza con mirada medio nostálgica por los párpados algo caídos.
Veamos las fotografías expuestas. El color, en su conjunto, es de gran variedad, pues obedece al tema, razón para que captemos desde los llamativos a los muy controlados, sin olvidar los propios de un paisaje o de un interior. Las figuras femeninas, siempre una por fotografía salvo excepción, son jóvenes y de gran belleza, por tanto sublimadas, que visten con excepcional elegancia y variedad, como natural eco de su etapa siendo modelo. También adoptan muy diferentes posturas siguiendo los tres temas sugeridos por la fotógrafa. En su entorno tenemos, por ejemplo, peces y medusas, así como la figura contemplando los peces en la calle desde una habitación o volando, en medio de un paisaje con pajaritas, cazando mariposas, inmersa en una oscura y solitaria calle, en una calle rodeada de bicicletas o junto a un tranvía, contemplando el mar, en un columpio situado a gran altura sobre la calle, en una habitación con una figura sentada y otra volando junto con las tazas y una silla, en un interior rodeada de naranjas gigantes o en diversas habitaciones con natural estar.
Exposición de radical creatividad con la generalizada belleza por delante sin un fallo. Todo natural, sin forzar las cosas por muy irreales que sean, pues atrapan para verlas con la lógica de una artista inmersa en su cambiante imaginación.
***
Desde el 19 de febrero, galería Antonia Puyó, tenemos la exposición Arquitectura, cuerpo e indumentaria, con eficaz prólogo de Semíramis González. Lo importante de la exposición es la idea llevada a la práctica, que David Latorre traslada con absoluta precisión creativa al servicio de la impecable puesta en escena. Estamos ante un conjunto de fotografías en color correspondientes al antiguo Acuartelamiento La Merced, de manera que refleja el paso del tiempo a través de las ruinas y la melancolía de los jardines con su inmutable quietud. Todo se completa, como fiel eco de las fotografías, mediante una impecable instalación en el suelo, basada en tejas rotas y dispares escombros, que el visitante transpira al pisarla sin remedio para sentir la huella de tanto deterioro.


