El proyecto BANG BANG presentado por Francesc Ruiz del 6 de mayo al 30 de agosto de 2009 en la Panera se articula a partir de cuatro instalaciones que como ya es habitual en su trabajo, utilizan todas ellas la gramática del cómic para construir narrativas que, partiendo de una realidad, acaban derivando en mundos paralelos de gran complexidad. Estas narrativas presentan a menudo un fuerte arraigo en el contexto social donde se muestran, gracias a la tarea de rastreador urbano que el artista siempre practica en su trabajo.
Sus instalaciones se despliegan en el espacio creando lo que se ha llamado cómics expandidos, en ocasiones por las dimensiones de sus dibujos, o por el carácter escultórico en la manera de organizar las publicaciones, e incluso, en otros momentos, por la dispersión de la presentación en lugares diferentes de la ciudad.
Esta entrevista ha sido realizada en el Centre d’art la Panera durante el montaje de la exposición Bang Bang de Francesc Ruiz.
Antoni Jové: En los últimos años el dibujo ha abandonado la marginalidad para ocupar un lugar destacado en las artes visuales contemporáneas. Aunque se pueda hablar de cierta moda, tú ya hace años –si no me equivoco, desde los noventa– que trabajas en este medio. ¿Por qué escoges el dibujo y no otra técnica?
Francesc Ruiz: Repasando mi trayectoria, preferiría decir que, más que en el dibujo, me he centrado en los vínculos existentes entre el cómic, las personas y las ciudades. Y todo esto lo he hecho siempre con la voluntad de comentar el contexto donde se mostraba la obra para evidenciar diferentes capas de realidad.
Escojo el cómic de una manera natural. Aunque había hecho muchos cómics de adolescente, al terminar la formación en Bellas Artes a mediados de los años noventa empiezo a hacer estructuras escultóricas que acaban convirtiéndose en maquetas de edificios que con el tiempo acaban convirtiéndose en cómics con forma de edificio. A partir de este momento, empiezo a desarrollar de una manera muy consciente los vínculos entre cómic, ciudad, personas y realidad, y desarrollo mecanismos de visión y formatos que me permiten mostrar, según el contexto, un tipo u otro de técnica.
A.J: Con motivo de la 5ª Bienal de Arte Leandre Cristòfol (2006) presentaste una instalación que llevaba por título “Big Ben”. Con ella, buscabas una relación entre el espacio expositivo y el territorio, ya que hacía mención y se basaba en la conocida discoteca del Pla d’Urgell. Ahora, en este proyecto individual, ¿todavía resuena esta pieza?
F.R: Ahora retorno con una pieza que da título a la exposición. “Big Boom” es una pieza que toma la forma de un flyer como los que se podrían encontrar en diferentes bares musicales de Lleida. Estos flyers nos muestran un mapa de la ciudad sobre el que se ha aplicado una tipografía de la Big Ben y donde se indica la presencia de un local nuevo de ocio nocturno situado en la propia Panera.
Para mí los pósters de la Big Ben que podemos encontrar semanalmente en Lleida son una parte muy importante del paisaje de la ciudad, con los rostros de los disc-jockeys y los cantantes de moda.
Con esta pieza hago una reinterpretación de la ciudad en clave Big Ben. Es como si los atributos formales de esta discoteca se hubieran extendido por toda la ciudad, llenándola de sonoridades nuevas, casi onomatopéyicas, mostrando itinerarios nocturnos por zonas de ocio y comentarios de gente.
A.J: A lo largo de tu trayectoria has trabajado muy estrechamente con el contexto que acogía y recibía tus obras. Podríamos decir que muchos de tus proyectos son site-specifics (Kiosk Downtown) que remitían a las Ramblas, o la exposición y libro de artista, la visita guiada… ¿En qué medida y qué obras has trabajado en el contexto en el caso del proyecto de la Panera?
F.R: Aparte de la pieza que os he explicado anteriormente, he realizado otra obra de la que me gusta decir que es una maqueta doblada de la ciudad de Lleida. La instalación toma por título “Les portes”, y muestra un conjunto de 6.000 publicaciones en las que las imágenes de las portadas muestran diferentes portales de edificios de Lleida. Las cabeceras de esta publicación las forman letreros y logotipos de instituciones, entidades financieras, inmobiliarias, tiendas, grafitis…, que conforman un paisaje de las calles de la ciudad. El contenido de estas revistas se basa en interiores de apartamentos y viviendas de Lleida; imágenes todas ellas extraídas de lo que llamo herramientas cibergeográficas tangenciales, como las webs de venta y alquiler de casas donde podemos acceder a los interiores de los pisos. El espectador puede acercarse a la pieza y hacer su particular deriva por la ciudad eligiendo cuál es la puerta que quiere abrir y cuál es el interior que quiere visitar.
