Francisco Pradilla: Realidad y obsesión hecho arte

Los grandes genios son siempre difíciles de encasillar, por eso sus figuras son tan atractivas, porque suponen una constante ruptura del estilo característico. El arte de Pradilla, fuera de las corrientes de las vanguardias históricas e inscrito en un estilo tardorromántico, nunca faltó a una extraordinaria calidad, que lo situaba  entre los maestros españoles más sobresalientes del último tercio del siglo XIX y principios del XX. Buena prueba de ello fueron las distinciones y premios que a lo largo de toda su vida recibió, y recordaremos que el gran periodista Mariano de Cavia, le citaría como “el mejor pintor aragonés después de Goya”,  Su clientela que estuvo formada por toda la alta burguesía, la nueva y la vieja aristocracia y el propio Estado.  La estrella que fue Francisco Pradilla comenzó a brillar un 24 de julio de 1848, en la localidad zaragozana de Villanueva de Gallego, en una humilde casa de la carretera que conducía a la capital aragonesa, entonces llamada calle del Paso, numero 42. Era el segundo de seis hermanos, cuyos padres eran Miguel Pradilla Pina, natural de Villanueva de Gallego y Martina Ortiz Ortiz, natural de Tardienta (Huesca).

De extracción social baja, y tras pasar los primeros años de vida en su localidad natal, marcho a Zaragoza, donde en 1859 se encontraba domiciliado en la calle del Coso, numero 35, para cursar estudios en el Instituto de Bachillerato, donde aprobaría el primer curso y se matricularía en un segundo que no pudo llegar a concluir, debiendo de abandonar los estudios a los 13 años de edad, el motivo, posiblemente fuese económico, pues como le recordaría muchos años después al pintor local Gascón de Gotor “falto de todo apoyo y sin recursos tuve que dejar el instituto para ser pintor de puertas”.  Debido a sus aptitudes para el dibujo, en el año 1861 empezaría a trabajar como ayudante en el estudio-taller del escenógrafo y pintor Mariano Pescador. Esta primera formación, seria completada en la Escuela de Bellas Artes de San Luis, donde recibiría lecciones de los académicos Eustasio de Mediana y Bernardino Montañés (pintura) y Antonio Palao (escultura).  Una vez obtenida la primera formación zaragozana, y posiblemente apoyado por Pescador, en 1866, abandonará Pradilla la ciudad de Zaragoza para trasladarse a Madrid, alojándose en casa de su tío Simón Pradilla, en la calle de Leganitos 35, con el objetivo de completar su formación, ahí entrará a trabajar en el taller de los escenógrafos  y pintores decoradores Augusto Ferri y Jorge Bussato, y con el apoyo de su paisano el escultor Ponciano Ponzano, prepararía su ingreso en la Escuela Superior de Pintura, y Escultura, a su vez decide completar sus estudios en el estudio de Federico Madrazo y en las clases nocturnas de la  Agrupación  de Acuarelistas. Durante esos frenéticos primeros años, Pradilla colaboraría con algunas revistas como La Ilustraciónde Madrid  o para La Ilustración Españolay Americana

En 1873 la Academia Española de Bellas Artes de Roma, convoca las primeras plazas de pensionado. El joven pintor, que por entonces tenía25 años, y tras pasar las correspondientes pruebas, alcanza una de las plazas de pensionado de numero por la pintura de historia, por un periodo de tres años de estancia en Roma, tomando posesión de su pensionado el 1 de abril de 1874, conviviendo con los españoles Alejandro Ferrant (pensionado de mérito) y Castro Plasencia (pensión de número).

 La fama excepcional del artista villanovano, despertó gran interés de los paisanos aragoneses, encargándole ese mismo año su amigo Agustín Piero y Sevil, concejal del consistorio zaragozano,  dos retratos de los reyes de Aragón, Alfonso I el Batallador y Alfonso V el Magnánimo. En febrero de 1880, la Academia de Bellas Artes de San Luis, le nombrará académico correspondiente. Pradilla, en estos momentos se encuentra en su cenit. El 19 de junio de 1878, el Marquésde Barzanallana, Presidente del Senado, le encarga la ejecución de un gran lienzo con el tema La Rendiciónde Granada, obra que le consagrará artísticamente, y  mientras ejecutaba la obra encargada para el Senado en Roma, dirigirá durante un breve paréntesis, entre septiembre de 1881 y abril de 1882, la Academia de Bellas Artes de Roma, sustituyendo en la dirección a Casado de Alisal. El éxito alcanzado de La Rendiciónde Granada permite que el Gobierno Español le concediera la Gran Cruz de Isabel La Católica, por ello la Real Academia de Bellas Artes de San Luis de Zaragoza felicitaba al artista y le nombraba Académico de Honor. La intensa actividad pictórica del artista, se complementa con algunas de las mejores composiciones salidas de su firma, para los techos del nuevo Palacio de los marqueses de Linares de Madrid, obras de grandes dimensiones que realizará al óleo en Roma en 1886. Pero la desgracia  caerá  sobre su familia, la quiebra de la casa de banca de Ángel Villodas, en la que tenía depositados todos sus ahorros, unas 236.000 pesetas, no pudiendo recuperar más que 18.000 pesetas después de nueve años de pleitos, esto sumado a muerte de su hija Isabel, cuando la niña contaba con tres años de edad, haría que el artista cayera en una terrible crisis. Sólo el trabajo y el apoyo familiar, hicieron a Pradilla volver a levantar cabeza.  En 1896, se le ofrece a Pradilla dirigir el Museo del Prado al fallecimiento en enero de ese mismo año, de su director Vicente Palmaroli, curiosamente sustituía Pradilla a quien le sustituyo a él, trece años antes, en la dirección de la Academia Española de Bellas Artes de Roma. Cargo que no ocuparía hasta enero de 1897. En busca de un acomodo confortable para toda su familia y estudio, adquiriría una villa de estilo neo-árabe  en la esquina formada por la calle de Quintana con el Paseo Rosales, con una amplia vivienda provista de distintas habitaciones y un pabellón que podía dedicar para estudio. Pradilla se encontró muy pronto atrapado por las limitaciones administrativas y por un personal elegido por recomendación y a capricho, además tuvo que combatir los ataques de que fue objeto por parte de la prensa, tras la desaparición de un pequeño boceto de Murillo Santa Ana enseñando a leer a la Virgen María niña. El 29 de julio de 1898 Pradilla cesó de su cargo, ocupándolo el pintor Luis Álvarez Catala, hasta entonces subdirector, candidato del ministro, y al parecer, protegido de la Reina Regente.

