Hasta el próximo 29 de octubre podrá visitarse esta exposición pionera en nuestra ciudad por varios aspectos. En primer lugar, porque la entidad que está detrás, Chez10@IHZ, es una galería digital formada por artistas de diferentes nacionalidades que se han unido para dar a conocer sus trabajos, si bien es cierto que algunos de ellos ya lo son sobradamente en el medio fotográfico. Por otro lado, el espacio que alberga la colección, Impact Hub Zaragoza, un lugar de encuentro para profesionales, que sigue la práctica relacional del coworking, muy extendida en otros ámbitos. Y, en tercer lugar, por tratarse de una colección limitada (“colección cápsula” es denominada en el dossier de la muestra), 10 imágenes en total, que se ofrecen al potencial comprador. Así, en efecto, se nos presenta una fotografía por cada artista partícipe, todas producidas a lo largo de este año 2021, con planteamientos temáticos diversos, aunque se ha intentado establecer un “diálogo dos a dos” a partir de concomitancias formales, temáticas o compositivas.
El conjunto busca plasmar un compendio mínimo de la fotografía artística actual recurriendo, no obstante, a estrategias discursivas y formales sustentadas en la tradición por cuanto vamos a ver retratos, paisajes, reportaje, cierta aproximación a la fotografía de moda y, por último, a las búsquedas vinculadas con la fotografía que podemos denominar subjetiva o plástica. En este sentido, en el reducido espacio de la sala podemos contemplar la obra del francés Franck Boutonnet, que con su Tree I propone una reconsideración del paisaje urbano, enfocando la presencia superviviente de la naturaleza en forma de árboles singulares junto a los fríos y ultramodernos rascacielos de Dubai. Todo ello destila una especie de poética que opera por contraste, la irregularidad del tronco y las ramas del árbol, emplazado en un solar de tierra todavía sin urbanizar, frente a las líneas ortogonales verticales, desafiantes, y la repetición de las innumerables ventanas de los bloques del fondo de la composición.
Seguidamente, la libanesa Lara Zankoul, con su Split presenta un particular retrato que rompe con los estereotipos de género a través de la androginia: el rostro de un joven en primer plano, con los labios pintados en rojo y con largo pendiente de perlas, aparece sumergido parcialmente en agua (todo ello conseguido por medios digitales), un elemento éste –el agua- que también concurre en otras de sus obras (igualmente sucede con el aire, lo que dota a sus imágenes de un carácter etéreo, en el que los personajes aparecen suspendidos en escenarios muy sugerentes), a veces protagonizadas por parejas (Beirut 06.07 y Beirut 06.072) en actitudes extrañas, de significado hermético, que invitan a la libre interpretación y que, por ello mismo, han sido consideradas como “surrealistas”.
A continuación, el alemán Konrad Langer presenta en Shadow circles una visión, de nuevo, del paisaje urbano, por medio de una sucesión de formas geométricas circulares que generan una suerte de ritmo continuo y ordenado. Estamos ante un tratamiento plástico, subjetivo, de determinados espacios de Berlín, ciudad en la que está afincado, donde el color, además de las líneas y de los diferentes planos, desempeña un papel fundamental en la configuración de detalles que solo el ojo selectivo del fotógrafo sabe detectar. Para ello, descarta el empleo de la cámara fotográfica convencional y utiliza su Smartphone. Cambia la herramienta y también los canales de difusión, puesto que todas sus imágenes las publica en su canal de Instagram.
La española Susana Barberá, en Circle of life, reinterpreta el elástico género del reportaje, ambientado una vez más en la ciudad, en su caso, Nueva York, para introducir una nota humanista. Ello sin descuidar los elementos compositivos y un exquisito tratamiento del blanco y negro, a la manera clásica, es decir con un elegante y suave contraste, presente en muchas de sus fotografías, como ocurre en sus imágenes de estudio, de desnudo (There is not mountain high enough), que nos recuerda a algunos de los trabajos del zaragozano Rafael Navarro.
