Este artista canario de nacimiento, pero establecido en Logroño, en cuya Escuela de Arte ejerció la docencia desde 1966, destaca por la poética de sus pequeñas esculturas de pulida textura, figuras que tienden a la abstracción por la eliminación de detalles y oquedades, como si una cubierta envolvente las rodease de suaves curvas. Este recurso formal, tanto si están hechas en bronce o madera u otros materiales, les da un aire brancusiano (especialmente la pareja, casi abstracta, enlazada en un abrazo) mezcla de tradición y modernidad. El protagonismo de las formas curvas lo lleva a sus máximas cotas en figuritas agachadas, agazapadas sobre sí mismas, encerradas misteriosamente en su impersonal soledad, carente de rasgos identitarios, de rostros expresivos. Pero además de estas piezas más comerciales, para los coleccionistas, tiene también no pocas obras en espacios público, sobre todo en La Rioja, y una vocación de monumentalidad nada desdeñable en otras piezas características que nos ha traído a esta exposición. Por una parte las figuras humanas de tamaño natural, como esas esbeltas, solemnes y hieráticas –recuerdan las paseantes sin cara pintadas por Seurat a orillas del Sena– del grupo escultórico en madera de haya titulado Mujeres del mercado, que ilustra el folleto editado para este evento, con un texto de presentación de José Carlos Balanza. Por otra parte las instalaciones ambientales donde llega a ocupar una sala con figuras, como le gustaba hacer a Juan Muñoz, aunque Félix J. Reyes no evoca conversaciones de grupo, sino el aislamiento individual en medio de la masa humana. En la sala superior los visitantes circulamos entre estas figuras monumentales, que son retratos de amigos a tamaño natural en madera maciza –abierta en fisuras, quizá voluntarias, que contrastan con la silenciosa quietud de sus poses. Pero en la sala inferior nos presenta su mejor hallazgo, que son grandiosas composiciones a base de pequeñas figuras. Hay en ellas un aire de familia, y hasta una serialidad repetitiva, pero lo que en conjunto impresiona es el número, sobre todo en la instalación titulada Solidaridad, de la cual nos ha traído a Zaragoza una pequeña muestra (visible en la foto que ilustra estas líneas), pero que forma parte de una inmensa instalación de 3.000 figuras de alabastrina, cuya inspiración tomó el artista a partir de las impresionantes manifestaciones a raíz del 11 de marzo de 2004. La tristeza que emanaba de aquellas concentraciones humanas, marchando lentamente bajo la lluvia en una gran avenida urbana, la ha sabido captar estupendamente la sensibilidad del artista, en estas pequeñas figuras anónimas que se escudan bajo sus respectivos paraguas, cuyas diferentes alturas dan vistosidad al conjunto mirado desde arriba, como si viéramos setas en un bosque, pero que impresiona muchísimo más en las imágenes del vídeo, muy apropiadamente acompañado de música melancólica, donde nos muestran la inmensa multitud de figuras que llegó a montar en otro espacio expositivo. El efecto es parecido a esos campos de figuritas minúsculas con los que Antony Gormley llenaba salas de museos, pero aquí organizadas en una solemne procesión, sin origen ni destino conocidos. Como la vida.