Esculturas de Alonso Márquez; Pinturas de Marta Cotelo y Ángel Laín

    Bajo el título Náufragos, galería Cristina Marín del 24 de abril al 28 de mayo, el escultor plantea una ambiciosa exposición por número de obra, en materiales como acero, hierro, bronce o una combinación de los citados.

    De nuevo estamos ante la misma personal y atractiva línea que en otras exposiciones, mediante figuras masculinas y femeninas muy estilizadas de gran atractivo que adoptan dispares posturas para mostrar cambiantes significados. Ejemplos. La Banda de Moebius con figura caminando sin posibilidad de salir hacia otros territorios, pues siempre volverá al punto de partida como si fuera un prisionero. También sobre un carro de dos ruedas, sujetando una rama de olivo, encima de una escalera pero agarrando la citada Banda de Moebius como si fuera algo inusual en Recolectora de nubes, capaz de cruzar una frágil escalera o subiéndola, sobre una canoa hacia cualquier destino, leyendo o sobre la rama de un árbol seco y la figura con alas. Tenemos la impresión que cuando más sencillo plantea el tema mayor es su creatividad. Sucede lo contrario en obras tipo La danza de la creación.

    Salvo error tiene una muy buena serie de cinco esculturas titulada Náufragos, con las figuras en dispares actitudes sobre una plancha rectangular, de modo que se percibe el énfasis de la soledad, la anhelada compañía o la búsqueda de algo difícil de precisar. Como una variante tenemos 26 cuadros de tamaño medio a muy pequeño, siempre de metal y técnica mixta, que son expresivas abstracciones nubosas de colores neutros sobre las que ubica sus personales figuras. Como una variante finalizamos con la serie Voladores, basada en una figura por cuadro que vuela en dispares posturas, o la interesante Maraña, mediante una figura con los brazos en cruz sobre la Banda de Moebius cual símbolo de soledad.

 

    Dos pintores exponiendo en la galería Cristina Marín, del 5 de junio al 1 de julio, que ofrecen distintas visiones artísticas. Marta Cotelo titula su exposición De mujeres, jarrones y mesas, fiel reflejo de lo pintado. Joven pintora de 29 años, nacida en Logroño pero afincada en Zaragoza. Numerosos cuadros de pequeño formato y dos de mayores dimensiones. El mundo femenino como gran tema, mediante excelente variedad de colores sin estridencias muy bien combinados y algunos con predominio de los oscuros para enfatizar en lo medio oculto. Los rostros de las figuras femeninas tienen tendencia expresionista con distorsión al servicio de variados gestos. A sumar la mujer desnuda y  sentada  con velador, tan rutilante, natural y expresiva mediante la supresión de elementos formales. También destacamos la muy sugestiva serie con el sujetador como único tema, pues ahí está medio flotando, con la majeza de los dispares colores dominantes según el cuadro. Sujetadores “mudos” pero latentes. Lo que entendemos, y sentimos, como un rincón del hermoso aroma femenino desde la infinita elegancia y delicadeza, se ofrece en la serie de cinco cuadros titulada Mesa con jarrón, mediante el aire bucólico, la quietud espacial, el color medio apagado y las flores posadas sin esfuerzo, sin querer.

    En cuanto al pintor Ángel Laín a resaltar el uso del infrarrojo, lo cual significa que la sala está oscura y los cuadros destacan de manera distinta, sin olvidar las tiras de tejido dejadas en el suelo para contribuir a la intrigante atmósfera general. En sus cuadros destacan los colores intensos al servicio de paisajes urbanos ubicados en Zaragoza e interiores de bares con figuras y el adecuado ambiente. A sumar las calles estrechas, un primer plano con bicicletas, el Teatro Principal y El Corte Inglés. Resaltamos su visión de la plaza Basilio Paraíso por las interesantes formas filiformes pero irregulares, flotantes y de colores pálidos.

    Otro asunto. Recordamos los cuadros con infrarrojo del pintor abstracto José Orús, que siempre quedan de maravilla porque la vista camina hacia el foco principal y el resto de la obra sirve como arropamiento. Todo se potencia. Ocurre lo contrario con las obras de Ángel Laín, pues al tener variados focos en un mismo cuadro, se percibe una especie de cansancio al forzar mucho la vista. No se capta todo el cuadro de una simple mirada. Si encima hay que estar con bolígrafo y papel, como fue nuestro caso, rodeado de sin luz, el lector puede imaginar la irritación que sentimos. Esto dicho en plan suave. Menos mal que la galerista Cristina Marín nos ayudó con un foco para poder escribir. Mejor que no estuviera el pintor durante nuestra visita.