En la Lonja de Zaragoza, del 25 de marzo al 25 de mayo, se pueden admirar las esculturas de Santiago Gimeno, Zaragoza, 1952, con su primera exposición individual en 1992. Bajo el evocador título Camino de Ecos, la exposición no es una merecida retrospectiva, pues con 62 años se ve, según nos dijo, como un artista hacia adelante, lo cual es más que un buen dato sobre tan permanente ilusión. Prólogos de Jaime Ángel Cañellas y Antón Castro.
Estamos ante 18 esculturas, de 2013, hechas para el espacio de la Lonja, una de cuatro metros de altura como orientación, con materiales tipo madera de abeto policromada, hierro y acero cortén, lo cual significa que existe un predominio absoluto de la forma. En las siete esculturas de abeto a destacar el iluminador y delicado azul que permite captar las texturas de la madera. A partir de aquí destaca el positivo derroche geométrico con el ángulo y la curva, solo en Las flores del mal, como una constante, que le sirve para mostrar una excepcional complejidad formal. El muy variado campo geométrico, siempre con gran fuerza, acumula rectas como extrañas escaleras conducentes hacia nada y todo, el equivalente a torres que terminan con variados remates vistos desde la proliferación formal para reventar por su variedad, los cubos que ascienden, más cubos cerrados atesorando cualquier misterio y el equivalente a mesas, los grandes rectángulos en cuyo interior estallan las formas alargadas, la caja que se abre para lanzar dispares formas, la exquisitez en Las flores del mal, cuyas formas evocan a varias hojas gracias un acariciante ángulo obtuso o el sucesivo campo formal del rectángulo hueco que asciende hacia el hipotético infinito. Pero todo, salvo rara excepción, mediante un sutil movimiento en las obras con tendencia ascendente o en las formas que se cruzan dentro de un inmóvil rectángulo. A sumar el suculento juego del vacío interior, cuando se da, como espacio envolvente e inaprensible al estar inmerso en su oscuridad, como intrigante no luz que atrapa y atrapa.
Conocemos al artista. Seguro que al reto de 18 obras hechas durante un año para un espacio tan abrumador como es la Lonja, se añade el placer medio doloroso de ir acabando una escultura y otra y otra, dentro de una idea concreta y con la seguridad de su coherente desarrollo desde una línea específica por unidad formal. Exposición rotunda.