Homenaje a Bigas Luna. 30 años de Jamón, Jamón

Uno de los más novedosos espacios expositivos de Zaragoza son los Antiguos Depósitos Pignatelli. El Ayuntamiento de esta ciudad recuperó en el año 2019, este entorno monumental construido por arquitecto Ricardo Magdalena (1849-1910) en el S. XIX, sobre el proyecto de Ramón Pignatelli (1734-1793) vinculado al Canal Imperial de Aragón del S. XVIII. Esta maravilla arquitectónica de nuestro Patrimonio Industrial se utilizaba como depósito de agua limpia, para el abastecimiento ciudadano y aunque fue perdiendo importancia a partir del año 1911, conservó este uso hasta mediados del S. XX. A lo largo de los años 80 y ante inminente abandono de la zona, surgieron propuestas para convertir el espacio en centro expositivo, aunque finalmente cerró sus puertas hasta 2018, año en el que fue aprobado un plan de rehabilitación de esta zona y ampliación de la zona verde aneja, llamada Parque Pignatelli. Precisamente, el origen de este espacio y sus peculiaridades, van a ser determinantes en la distribución del capital expositivo y en su percepción por el espectador.

En esta ocasión, los Antiguos Depósitos Pignatelli han sido vivificados con la muestra “Homenaje a Bigas Luna. 30 años de Jamón, Jamón”. Esta propuesta fue inaugurada en Valladolid el 22 de octubre de 2022, durante la última SEMINCI (Semana Internacional de Cine de Valladolid), como homenaje a los 30 años que han pasado desde el estreno de la película Jamón, jamón (Bigas Luna, 1992) y como punto de inflexión, para el análisis de muchas de las claves del críptico proceso creativo de su director, Bigas Luna (1946-2013). Tal y como estaba previsto, tras su clausura en Valladolid, la exposición llegó a Zaragoza y fue inaugurada el 1 de diciembre de 2022, en el marco del Festival La Mirada Tabú, organizado por la directora y gestora cultural Vicky Calavia.

El comisariado y diseño expositivo de esta muestra, es compartido por Betty Bigas y Vicky Calavia. La primera, además de conocer de manera muy cercana el proceso creativo de Luna, al ser su hija, es creadora y diseñadora gráfica. Calavia a la limón, es una experta documentalista e historiadora audiovisual que aporta, además, todo su bagaje y conocimiento del proceso tanto técnico, artístico y muy especialmente, el que tiene que ver con las localizaciones aragonesas. Este aspecto, por cierto, se torna fundamental para la comprensión de esta película. Pero sin duda, este sentido homenaje a la obra de un artista tan polifacético e inclasificable, ha sido posible en gran parte por él mismo, que con dedicación, fue almacenando y archivando, gran parte de los documentos generados durante este rodaje y otros, pero sobre todo conservó muchos de los objetos que para siempre, han quedado grabados en nuestra memoria audiovisual. Las responsables de esta exposición han sabido recuperar este legado y organizarlo de manera apasionante para cualquier cinéfilo.

El proyecto promovido por Celia Orós y Javier Angulo, uno de los mayores expertos en la obra de Bigas Luna, junto al comisariado de Betty Bigas y Vicky Calavia, se ha gestionado desde el Ayuntamiento de Zaragoza y el Festival La Mirada Tabú y ha sido apoyado desde el dpto. de Turismo de Aragón, SEMINCI y la Fundación Municipal de Cultura-Ayuntamiento de Valladolid.

El contenido de la exposición se articula desde la figura de una estrella de David, formada por las dos relaciones triangulares y complejas de los personajes protagónicos. El director las representó de manera simbólica, como puede verse en la muestra, a través de dos triángulos equiláteros invertidos. A partir de esta geometría emocional y sus seis personajes centrales, se distribuyen en el espacio corners temáticos, que ayudan al espectador a comprender y profundizar, no solo en cada personaje, si no también en su intérprete, cuestión esta última acentuada gracias a la ingente cantidad de retratos fotográficos e instantáneas del rodaje, aportados para esta ocasión.

