En el Instituto Aragonés de Arte y Cultura, el 13 de abril, se inaugura la exposición Polifonías. Rafael Navarro, con numerosas obras del artista en el catálogo y dos prólogos que se complementan de maravilla, pues el de Alejandro J. Ratia es un exhaustivo texto centrado en la obra del artista y el de Sara Sáenz-Díez Alonso es una entrevista al fotógrafo, en ambos casos de obligada referencia.
En el catálogo se reproducen obras desde 1976 hasta 2015, lo cual ofrece una magnífica panorámica para captar la evolución del artista y sus temas preferidos. La fotografía en blanco y negro es la preferida del artista, pero hay un pequeño conjunto en color, de 2015, que ofrece una idea sobre su magnífico sentido cromático e intachable composición. Citamos, por tanto, No identificados, con esas figuras humanas borrosas que, al parecer, caminan hacia destinos sin determinar, Máscaras rituales, mediante nueve fotos en una que son como secuencias también borrosas en las que se vislumbra algún enigmático rostro, Rito, con el medido color al servicio de nueve imágenes repletas de misterio sobre fondos neutros, El muro, basada en el mismo desnudo femenino recortado sobre un muro que muestra en nueve imágenes para mostrar diferentes visiones, Panteón, a través de 25 imágenes dentro de otros tantos círculos que señalan variantes nubosas, Dos lunas, mediante un hermoso y exquisito paisaje que se extiende paralelo a la base hasta el infinito y se alumbra con dos lunas llenas volcadas de blanco esplendor, Fragor, basada, salvo error, en pelos humanas que adquieren movimiento, Rizos, con delicados rizos humanos posándose sobre la piel y Zarandeo, mediante 25 fotos con el mismo número de palmeras agitadas por el viento.
A partir de aquí tenemos un alto número de fotos en blanco y negro, siempre excepcionales, que abordan variados temas. En síntesis. El androbosque, de 1986, es una singular obra uniendo la idea, ramas en quiebros, y su forma humana, como una abstracción transformada en tema figurativo. La serie El silencio, de 1988, es modélica por la carga misteriosa sustentada, quizá, por una fantasmal figura humana. A sumar fotos tan cambiantes en lo formal como Ritmos, de 1992, Trasfondo vital, de 1993, y Piel infinita, de 2015, mientras que Tríptico de la luna, de 1998, y Tríptico del sol, de 1998, son semejantes por forma y erosión. Sin obviar joyas como la serie Dúo, de 1989, Los siete signos, de 1989, o El callejón sin salida, de 1989, con esa mano que busca una salida, también tenemos las numerosas fotos con el desnudo femenino como gran asunto que aborda desde hace años, el cual sirve para alterar la realidad del tema y mostrar otros perfectamente acoplados. Al respecto basta con citar Ella, de 1987, El desafío, de 1990, El aroma de la entrega, de 1998, Ritornello, de 1998, El ciclo oferente, de 1993, Divertimento a tres, de 2015, Desencuentro, de 2015, Fugaz, de 2015, Talsa, de 2015, y Anclada, de 2015, con el desnudo femenino de espaldas y el magnífico juego geométrico.