Gran colectiva de grabados, cuadros de Marina Iglesias, fotografías de Vicky Méndiz

 

Escribir una crítica sobre algunas exposiciones colectivas es infrecuente. Hay excepciones. En la galería A del Arte se inauguró, el 13 de enero, la colectiva Obra Gráfica Contemporánea, que significa un gran esfuerzo para reunir a tan excepcionales obras con el grabado como gran eje. Ante lo absurdo de un comentario sobre cada grabado, transcribimos el listado de los artistas, con españoles y extranjeros, que evidencian su muy alto nivel entre obra figurativa y abstracta. Son: Eduardo Arroyo, José Hernández, Joan Hernández Pijuan, Luis Gordillo, Albert Ràfols-Casamada, Gustavo Torner, Equipo Crónica (integrado por Rafael Solbes y Manolo Valdés), Pablo Palazuelo, Antonio Saura, Miguel Ángel Campano, José Manuel Broto, Roberto Matta, Abraham Lacalle, Josep Guinovart, Antoni Clavé, Antoni Tàpies, Perejaume (Pere Jaume Borrell), José Manuel Ballester, A.R. Penk (Ralf Winkler), Juan Genovés, Pablo Picasso, Bonifacio Alonso, Miguel Ángel Blanco, Enrique Brinkmann, Óscar Manesi, Juan Martínez Moro, Monir (Monirul Islam Patwary), Blanca Muñoz y Santiago Serrano.

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Marina Iglesias, desde el 17 de febrero en la galería A del Arte, nació en Cádiz el año 1991 y termina sus estudios en la Facultad de Bellas Artes de Valencia. En su prólogo, Mensajes de algún código secreto, afirma:

Todo aquello que abre una brecha, que nos lleva a otra cosa que nos inquieta, que en sí mismo nos conduce a una serie de preguntas, que posee similitud de capas o estratos de entendimiento, y que desde la humildad nos motiva a movernos: es ahí hacia donde he ido conduciendo mi interés, donde he buscado mis referentes. Y este interés se enraíza principalmente en la pintura. Una pintura que no deja de mirar otros medios. Y sigue: Partiendo de imágenes mediáticas y sobre todo del cine, reformulo este recurso mediante la pintura. Así, extraigo fotogramas de películas y recontextualizo la imagen en un nuevo medio, investigando la interacción entre el lenguaje matérico del óleo y el medio cinematográfico

La clave, por tanto, es que cada cuadro parte de un fotograma de muy dispares películas. Cuadros de 2015, sobre todo, y 2016, que alcanzan muy alto número, 61, gracias a una serie de 10 x 15 cm., lo que significa una paciencia infinita. Casi toda la obra es sobre tabla y la de mayor formato sobre lino. Se parte de un sobrio color y de la indiscutible técnica, siempre al servicio de infinidad de temas, en muchos casos de películas muy conocidas. Violencia, primeros planos de rostros agresivos o que han sufrido los estragos de la violencia, máscaras, el curioso cuadro Cowboy (es decir, vaquero o vaca chico traducido literalmente) que nos muestra la figura de espaldas con el típico sombrero. Cabe recordar que todo lo relacionado con la figura del cowboy del Oeste, con tantas películas, es absolutamente español, desde las pezuñas hasta el sombrero, sin olvidar la terminología específica. También tenemos fotogramas con dosis de terror o el estupendo primer plano de una boca abierta que enseña los dientes como hipotética amenaza perfil animal.

La exposición es muy atractiva, ni digamos para los amantes del cine, y como idea, partir de fotogramas, tiene su alta dosis de originalidad. Como no se puede estar siempre con dicho punto de partida, creemos, claro, esperamos con impaciencia el desarrollo de otra etapa.

 

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En la galería A del Arte, desde el 30 de marzo, se inaugura Vicky Méndiz. Honne / Tatemae. Fotógrafa nacida en Zaragoza el año 1978 y beca de la Casa de Velázquez en agosto de 2015. La artista, en su breve prólogo, comenta facetas de interés que aclaran las numerosas fotografías exhibidas siempre en color. Afirma:

Honne / Tatemae es un trabajo que realicé en Japón en 2013. El resultado del mismo son una serie de fotografías y un libro autoeditado en el 2014.

Honne / Tatemae indaga en la ambigüedad y el misterio generado por la tensión entre la cara que uno muestra en sociedad (tatemae) y los aspectos escondidos del verdadero ser (honne).

De este modo, al realizar este trabajo, Japón llegó a ser un espejo de mí misma.

El color es muy medido, sin estridencias, como si obedeciera a la realidad de lo fotografiado, siempre al servicio de gran variedad de temas. Veremos, por tanto, la extremada educación japonesa con sus delicadas reverencias, aves, las manos posadas sobre la corteza de un árbol para captar su irregularidad y el latido de su corazón, primeros planos de la vegetación, la mariposa posada sobre una mano, el bosque, dispares paisajes o un plano de numerosas estrellas como ejemplo de infinitud. Todo para captar la intimidad de lo ajeno como si fuera una proyección del pensamiento raptado por la cámara fotográfica.