A.J: La exposición de la Panera podríamos decir que incorpora al visitante en una experiencia sensorial y conceptual que tiene un ritmo ascendente: desde los flyers derramados a nivel de suelo que se encontrará sólo con entrar a la exposición hasta el espacio más delirante de la instalación, “La revolución de los cómics”. ¿Cómo planteas, integras y entiendes los diferentes trabajos que presentas en la Panera, cuya mayoría se han producido especialmente para esta exposición?
F.R: Al tratarse de mi primera individual de estas características, quería construir un corpus de obra que repasara ciertas vías de trabajo con las cuales recientemente había experimentado.
Por un lado, buscaba la integración de dos prácticas situacionistas como la deriva y el détournement, formalizadas mediante el uso de la estructura del cómic, pero aplicadas o bien a la trama de la ciudad, ya sea mediante el plano de ésta –como en el caso de los flyers–, o bien convirtiendo los edificios en publicaciones que son como comic books, en el caso de la instalación “Les portes”. Bajo esta óptica también podríamos incluir el détournement que supone la última pieza, “La Revolución”, que acaba configurando ella misma, por acumulación, la maqueta de una ciudad que se puede recorrer visualmente.
Por otra parte, quería insistir en la potencialidad del cómic como generador de arquitectura, espacios y situaciones, que es una cosa muy presente en todas las piezas y muy particularmente en “Els miralls”, que pienso que es la que mejor refleja esta práctica.
Mirando el conjunto, detecto diferentes hilos conductores en torno a la idea de enmascaramiento y a la idea de espejo deformante o espejo roto. Esto toma forma de diferentes modos, e incorpora referentes a la reproductibilidad, a la distribución anómala de significantes y a la mutabilidad de los significantes.
El lenguaje también se utiliza desde un punto totalmente diferente. Las palabras son logotipos que son onomatopeyas que forman un lenguaje nuevo; las cabeceras de las revistas se sustituyen por letreros, logos y grafitis incomprensibles. Las palabras se cambian y se deforman, las palabras se mal interpretan… El lenguaje es utilizado con total libertad y genera una especie de magma lingüístico con un gran potencial transgresor.
Exposición Francesc Ruiz: Big Ben. Centre d’Art la Panera, 2009. Fotógrafo Jordi V. Pou
A.J: ¿Por qué has escogido el cómic de Scott McCloud’s La revolución de los cómics a la hora de concebir la última instalación de la exposición?
F.R: “La Revolución” es una instalación construida a partir de un détournement de uno de los libros principales para acercarse al rol que desarrolla el cómic actualmente, La revolución de los cómics, que es como la biblia del cómic contemporáneo norteamericano. En esencia, se trata de un libro teórico realizado en formato cómic en el que se analizan los puntos débiles y los puntos fuertes de este medio.
La instalación “La Revolución” se construye a partir de 2.000 copias de una edición manipulada La revolución de los cómics que lleva por título Cómics de la revolución y en la que el texto ha sido modificado sustancialmente para ofrecernos una especie de delirio, en muchos casos bastante incoherente, en el que se invita a todo el mundo a iniciar una revolución que supuestamente tiene que cambiar la manera de comunicarnos y la manera de percibir el arte, a la vez que nos explica la manera de derribar el sistema, entre otras cosas. Este delirio reproduce, durante toda su extensión, innumerables proclamas revolucionarias que vinculan el cómic a la vida y refuerzan la idea de un cambio necesario.
Todo el libro tiene la apariencia forzada de una fotocopia del cómic original, virada, en rojo y en la que los rostros de los personajes principales han sido sustituidos por una especie de máscara de mi cara, lo que refuerza la idea de que nos encontramos ante una copia y una manipulación. La instalación, a partir de las 2.000 copias, muestra en un diorama de grandes dimensiones una batalla que tiene lugar en un espacio urbano y en la que los diferentes bandos luchan por la “Revolución”.
A.J: En muchas ocasiones has defendido que quieres ir más allá del cómic y te refieres a tu trabajo como metacómic o cómic expandido. Asimismo, a la hora de editar algunos dibujos, te sirves del vídeo. ¿Cómo explicas este método de trabajo y cómo se traduce en tus instalaciones?
F.R: Cada vez que me enfrento a una nueva producción replanteo todo el proceso creativo. Creo que no es bueno poner etiquetas a las cosas, porque al final éstas no definen una producción, sólo la encasillan y la delimitan. Lo más importante para mí es establecer relaciones con la realidad y hacer comentarios. A partir de ahí, aplico todos mis recursos para llegar a una formalización concreta, que a veces toma la forma de un cómic, pero que otras veces no es una cosa tan obvia y se acerca a la prensa gráfica o a la publicidad.
A.J: ¿Qué estrategia adoptas a la hora de introducir un producto de masas como el cómic en los espacios, supuestamente más elitistas, de las instituciones artísticas? ¿Cómo valoras este hecho? Creo que el cómic, de alguna forma, es un intruso dentro del mundo del arte, a pesar de la apertura del mundo del arte.
F.R: Cómic, cine, música, teatro, fotografía, tienen todos su faceta comercial, como medio de masas, y su faceta experimental o artística. Yo me muevo dentro de este último espacio.


