Al margen de lo expuesto en el Centro de Historias, la Galería Carolina Rojo, 14 de junio al 14 de julio, inaugura la última exposición de temporada con una colectiva de los artistas franceses Loic Doudou, Joris Goulenok, Olivier Specio y Sylvain Havec. La exposición marca territorio personal, pues además de las obras exhibidas para colgar es imprescindible destacar los dibujos sobre la pared realizados por los artistas antes de la inauguración, de modo que el conjunto del espacio se transforma en un hermoso conjunto muy bien fusionado. Las obras, en ocasiones, adquieren excelentes tonos propios de ilustradores, a veces con su correspondiente tono de humor que en Francia tiene tanta tradición desde la Revolución, ni digamos crítico satírico contra lo que sea. Todo sin olvidar las impecables abstracciones de Loic Doudou o los cambiantes temas de Joris Goulenok.
La exposición se apodera del espacio, que se transforma como si fuera propiedad de los artistas, en una suerte de engranaje con la mirada enriquecida de forma incesante.
El 5 de junio, hasta el 8 de julio, inaugura en la Galería A del Arte la exposición En el Paisaje, con prólogo de Antón Castro que desmenuza la obra expuesta. Series de fotografías cuyos negativos son entre 1987 y 2004, pero positivados entre 2005 y 2012. Siempre con una técnica apabullante en pequeño y gran formato. Ya se sabe que Carbó, desde hace años, tiene en la montaña su gran tema, lo cual significa un más que notable esfuerzo físico hasta encontrar ese espacio significativo, esa hora concreta, que acota con rara perfección en el lugar idóneo.
La exposición consta de varias obras en color y el mayor número en blanco y negro. En las de color tenemos un paisaje de alta montaña con árboles y prados y dos dípticos. Un díptico es en blanco y negro en el lado izquierdo con la leyenda Pero que miraban. Ensimismados. Yo lo vi y en el lado izquierdo tenemos en color el ibón de Pondiello y la montaña con sugerentes manchas de nieve. El otro se titula Accidente y fotografía, según indica Antón Castro, los despojos de la avioneta Robin que se desplomó en la Canal Roja (Canfranc) el 16 de junio de 2000 y que él fotografió tres años después.
Las restantes fotografías, siempre en blanco y negro, están divididas en cuatro espléndidas series. La serie Memoria de cantera se basa en primeros planos de árboles en apariencia secos, “muertos”, y otros con hojas pero sin tanto protagonismo. Árboles que evocan a poderosas y fascinantes esculturas con enigmáticas sensaciones como consecuencia de la magnífica combinación de los grisáceos y los dominantes negros.
La serie Jardines, de 2005, es la consecuencia del encuentro con áreas concretas que sugieren el sutil espacio a fotografiar. Rocas y árboles, alguno seco, protagonizan el cambiante ámbito de las sensaciones, siempre acariciadas por dispares cielos nubosos. Guardia relación con la serie Estudio romántico, de 2011, por los primeros planos de pinos y el árbol seco por la acción de un rayo, sin olvidar los fondos ambiguos, misteriosos, que acogen el tema primordial.
Queda la serie Rocas, de 2012, con los negativos entre 1987 y 2004. Las gigantescas rocas, ni digamos cuando hay una, son excepcionales por su especial forma, tan presente, que evocan a esculturas naturales, tan eternas. Cada perfil de las rocas se recorta sobre cielos al atardecer, o al amanecer, con envolvente niebla y nubes, más o menos bajas, lo cual sirve para potenciar el tema principal y dejarlo casi aislado.
Exposición intachable que de nuevo avala a uno de nuestros principales artistas de Zaragoza. Siempre al servicio de un tema del que ofrece múltiples variantes bajo el criterio de la selección, la idea pensada y el impecable trabajo de laboratorio fotográfico.


