En el Torreón Fortea, desde el 21 de enero, tenemos la exposición Moisès Gil. Reflexiones sobre el espacio escultórico, con impecable y muy abarcador prólogo de Romà de la Calle, Catedrático de la Universidad de Valencia. Estamos ante un excepcional artista nacido en Cocentaina (Alicante) el año 1963, lo cual significa que tiene una dilatada trayectoria escultórica desde su primera exposición individual en 1985, con 22 años.
Esculturas, entre los años 2006 y 2015, dentro de una línea inconfundible en lo formal y en los materiales basados en acero y aluminio, sobre todo, y acero y poliestar. Las obras son la combinación de dos temas. Las viviendas son de acero oscuro y las figuras humanas de aluminio o poliestar para contrastar mediante el color y, por supuesto, el tema. Lo que se entiende como vivienda varía mediante unas hermosas abstracciones geométricas que son obras de arte sin necesidad de la figura humana, aunque es cierto que ésta ofrece un contraste que rompe tanta racionalidad. Al respecto, basta con citar las esculturas Enfrentamiento, 2006, con dos figuras subiendo dos rampas dispuestas a pelearse, Desde el precipicio, 2013, con la figura que se sujeta para no caer al abismo, Ensimismado, 2014, con la figura en actitud de pensar, Horizontal, 2015, con la figura en dicha posición, Reflexivo, 2015, con la figura en actitud reflexiva, Haciendo camino, 2015, con la figura caminando, o Espacio privado, 2015, con la figura rodeada por la geometría. Las restantes esculturas muestran una arquitectura plana con ventanas y puertas, que sirven para ubicar una o varias figuras. Dicha figura es muy corpulenta y expresionista en el sentido de la musculatura, que vive y siente dispares circunstancias, en ocasiones íntimas, pues basta con citar títulos como Meditación, 2014, con la figura sentada sujetándose las piernas y el rostro entre éstas, Bajando, 2014, con la figura bajando la escalera, Proyección del pensamiento, 2014, con la figura en actitud reflexiva Pensamientos opuestos, 2015, con dos figuras en cuclillas y la cabeza entre las piernas, Ciudad, 2015, con numerosas figuras, o Comunicación, 2015, con varias figuras dispuestas a comunicarse. Figuras, según indicábamos, que respiran dispares actitudes producto del pensamiento o de la realidad más o menos cotidiana, en ocasiones un tanto descriptivas. Si nos dieran a elegir, sin ánimo extraño, preferimos las esculturas que son abstracciones geométricas pero eliminando cada figura.
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Titulada Eduardo Lozano. Aire libre, desde el 17 de marzo en el Torreón Fortea, con prólogo del escritor Ismael Grasa, tenemos un conjunto de cuadros con aclaradores títulos como Cielo, Tempestad, Nube, Campos y nubes, Tormenta, Paisaje de verano, Campos, Campos al anochecer, Ocaso, Barranco, Naturaleza, Río, Paisaje o Paisaje urbano. Todos de 2015. Dicho así, en plan frío, parece como si estuviéramos ante el paisajista de turno. Nada de nada. Las partes se fusionan para crear extraordinarias obras de arte. Tenemos, por tanto, las cambiantes y exquisitas texturas, un maravilloso sentido del color con sus puntos perfil estallido, la sensación de movimiento, la infinita variedad de planos informales y la suelta técnica, todo en su sitio, que se conjugan para que reine el ámbito de la sugerencia con el tema anunciado a través del título. Siempre sin olvidar que lo sugerido puede transformarse, si procede, en excepcionales abstracciones expresionistas.


