Entrevista con Grassa Toro, responsable de La Cala de Chodes

Carlos, pensando en todos aquellos que aún no la conocen, ¿Qué es La CALA?

Es una casa, Casa Abierta La Andariega, que propicia espacios y tiempos para la creación, la investigación y el encuentro. ¿En qué se concreta? Exposiciones, residencias artísticas, cursos, talleres, ediciones, producciones teatrales, literarias, cinematográficas, fondo bibliográfico, documental, líneas de investigación; y también en la conversación, en la hospitalidad, en un antiguo sentido de la cortesía.

 

La CALA se caracteriza por la singularidad y el cuidado puesto en todo lo que allí sucede ¿Qué criterios sigues a la hora de establecer la programación?

Desde el momento en que entendemos la programación como creación, el criterio es el mismo que rige cualquier acto de creación: evitar el lugar común. El lugar común se disfraza con una cantidad enorme de nombres: moda, tendencia, visibilidad, industria cultural, identidad, actualidad, contemporáneo, y también: off, marginal, independiente, milagro, isla; el lugar común tiene nombres comunes, hay otra clase de nombres, los propios, La CALA se escribe con mayúscula, es una cuestión gramatical, como casi todo.

 

Las residencias artísticas son, probablemente, uno de los aspectos más característicos de La CALA. ¿En qué consisten y qué buscan los creadores que llegan allí? ¿Cuál es la dinámica profesional y personal que se establece durante las mismas? Recordemos que abres tu estudio, pero también tu casa. 

Los creadores o los investigadores que solicitan una Residencia Abierta buscan varias cosas: alejarse durante unos días de su realidad habitual y hacerlo de una manera radical; eso lo consiguen cambiando su relación con el espacio y con el tiempo. También buscan silencio, y al mismo tiempo buscan la palabra, la escrita en la biblioteca, o la mía. Durante la Residencia he compartido con todas los momentos de las comidas; si no se come, no hay mucho que hacer. Luego, cada una de ellas, la mayoría han sido mujeres, ha decidido qué participación querían de mí; podía ser una mera guía por los recursos que ofrece la Casa, un acompañamiento teórico en momentos puntuales; un acompañamiento teórico continuado o, incluso, la creación conjunta, que también se ha dado.

Esto es lo que buscan, creo que además encuentran cosas que no podían buscar porque desconocían: unos vecinos con los que convivir; un paisaje que les atrae; el placer de las conversaciones sin prisa; esa mirada sobre ellas mismas y su creación que les devuelve el pequeño documental que realizo en cada Residencia.

La Casa es Casa Abierta, la Residencia es Residencia Abierta, sí, abrir, esa es la clave de todo lo que se hace aquí; abrir es lo contrario de cerrar; mira que es fácil, lo único que se necesita es no tener miedo, el miedo tiene cara de candado.

 

Volvamos la vista atrás. Hace algo más de diez años, con una reconocida trayectoria en el mundo de la creación literaria, decides poner en marcha La CALA ¿Qué te llevó a crear un proyecto como este? ¿Una vocación de creación, una necesidad de crítica?

La CALA se instala en Chodes en 2005, pero desde 2001, con la colaboración inicial de Raquel Arellano Delgado, venía desarrollando una labor muy importante en Colombia, y en menor medida en Ecuador, Venezuela, Cuba y España. En 2005 el espacio conceptual se concreta en una espacio físico, en esta casa. Iba a responderle que hay razones biográficas que deciden la construcción de esta Casa, y me he dado cuenta de que todas las razones acaban siendo siempre biográficas. Carolina Mejía Correa y yo necesitábamos un espacio donde vivir y donde crear, primera razón. Nuestra idea de la creación y de la vida no es excepcional, pero tampoco es la más extendida, así que parecía sensato habitar una Casa donde poder llevarla a cabo. Esto ya es una forma de crítica, en el sentido que le atribuyen a la crítica Oscar Wilde o Steiner: no se trataba de vociferar acerca de lo que no nos gustaba, sino de llevar a cabo lo que nos gustaba, cómo nos gustaba y con la gente que nos gustaba. No hemos hecho otra cosa, hasta hoy.

 

Este es un proyecto de gestión cultural muy singular cuya vida ha transcurrido, en buena parte, durante unos años complicados, ¿Cuáles son las principales dificultades a las que se ha enfrentado y se sigue enfrentando La CALA? Y lo más importante ¿Cómo consigue superarlas y, además, seguir creciendo como lo hace?

Podríamos definir qué significa “años complicados”; lo han sido para mucha gente en el terreno económico; sin embargo también han sido años de mucha creación, de mucha reflexión, de mucho conocimiento, de mucho proyecto compartido. Es aquello que nos enseñaron nuestros padres: pobres, pero honrados. Hay una honradez artística e intelectual, que es la que sustenta la actividad diaria de esta casa.

Me cuesta hablar de dificultades, no tengo muy claro si lo que entendemos habitualmente por dificultades, a saber: no disponer de un capital; tener jornadas de trabajo largas, enormes; ser ignorado por las instituciones públicas y los medios de comunicación, o algunas otras más anecdóticas que suceden empecinadamente, realmente lo son. Dificultades son la enfermedad, la persecución, el hambre, nada de eso se ha vivido en La CALA; al contrario durante once años, cientos de personas hemos hecho lo que queríamos hacer y miles de personas lo hemos disfrutado.