Gracias a esta muestra, el visitante puede tener una mayor información y hacer balance del intricado proceso creativo en la elaboración de la puesta en escena de esta película, cuya riqueza es incuestionable, pero muy especialmente la trascendencia y profundidad en la construcción de sus personajes, que se reparten en un trío maduro interpretados por Anna Galiena (Carmen, prostituta y madre de Penélope Cruz), Juan Diego (Manuel, padre de Jordi Mollà) y Stefania Sandrelli (Conchita, madre de Mollà), enfrentados al trío de personajes jóvenes encabezados por Penélope Cruz (Silvia, la “Jamona”), Jordi Mollà (José Luis, el “Niñato”) y Javier Bardem (Raúl, el “Macho ibérico”). Curiosamente para los actores del trio maduro, Jamón, jamón suponía un cierto regreso a la gran pantalla, mientras que para los jóvenes Cruz, Mollá y Bardem supuso el empujón cualitativo al cine profesional.

Es obligado incidir, en la abundante disposición de objetos, material grafico y audiovisual puesto al alcance del espectador. Por poner una cifra, podemos citar las 85 fotografías, entre ellas algunos de los mejores denominados “Retratos ibéricos” y 11 fotomontajes expuestos o las distintas partes del guion, story board y cartelería de otros países, incluidas. Pero resulta particularmente atractivo, recuperar de la cosmogonía de Luna y en particular del universo erótico-edípico, distintos objetos fetiche e icónicos del rodaje. En este capítulo, podemos ver un corner que vincula el duelo de Mollá-Bardem a jamonazos, con la pintura Duelo a garrotazos (Francisco de Goya, 182-1823) y del que cuelgan los jamones de látex del atrezo, con el que se rodó la escena o el icónico vestido rojo de Penélope Cruz (en este caso recreado desde el original por María Cayetana Murillo), una Yamaha idéntica a la original de Bardem, un zapato "daliniano" soñado por Penélope, o su alpargata de cáñamo, conservada en este caso por la empresa Castañer. Mención muy especial, casi un guiño surrealista, para una reproducción del calzoncillo marca Sansón (recreado por la empresa Marie Claire) o los testículos de la figura del toro de Osborne a los que Jordi Mollà daba puñetazos.

En la exposición se plasma también la intensa relación de Bigas Luna con el paisaje. De hecho, desde el comienzo se explica como descubrió estas localizaciones monegrinas aragonesas, gracias al que entonces fuera su suegro, y como se sintió fascinado y atrapado para siempre en ellas de alguna forma. Disfrutamos de todo esto gracias a algunas fotografías del director, pero de manera especial, a través de extractos de los documentales Aragón rodado (Vicky Calavia, 2014) o Monegros rodado (Vicky Calavia, 2018). Pero esta relación con la naturaleza, tan íntimamente unida al cineasta, no termina aquí, si no que se refleja en el espacio expositivo con la muestra de las hojas de guion que Bigas Luna dejó “pudrirse” en el huerto de su casa, para que evolucionaran como la vida. Este gusto por lo matérico, lo terrenal se puede disfrutar en muchos de sus lienzos.

Estamos, en definitiva, ante una de las exposiciones más atractivas del comienzo del año 2023 por su calidad en contenido objetual y conceptual. Su concepción itinerante marca una musealización muy bien estructurada en bloques temáticos, diáfanos y muy visuales, que, en muchos casos, se apoyan en la grafía y la cromática del propio Bigas Luna. Sin duda, una de los puntos fuertes más relevantes es también es su ubicación en los Antiguos Depósitos Pignatelli, pues se trata de un claro ejemplo de la magia que surge cuando una muestra expositiva encuentra su espacio. Aquí, rodeada de amplitud y la altura que ofrece la bóveda de arista dominante, resalta el protagonismo de los corners que van acompañados de moquetas rojo sangre, un rojo este, por cierto, igual al rojo del Pantone empleado por Luna. Este entorno tan matérico, rodeado únicamente de piedra y ladrillo lavado, adquiere gracias a la sinergia de las formas y colores de la musealización, un inesperado carácter inductor para el espectador y su acceso parece representar una bajada al subterráneo estadio de la psique y la complejidad emocional, que acompañan siempre las narrativas de Bigas Luna.