Exposición itinerante inaugurada en la Sala de Exposiciones Bantierra, de Zaragoza, el 18 de octubre. Organiza la Fundación Caja Rural de Aragón, bajo el comisariado de Carlos Buil y Ricardo Marco, con introducción de Ángel B. Comeras. Esculturas, algunas sobre pared en materiales como papel con relieve o de hierro y bronce, que abarcan desde 2007 hasta el 2012, lo cual significa, tal como nos indicó el artista, que es una retrospectiva de un período con su personal estilo, pues en la actualidad ha comenzado una línea que ha preferido no exponer.
El tema es muy evidente, en un sentido positivo, pues la figura humana es tema único al servicio de una figura estilizada desnuda que vive dispares ámbitos para potenciar su constante presencia. Podría asegurarse que el vacío y la soledad, esa rotunda incomunicación, inundan la trayectoria de tan atractiva figura, sin olvidar las bellas y dispares formas que la acompañan. Circunstancias humanas que también se dan en las atractivas esculturas basadas en la Banda de Moebius, de la cual es muy consciente el escultor. Con dicho eje formal, de indiscutible atractivo, cada figura camina por un inhóspito y falso sendero sin final, como si fuera una especie de recorrido conducente a nada.
Fecunda etapa escultórica que anuncia el cambio aludido, con la seguridad de que muy pronto veremos sus resultados. No es fácil dejar una línea tan definida y abordar otra.
***
Aunque el viernes 16 de noviembre inauguró en su academia cuadros pintados en los últimos años, con el objetivo de que los alumnos vieran su trayectoria pictórica, nos centramos en la exposición itinerante inaugurada el 15 de noviembre en la zaragozana Sala de Exposiciones Bantierra, organizada por la Fundación Caja Rural de Aragón bajo el comisariado de Carlos Buil y Ricardo Marco. Introducción de Antón Castro.
Cuadros como mínimo desde el 2003. Además de los fondos monocromos, que se captan con mayor o menor precisión, también incorpora, en ocasiones, un par de planos geométricos, como en la serie Niebla, del 2009, y otros enmascarados, como algunos sobre tabla en la serie Ordenación, del 2004, en cuyo interior viven, con mayor o menor intensidad, los lazos expresionistas. El ámbito expresionista formal es lo dominante en el conjunto de sus cuadros, de modo que asistimos a un excitante entramado de formas que vuelan y cruzan el espacio cual gesto de libertad, sin duda, pero con diáfanas alusiones a lo tenebroso, al misterio, por tratarse de un mundo gestante. Hay cuadros con diferencias. Basta citar la serie Niebla, del 2009, con el color atemperado y el campo formal que elude lo expresivo tajante de marcada belleza.
Cuadros, en definitiva, con impulso y garra, que generan dispares espacios por donde penetra la mirada para salir medio agarrotada de incertidumbre emocional.
![]() |
