En los pueblos antiguos, en las culturas primitivas, en las sociedades rurales del mundo católico, la delgadez produce repugnancia o espanto porque se asocia con el hambre y la enfermedad. La tradición grecolatina estableció un canon de la belleza fundado en la armonía de los miembros, lo que no excluía la robustez; más bien, en la mayor parte de las épocas históricas, la reclamaba. Botero es el artista latinoamericano vivo de mayor éxito universal. Su obra tiene una personalidad tan arrolladora que ha traspasado fronteras, tomando posesión en los sectores populares del mundo entero. La extensa población que recorre su pintura y su escultura, llena de humanidad, de formas rotundas, de curvas plenas y colores radiantes, creando una imaginería, que se ha colocado entre las más originales e identificativas de la historia del arte contemporáneo. Pero no todo ha sido éxito en su carrera, en los años sesenta en Estados Unidos. La tendencia en el arte era el expresionismo abstracto, con figuras como Jackson Pollock y Willen de Kooning. Su respuesta estética y figurativa, basada en el rescate de las más importantes tradiciones plásticas de otras épocas, lo colocó exactamente en la contracorriente dominante. Fueron épocas difíciles de trabajo en medio del rechazo y del vacío. Su tenacidad y disciplina lo sacaron adelante aun en los momentos más difíciles de ese entonces. “Yo soy una protesta contra la pintura moderna”, solía decir. Quizás sea esto lo que le ha caracterizado la voluntad de mantenerse fiel a las convicciones artísticas, a favor de los clásicos y en contra de la vanguardia; a favor de la tradición y en contra de los ismos, sin importarle lo que piensen los demás.
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La exposición Fernando Botero. Celebración está dividida en las temáticas más importantes que han ocupado la obra de Botero y su creatividad a lo largo de setenta y cinco años de trabajo. Casi todas las obras expuestas, forman parte de la colección particular del artista. El punto de partida de su producción artística surge de sus raíces en su natal Medellín, Colombia. A partir de los recuerdos de su infancia y juventud, realiza la propuesta central de su obra, en la que conjuga la tradición estética occidental, con la experiencia latinoamericana, sin embargo el artista no pinta América Latina, sino más bien productos de sus recuerdos. Sus cuadros de versiones y homenajes a los artistas y a las obras que tanto admira de la historia del arte universal ponen en evidencia el punto de referencia que ha significado, entre otras muchas, la pintura europea en su obra, y en especial la del Renacimiento italiano. En el 2004 Botero se apartó de los temas amables y de la celebración de la vida, tradicionales en su obra, para dedicarse de lleno a las atrocidades que se cometieron por parte de los soldados estadounidenses en la cárcel de Abu Ghraib en Iraq, la misma que fue escenario de los horrores del régimen de Saddam Hussein. Por su parte, la escultura, que apareció en la obra de Botero a mediados de la década de los 70 como una extensión natural de su interés en el volumen y la sensualidad, se ha convertido para él en un oficio tan importante como la pintura. Sus obras en bronce de tamaño monumental han sido expuestas en más de veinte de las ciudades más importantes de todo el mundo. La escultura Caballo de bridas (2009) se exhibe en el exterior de la sede central del Museo Bellas Artes de Bilbao, como parte de la muestra, que añade una faceta muy poco conocida en Botero, la incursión en el campo de la literatura. Entre los años 1980 y 1981, Botero escribió e ilustró varios cuentos que aparecieron publicados en el periódico dominical El Tiempo y que por primera se reúne una selección.

El mundo de Botero es ante todo plástico; su atractivo y su fuerza derivan en su rico cromatismo, su destreza técnica y su esplendidez pictórica. La estética de Botero es la negación del feísmo, la más alta conquista del arte contemporáneo. La gordura es en su obra, instrumento de transformación de la vida antes que la vida misma, una manera de imprimir a la realidad recreada en sus telas cartulinas y esculturas unas características propias insustituibles que transcienden a todo lo que hoy conocemos como estético. En la obra creada por Botero, no hay sitio para la muerte, la decadencia, la violencia o la crueldad. Tampoco para el odio. Todo aquello que dibuja, pinta o esculpe, despierta su solidaridad y su afecto. Por ello toda su obra arde como fuego original, a través de un alegato, que formula sin proponérselo.
Fernando Botero. Celebración
Museo Bellas Artes de Bilbao
08/10/12- 20/01/13