También de estudio es la toma de la rusa Elena Bembi, que en Checkmate se ocupa de la figura humana sutilmente encuadrada, donde la pose estudiada de la modelo, ataviada con zapatillas de bailarina clásica, despliega todo su sentido de elegancia que es propio de la fotografía de moda. Este tema de la danza es bastante habitual en el conjunto de su trayectoria, explotando al máximo la belleza plástica de las coreografías a veces de parejas, siempre en blanco y negro. Una relación ésta entre la fotografía y la danza que ha sido muy productiva y con unos resultados realmente interesantes.
La naturaleza muerta es el elemento protagonista en la obra del mexicano Luis Garvan, Botánica 47. Austeros bodegones de raíz pictórica (Botánica 329) que semejan una reactualización de la estética zurbaranesca (permítaseme el lugar común). Precisamente en esa austeridad y aparente simplicidad encuentra su autor la clave de una belleza sutil que transmite la concienzuda composición que hay detrás de todos ellos y la determinante acción de la luz en buena parte de los mismos. En la citada imagen, la silueta de la planta congenia con el volumen del elemento ovoide y con la superficie de madera de la mesa en que éste se dispone, sin olvidar la pared de fondo. Silencio y quietud hacen acto de presencia para conformar un conjunto armónico, en la mejor estela de los bodegones de su compatriota Manuel Álvarez Bravo.
El también mexicano Fer Juaristi, en su NZF1, hace una particular revisión del género paisajístico como si el objetivo de su cámara atravesara el cristal de una ventana, consiguiendo un efecto de reenfoque y superposición de las masas boscosas y de la tierra (¿y agua?) procedentes de ámbitos distintos. El encuadre no es suficiente para definir una visión unívoca. Las lecturas son variadas más allá de la supuesta concreción del tema, al igual que sucede con otras tomas en las que introduce nociones tan distintas como la ironía (MTFBWYA), lo festivo-antropológico (VV) o lo poético (Unilost).
Una ventana real hace de mediadora en la obra homónima del vasco afincado en Biescas Pedro Etura. De nuevo, la capacidad de sugerencia se erige en fundamental, de tal manera que el primer plano queda en penumbra, desenfocado, apenas una tímida lumbre aporta algo de luz, mientras que el exterior, poblado de árboles y aves en vuelo, se abre paso luminoso y nítido. Contemplando esta imagen vienen a la mente reminiscencias del paisaje pictórico decimonónico, tal es el clasicismo que impregna la toma, acrecentado todavía más en otra obra de su autor, Lago y niebla, que contiene toda la grandeza e inconmensurabilidad de la naturaleza, resabio romántico que ya estaba presente a mediados del siglo XIX en los trabajos del estadounidense Carleton Watkins, localizados principalmente en el valle del Yosemite.
De regreso a Europa, la francesa Pauline Petit aborda en Taudette una peculiar retratística de acuerdo a un concepto muy coherente y uniforme en su trayectoria: rostros siempre frontales y aderezados con la aplicación de distintas técnicas, incluyendo la pintura, para dar lugar a un resultado humorístico, desenfadado, con un ligero toque pop, y con guiños a célebres artistas de vanguardia como Picasso o Magritte, a los iconos de la sociedad de masas, como las Pin-Ups, o a algunos personajes del reciente cine de animación, como los Minion. Toda esta amalgama desdibuja conscientemente la tediosa distinción entre alta y baja cultura.
Y, por último, el catalán Alfonso Vidal-Quadras, con su Body Sketch 3, que presenta un dinámico desnudo femenino en estudio. La modelo se mueve frenéticamente y, con ello, se reproduce el viejo efecto de borrosidad que ya los futuristas ensayaran y que otros posteriormente han seguido practicando en función de diferentes intereses. El estatismo inherente a priori –como el objetivismo- a la fotografía se hace añicos con esa gestualidad desaforada, como si se tratase de una danza tribal. El espacio para la toma es indefinido, no hay ningún referente espacial ni coordenadas concretas, lo cual constituye una especie de rito primordial.
En conclusión, una exposición variada por los nombres que se dan cita y las obras presentadas, breve en cantidad, pero representativa para conocer algunas de las tendencias por las que discurre el panorama fotográfico internacional actual.