En los últimos años el patrimonio termal ha despertado el interés de las universidades francesas, tal y como demuestra el desarrollo del programa TCV-PYR (Thermalisme Culture Villegiature Pyrénées) liderado por la Université de Toulouse-Jean Jaurès con la colaboración de la Université de Pau et des Pays de l’Adour, l’Université de Perpignan-Via Domitia y los servicios del inventario de las regiones de Occitanie y Nouvelle-Aquitaine. Dicho programa, financiado con fondos FEDER, se destinó a la investigación, inventariado, puesta en valor y difusión del patrimonio termal en la vertiente francesa de los Pirineos. Dicha línea de trabajo ya había sido explorada por autores como Dominique Jarrassé, profesor de la Université de Bordeaux-Montaigne que dedicó su tesis doctoral a finales de los 80 a la arquitectura termal francesa del periodo romántico. Hoy en día, esta vía de investigación sigue abierta, tal y como demuestran encuentros científicos como el celebrado en Pau a comienzos de este mes bajo el título “Patrimoine thermal, de la gloire au péril”, dirigido por Viviane Delpech y en el que se dieron cita especialistas de ambos lados de los Pirineos.
La autora de este libro es investigadora y docente en la citada universidad de Pau, donde trabaja en el seno del Laboratoire ITEM. Sus investigaciones se han centrado sobre la historia de la arquitectura del siglo XIX, abordando el trabajo de Viollet-le-Duc en el château d’Abbadia en Hendaya —su tema de tesis doctoral— y, posteriormente, trabajando en cuestiones como la diáspora vasca o la arquitectura termal en el seno del TCV-PYR. Fruto de estos últimos trabajos surge el libro que aquí reseño, destinado al estudio de la arquitectura termal en la histórica región del Béarn, que forma parte hoy en día del departamento de Pirineos Atlánticos.
A pesar de su breve extensión, el libro aborda la cuestión del patrimonio termal de esta zona de los Pirineos de manera muy transversal. Para ello, primero se analizan en el capítulo titulado “Del culto a las aguas al consumismo termal” algunos temas como el culto y utilización de las aguas termales de las estaciones bearnesas desde la Antigüedad, pasando por periodos gloriosos como el Renacimiento, cuando estos establecimientos eran frecuentados por la corte de los soberanos de Navarra. Sin embargo, casi todo el interés se sitúa en el siglo XIX, verdadera edad dorada del termalismo en Francia, desde el Segundo Imperio y, especialmente, a comienzos de la Tercera República. La autora también ahonda en las transformaciones vividas por el este modelo de turismo termal, incidiendo en la crisis comenzada a finales del siglo XIX y perpetuada en la siguiente centuria, cuando dejaron de ser espacios para el disfrute burgués y se convirtieron en la sede de un turismo sanitario subvencionado por la seguridad social francesa. También aborda la configuración de un modelo arquitectónico y urbanístico en estas estaciones termales, con edificios construidos en un lenguaje clásico y elegante, rodeados de jardines y de instalaciones como casinos, quioscos, capillas y parques.
Los siguientes capítulos se destinan al análisis de las dos estaciones termales más importantes del Béarn: Eaux-Bonnes y Eaux-Chaudes. La primera vivió un gran desarrollo en la segunda mitad del siglo XIX con la llegada de la emperatriz Eugenia de Montijo y de muchos otros miembros de la aristocracia y de la alta burguesía. Situada bajo el macizo del pico de Ger, Eaux-Bonnes se compone de un importante núcleo termal alrededor del cual se sitúa una capilla neogótica con decoraciones Art Decó, un casino, el célebre Grand Hôtel des Princes, un jardín y numerosas villas particulares dispersas entre los paseos que parten del núcleo urbano y se introducen en la naturaleza. Eaux-Chaudes, por su parte, era muy conocida desde el siglo XI, cuando fue frecuentada por Sancho Ramírez, Gastón de Béarn y su esposa Talèse de Aragón. Más adelante, acogería a la corte navarra y viviría una nueva edad dorada en el siglo XIX, cuando se levantaron el núcleo termal, la iglesia de la Sainte-Trinité y construcciones como el Hôtel de France. El último capítulo del libro se dedica a microestaciones como Bains de Secours, Rébénacq, Bains du Broca, Ogeu-les-Bains, Lurbe-Saint-Christau y Fontaines d’Escot.
Además de sus esclarecedores textos sobre los balnearios franceses de esta zona de la cordillera pirenaica, otro de los intereses de este libro es la gran cantidad de material gráfico que aporta. Para cualquier historiador del arte interesado en los viajes de los artistas decimonónicos, esta obra ofrece un rico repertorio de litografías, pinturas y fotografías realizadas en esta época, que nos ofrecen una imagen muy valiosa del turismo termal en el siglo XIX. Además, otro valor añadido son los textos de la etnóloga Mathilde Lamothe, que aporta datos sobre las formas de entretenimiento en los balnearios, las aguas, las plantas curativas o las danzas tradicionales del valle de Ossau.
En definitiva, nos encontramos ante un libro breve pero muy bien documentado, de interés para el estudioso o para el público en general. Ojalá sirva de modelo para futuras publicaciones sobre patrimonio termal en España, un campo todavía poco investigado y difundido en nuestro país.