 

Una de las dificultades a las que apuntamos es el aspecto económico ¿Cómo se financia La CALA? 

Como en cualquier otra actividad profesional se ofrecen servicios: cursos, talleres, residencias y los participantes pagan una cantidad por disfrutarlos. También hay actividades de entrada libre y gratuita: todas las exposiciones. En este caso se entiende que el gasto de producción es el equivalente al que otra empresa o institución haría en publicidad o marketing. Es una idea sencilla: se desplaza el gasto en mensajes de humo a actividades propias de la Casa, que la definen y construyen memoria; con este desplazamiento ganamos todos. Por otra parte, el sistema económico de La CALA es muy cercano a lo que en agricultura llamamos consumo de km.0; en La CALA no existe la cadena de intermediarios que encarecen un “producto cultural”, la relación es directa entre los creadores y los participantes en las actividades, esto reduce costes.

 

Al margen de su localización en el medio rural o su carácter de autogestión, ¿Existen diferencias entre la actividad que se genera en La CALA y la Cultura que mayoritariamente se programa hoy en día?

Todo lo que se crea o se exhibe en La CALA podría suceder en otro espacio, y de hecho, sucede; algunas exposiciones inician su recorrido aquí y luego tienen una trayectoria nacional o internacional; cursos que se imparten en esta biblioteca se imparten en cualquier lugar del mundo; las obras de teatro que hemos creado han viajado por Europa y por América, los libros que escribo se editan a diez mil kilómetros. ¿Dónde puede haber alguna diferencia? En la manera de crear y de comunicar lo creado, en La CALA se dispone de un tiempo y un espacio diferentes a los de la urbe. Nuestro tiempo no está regido por un mecanismo de producción/consumo incesante e impuesto, que es lo que define la ciudad contemporánea; nuestro tiempo está al servicio de la obra de creación o de investigación, y más allá de la obra, al servicio del ser humano que la lleva a cabo. Por otro lado, el espacio, la casa, el jardín, la biblioteca, la sala de exposiciones, el taller, el paisaje de Chodes y el valle del Jalón del que formamos parte es un espacio excéntrico, literalmente: fuera de, donde se diluyen hasta casi desaparecer las relaciones de poder propias de cualquier centro. Disponer de un espacio y de un tiempo de esta calidad, permite a todos los creadores que pasan por la casa esquivar procesos de alienación, permite vivir experiencias donde la vida no se separa en compartimentos, donde dejan de tener sentido las dicotomías ocio/trabajo, físico/mental, intelectual/afectivo, dicotomías sobre las que se erige un modo de vida al que todavía llamamos capitalista, mientras no se nos ocurra una apelación más certera para semejante desastre.

 

Desde la experiencia que te da el ser creador de un proyecto cultural enclavado en el medio rural y, a su vez, conectado con el mundo, ¿Tomamos en consideración la Cultura generada desde el ámbito rural?

En este país, el mundo rural solo existe para quienes vivimos en él; la mayoría de la población fuera de él lo ignora o lo desprecia, o las dos cosas; y una parte que afirma tenerlo presente, en realidad lo único que tiene presente es la imagen que se ha construido en beneficio propio, imagen que va unida exclusivamente a alguna forma de placer casi prohibido, ya se manifieste ese placer cuidando cabras en campos llenos de flores o tirándolas desde el campanario de la iglesia; en los dos casos, el mundo rural funciona como objeto de deseo, deseo que raramente se alcanza y, por tanto, causa de frustraciones.

Dicho esto, cualquier creación generada en el mundo rural puede difundirse por todo el mundo, ser aceptada, apreciada, aplaudida, La CALA es la muestra. Además, en nuestro caso no necesitamos la parafernalia de etiquetas acreditativas; mis libros, por poner un ejemplo, no aparecen en las librerías con un sello eco o bio, la mayoría de mis lectores no saben que la suma de todos mis vecinos en las noches de invierno no alcanza a cincuenta, no necesitan saberlo.

 

¿Con qué proyectos de gestión cultural te identificas o, incluso, son una referencia a la hora de seguir creciendo? ¿Existen colaboraciones con estos centros o iniciativas?

La CALA debe su génesis a la Fondation Boris Vian, en Eus, Francia, creada y dirigida hasta su fallecimiento por Ursula Kübler; participé de la vida de esa Fondation en los primeros años de la década de los 90’ y siempre está presente como ejemplo.

Ahora mismo, La CALA mantiene colaboración estable con El Lugar, de Bogotá, y con enLATAmus, de Remolinos. Yo, como profesional, he disfrutado y he aprendido mucho durante los diez años de colaboración con la Fundación Santa María de Albarracín, otro ejemplo rural, cercano.

El mundo está lleno de proyectos culturales y artísticos interesantes, privados, oficiales, mediáticos, casi secretos, populares, elitistas, duraderos, efímeros, sorprendentes, críticos. Vivimos tiempos de abundancia, a veces nos cuesta reconocerlo, y gozarlo.

 

Ya para terminar y al margen de implicaciones de tipo profesional, ¿Qué significa para ti La CALA?

Es mi casa. La casa es algo importante, es el lugar que habitas.