Ya antes, en el mismo espacio el año 2013, expuso El origen del invierno, pero ahora el zaragozano Antonio Uriel, desde el 3 de mayo en la galería Spectrum Sotos, exhibe un conjunto de 26 fotografías en blanco y negro bajo el título Alud Portátil. Tamaño mediano y obras sin titular como simple dato. Estamos ante uno de nuestros mejores fotógrafos a nivel nacional, con una obra coherente, sólida, imaginativa, siempre partiendo del fotocollage como depurada técnica, lo cual le permite abordar cualquier tema con inconfundible estilo propio. En su texto para la exposición traza, muy en síntesis, un intachable cuerpo teórico de alto nivel que arranca del pasado, sin olvidar el ámbito del primer surrealismo o el pensamiento de Roland Barthes y de John Berger. Sin duda todo en relación con la fotografía. También comenta que hay un nexo entre aquella exposición de 2013 y la actual a través del concepto alud vinculado al título de la exposición.
Antes de comentar la exposición cabe detenernos en el magnífico autorretrato. Se fotografía de frente con medio cuerpo mirando a la cámara, dentro de un generalizado color oscuro y un racionalista plano vertical que es una abstracción geométrica con planos blancos y grisáceos. Estos contrastes de formas y colores, como chispazos blancos estallantes, los muestra en todas sus obras. Las restantes fotos pueden dividirse en dos temas: interiores y exteriores con la calle como protagonista dentro de un medido paisaje urbano.
Ejemplos de interiores. La pierna de un hipotético personaje que ve la ¿televisión? Dentro de una especia atmósfera. La escalera, tan querida por el fotógrafo, que abarca dos plantas con visillos moviéndose para ampliar el toque enigmático por inquietante vía amenaza. Un colchón y ropa desordenada, como en la obra con los muebles. Y, para concluir, una cama con ventana para sugerir el exterior. Todo para indicar la presencia humana.
Ejemplos de exteriores. Baldosas con plano lleno de reflejos. Una calle con figuras en actitud natural. Paisaje urbano con ramas en un primer plano y figuras difuminadas al fondo. Losas alteradas por una franja de adoquines, forma de reflejar el pasado, y las piernas de una figura. Calle oscura alterada por un plano rectangular como si fuera una gran pantalla con imágenes. Rincón de una calle con banco y palomas para mostrar lo natural cotidiano. Y fábrica con nubes y su típico plano rectangular cual pantalla.
En ambos casos, interiores y exteriores, escrito con tan esquemática frialdad parece como si las fotos carecieran de toque mágico. Todo lo contrario pues vibran con dispar intensidad al servicio de cambiantes sensaciones y formas.