A sus cincuenta años, cansado y escarmentado, su reacción ante esta situación sería firme: jamás volvería a ser instrumento de intereses oscuros. Su aislamiento se irá haciendo poco a poco más consciente, sin mostrar en exceso su obra, ni formar discípulos, dedicándose por entero a su pintura y a la venta de sus obras a los marchantes. Su relación con su tierra natal era prácticamente inexistente, algunas horas en Zaragoza, donde viviera sus años de juventud, para continuar sus viajes a Madrid o Roma, algunos viajes al balneario de Alhama de Aragón (Zaragoza) y al Monasterio de Piedra,  donde tomaría apuntes de paisajes en los que enmarcará algunas de las más hermosas pinturas mitológicas  como La lectura del Anacreonte o Pasando el arroyo. Aún así Pradilla seguía  siendo considerado como una “gloria zaragozana”.Pradilla se había convertido con los años en una sombra, en un recuerdo, en una mole de amarga celebridad. Desde 1917, la salud del artista iba minando poco a poco sus facultades físicas, reconcentrándose más en su última  serie de obras, Las manolas en la calle Alcalá, trabajando sin descanso. Cuando la parca decidió cerrarle definitivamente los ojos el día de Todos los Santos de 1921, a los 73 años, a causa de una arterioesclerosis generalizada, muchos se quedaron estupefactos, pues pensaban que el artista hacíatiempo que se peleaba con la eternidad de la muerte en el laberinto de las tinieblas.

El Gobierno de Aragón, a través del Museo de Zaragoza, hace su particular homenaje a la figura de Pradilla en el año del centenario de su fallecimiento con la exposición temporal que lleva por título: Pradilla y la pintura. Contexto de una obsesión. La muestra comisariada por Marisa Arguís, conservadora del centro,  incluye una treintena de piezas entre obra gráfica, óleo y escultura;recoge las diferentes etapas del artista aragonés, desde su formación temprana en Zaragoza y Madrid, su posterior paso por Roma, su fase como director del Museo del Prado y el reconocimiento de su obra, hasta su obsesión por la reina Juana I de Castilla y sus últimos trabajos. En la primera parte de la exposición el visitante puede apreciar una selección de obras de Pradilla procedentes de los fondos del Museo de Zaragoza, entre las que destaca el Autorretrato realizado en 1887 y los retratos de Doña Pilar Villanova (1814) y el de  su cónyuge D. Mariano Royo Urieta  (1905).

Compañeros, discípulos y amigos

En este segundo bloque se presenta una selección de obras procedentes de distintas instituciones de artistas que tuvieron una relación directa con Pradilla; desde Ponciano Ponzano, Joaquín Sorolla, quien se proclamópúblicamente discípulode Pradilla,Alejandro Ferrant, José Casado del Alisal o Juan José Gárate, que incluyó a Pradilla en ese magnífico retrato colectivo titulado Vista de Zaragoza, que guarda como si de un tesoro se tratase la Diputación Provincial de Zaragoza, entendiéndose como una muestra más de afecto y admiración de Garate hacia el artista de Villanueva de Gallego.

La reina Juana I de Castilla: una obsesión

El tercer y último bloque de esta exposición está dedicado a esa obsesión que para Pradilla fue la reina Juan I de Castilla. Durante el tercer y últimoaño de pensionado, Pradilla prepararía el primer gran éxito de su vida Doña Juana la Loca, obra presentada a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1878, recibiendo la primera medalla de Honor, obteniendo la misma obra importantes reconocimientos en distintas exposiciones como la Universal de Paris celebrada el mismo año. La obra cumplía con los gustos tardorromanticos del género: la locura por desamor, la pasión amorosa no correspondida. La fuente literaria la encontró Pradilla en un pasaje de la Crónica de  Pedro Mártir de Angleria, que refiere la locura de la reina durante la traslación del cadáver del monarca consorte a finales de diciembre de 1506 desde la Cartuja de Miraflores, en Burgos a la Catedral de Granada. El éxito de esta pintura motivó la reproducción de la misma en muy diversas técnicas: fotografía, estampa e incluso relieve troquelado. Adquirido el cuadro por el Estado a propuesta del Ministerio de Fomento, en la actualidad se encuentra en el Museo del Prado.En esta parte de la exposición destaca el lienzo La reina Juana La Loca recluida en Tordesillas junto a su hija la infanta Catalina (1907), depósito del Museo del Prado en el museo zaragozano y el hallazgo en los almacenes del Museo de Zaragoza de la plancha de madera El hogar de una casa propiedad del duque de Frías en Ocaña (1871) que se empleó para reproducir en uno de los números de la revista La Ilustración Española y Americana.

Museo de Zaragoza. 26 de mayo- 19 de septiembre del 2021

Número 55

Junio 2021
José Antonio VAL LISA
Miembro de AACA, AECA y AICA.
Fecha de recepción: 26/6/21
Fecha de aceptación: 28/6/21
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