Bajo el título Saltamorten, desde el 5 de noviembre en la galería Finestra Estudio, el escultor Mario Gómez Calvo, Zaragoza, 1959, demuestra con tres esculturas su total capacidad para sorprender, aunque no olvidemos que el proceso de ejecución es muy lento por el propio material.
Papa muerto, escultura sobre la pared, es el tema de un Papa muerto hace siglos, de ahí su presencia medio terrorífica que muestra la dramática realidad de la muerte y su irreversible proceso. Las dos restantes esculturas de muy notable tamaño, una gigantesca, corresponden a dos insectos. Saltamorten, que da título a la exposición, se basa en un enorme insecto con las alas desplegadas, por tanto volando, lo cual permite observar con minuciosidad su anatomía, de ahí la sensación de peligro cuando se observan las defensas de las patas con terribles pinchos, ni digamos en la boca como amenaza contra cualquier enemigo al que atacar o defenderse. Su espectacular tamaño obliga a mirar tal insecto con una especie de admiración y temor. La tercera escultura, titulada Mantis, tiene mayor complejidad por su enfoque temático. Estamos ante el conocido insecto con una presencia real de auténtico terror, que está posado en la parte superior sobre una especie de tubos medio destruidos posados con tres patas sobre una ciudad. Se anuncia, al parecer, la sistemática destrucción de una ciudad que vive el día a día con beatífico reposo, la cual está basada en numerosos edificios con un urbanismo simétrico ante el predominio de la equilibrada geometría. Todo, por lógica, está en su sitio. Lo más sorprendente, en un sentido positivo, es la combinación entre la amenaza bestial y la vida cotidiana sin posibilidad de defenderse. Tres esculturas con el realismo y la racionalidad como planteamientos formales, que se desequilibran para bien ante el propio tema.


