Entrevista con José Fernández Pequeño

 

Introducción:

El panorama artístico del Caribe ha conocido en los últimos veinte años una renovación sin precedentes en la historia de la región. Unido a acontecimientos como la caída del Muro de Berlín o la celebración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América surge hacia 1990 un interés por indagar en la producción artística de un área que había quedado hasta el momento excluida no sólo de los grandes circuitos del arte internacional, sino también del boom del arte latinoamericano de los ochenta y noventa. El Caribe, periferia dentro de la periferia, conocerá en este momento un desarrollo artístico que servirá para promocionar el rico imaginario cultural de un territorio marcado por el mestizaje, los intercambios culturales, el encuentro de poblaciones africanas, europeas y americanas y los sistemas de dominación que se perpetúan hasta el momento presente.

Si durante la década de los noventa se produce el momento álgido de la producción artística caribeña y de su expansión al ámbito internacional mediante la celebración de grandes exposiciones colectivas de arte caribeño tanto dentro como fuera de la región, los dos mil serán una década de consolidación institucional y de afianzamiento de los lazos regionales generados en los diez años precedentes. En ese contexto cabe situar la creación en 2003 del Centro Cultural Eduardo León Jimenes en Santiago de los Caballeros (República Dominicana). Desde su fundación, el Centro León ha desempeñado una labor destacada en la promoción de las culturas caribeñas, generando al mismo tiempo una dinámica de integración que pretende trasladar el arte contemporáneo al contexto comunitario local.

 José Fernández Pequeño, gerente del Centro León y especialista en el arte y las culturas caribeñas, ha sido protagonista de la evolución de una institución que en el plazo de siete años ha generado un concurso de arte contemporáneo situado a la par de los más importantes eventos artísticos latinoamericanos, al tiempo que ha configurado un programa de conferencias y colaboraciones que ha incluido a referentes en la gestión y curadoría artísticas actuales como son Iván de la Nuez, Gerardo Mosquera o Luis Camnitzer.

La presente entrevista se plantea, entonces, desde una posición múltiple: así, pretende esbozar algunos aspectos que centran el debate teórico actual en el escenario cada vez más internacional, y cada vez mejor conectado con el resto del Caribe, de República Dominicana; intenta plantear las principales inquietudes presentes en el panorama institucional de la región caribeña; y, finalmente, examina un periodo crucial en la historia cultural caribeña en el que nace la consciencia de lo que hoy llamamos “arte caribeño”. Queremos agradecer profundamente la colaboración del equipo del Centro León Jimenes de República Dominicana, institución que nos acogió durante 2010 en una estancia investigativa que resultó vital para los proyectos que actualmente llevamos a cabo.

 

Entrevista:

 

Carlos Garrido [en adelante “C”]-Antes de nada, muchas gracias. Quisiera empezar preguntándote cuándo empieza tu relación con el Centro León Jimenes.

José Pequeño [en adelante “J”]-Yo era el encargado de Relaciones Internacionales en la Academia de Ciencias de la República Dominicana cuando supe del proyecto del Centro León. Podemos estar hablando quizá de finales de 2003 o 2004, es decir, que en ese momento la institución estaba siendo fundada o lo había sido recientemente, una de las dos. Envié una carta al Director del Centro León proponiéndole un proyecto de investigación. No sabía, ni de lejos, que el centro no hacía el tipo de investigación que yo le estaba proponiendo. Pero yo llevaba 6 años en el país, había estado entre los fundadores de la Casa del Caribe en Santiago de Cuba, donde trabajé 18 años como investigador y editaba la revista Del Caribe, así que andaba buscando un espacio que me permitiera investigar en un país donde la investigación en las universidades e instituciones afines es casi inexistente.

Nunca me contestaron la carta, ahora entiendo por qué. En aquel momento me molestó mucho, pero ahora entiendo por qué. Ellos estaban montando la institución, lo que debió ser todo el trabajo del mundo, y lo que yo estaba proponiendo no se encontraba realmente en el interés del trabajo de la institución. Ahí quedó.

En otra ocasión, años después, me llamó el escritor cubano Camilo Venegas, que era en ese momento Gerente de Animación Sociocultural en el Centro León, y me propuso que viniera a dar una conferencia. No recuerdo la razón, pero no pudo ser. Aunque Santiago de los Caballeros y Santo Domingo solo están separados por dos horas de carretera, esa distancia se hace inmensa cuando tienes que moverte en el  multiempleo para reproducir la vida material en lo que aparezca. Por fin visité el Centro León para leer una ponencia en un evento sobre literatura del Caribe y pude ver cómo trabajaban aquí.

Por esa época yo era editor de Lengua Española en la Editorial SM, que había abierto oficinas en Santo Domingo. Allí estaba una mañana cuando me llamaron de una oficina de abogados especializada en buscar personal para ciertas empresas. Finalmente me reuní con ellos, y ahí empezaron una serie de conversaciones que duraron entre marzo y mayo de 2007. Para mí era muy difícil decir sí y venir para Santiago porque tenía que desmontar todo lo que había logrado en 9 años de trabajo en Santo Domingo, donde había publicado 3 o 4 libros, me había hecho un espacio como editor y tenía mi lugar como profesor de Comunicación.

Al final me convencieron dos cosas: una menor, yo nací en Bayamo y pasé 25 en Santiago de Cuba, dos ciudades de provincias. Soy, pues, un hombre de provincias, de campo, y realmente estaba harto de Santo Domingo, que tiene todos los engorros y las violencias de las capitales. La opción de poder venir a vivir a una ciudad que es grande pero pueblerina, rodeada de campo, en la que hay otra paz, otra tranquilidad, realmente me hacía ilusión. La otra razón, realmente importante, era el hecho de que por primera vez después de 9 años en la República Dominicana tenía la posibilidad de trabajar a un proyecto cultural bien pensado, con objetivos muy precisos y una mística impresionante. Y yo estaba cansado de trabajar para sobrevivir.