P- Leyendo su biografía podemos saber que su integración al panorama del arte hecho aquí, entre nosotros, se produjo principalmente a partir del cambio de siglo cuando estableció su residencia en Ipiés (Huesca), tras mantener una parte importante de su recorrido vital en otros países. ¿Podría comentarnos cómo y porqué se produjo este cambio y, en particular, podría valorarnos cuál cree que ha sido su contribución a este panorama desde entonces?
R- Bueno, yo me fui en 1974, en el periodo de aprendizaje y en Aragón, en realidad, nunca he dejado de tener cierta presencia al menos expositiva, participando en algunas muestras individuales, aunque de forma más activa en tiempos más recientes. Durante todos aquellos años hasta el 2000 en que volví y me establecí en Ipiés (Huesca), he bebido de otras fuentes a nivel vivencial y formativo. En Ipies, un pueblo muy pequeño del Serrablo, encontré una casa apropiada y un ambiente de mucha tranquilidad idóneo para el desarrollo de mi obra. Venía de vivir en París, primero y, posteriormente, en Argelia y por lo tanto el panorama aragonés me era en parte desconocido. De cualquier forma, considero que en Arte confluyen y fluyen unas leyes que son universales y que su apreciación en forma localismos produce una visión un tanto reduccionista del fenómeno. Tras un periodo de adaptación, poco a poco las cosas fueron llegando y considero que ahora estoy bien integrado a todos los niveles.
P-¿A nivel personal, se ha sentido apoyado en este tramo de su recorrido por nuestros lares?
R-En mi caso particular, sí. Tanto a nivel institucional como, a partir de un momento dado, apoyado por personas concretas ligadas a este mundillo. Mi experiencia personal es que he tenido el apoyo de estas personas que me han alentado y abierto sus círculos en los que me he sentido acogido con calidez. Por mi parte, he podido trabajar aquí en completa libertad que es de suma importancia para los que nos movemos en este mundo de lo creativo: encontrar condiciones adecuadas para soñar, trabajar y difundir adecuadamente la obra creada son, todos ellos, aspectos importantes que atender para un artista.
P-Ipiés, ese pequeñísimo pueblo del Serrablo oscense en que reside y tiene su estudio actualmente, situado en la periferia de la periferia ¿Por qué ha elegido para residir un lugar tan retirado como este, en un mundo tan dependiente e influenciado por lo urbano como el que nos ha tocado vivir?
R-Ipiés me permite, sencillamente, llevar la vida que quiero llevar. Por la mañana, todos los días si el tiempo no lo impide, salgo a pasear. Para mí el paseo no consiste simplemente en andar, sino la posibilidad de participar de la belleza de mi entorno, de los cambios de la luz, de las evoluciones de los ritmos naturales… Para mí, todo esto es importante. Luego entro en el taller y trabajo el resto de la mañana, bien sea en vídeos o en libros de artista, según los proyectos que llevo entre manos. Generalmente trabajo también en la pared que me permite una acción artista singular y sobre soportes de papel, material que es de suma importancia para mí. Mis papeles tienen muchos procesos de lavado, escurrido, etc y el procedimiento más corriente es que vayan del suelo a la pared…Por la tarde lo usual es que mantenga otra sesión de trabajo hasta la hora de cenar. Trabajo siempre muy a gusto y puedo llevar entre manos dos o tres trabajos a la vez. Ipiés me facilita todo eso y mucho más.
P- Al margen de sus ostensibles ventajas, algunas de las cuales ha recordado Ud a lo largo de esta entrevista, imagino que el principal inconveniente de vivir en pueblos tan pequeños y remotos es el de la socialización personal…
R- Bueno, el aislamiento aquí es relativo y yo me muevo bastante, así que no observo muchos inconvenientes en permanecer donde vivo. Mi casa siempre ha estado abierta de par en par a las visitas de amigos y conocidos, Ipiés con Huesca y Zaragoza está muy bien comunicado y Sabiñánigo está muy próximo, así que el contacto social fluye con normalidad. Hasta el año pasado daba clases en Sabiñánigo, dos días a la semana, a un grupo de alumnas adultas mayores y, bueno, pues para mí era muy satisfactorio, una buena forma de socialización. Ellas contaban conmigo y mi experiencia para ayudarlas a trabajar especialmente la pintura y sus técnicas: acuarela, óleo, pastel…Durante años ha sido para mí una buena salida a mis necesidades de socialización…Además, entre todos formamos una asociación y todos los años hacíamos un par de viajes a ciudades bien provistas culturalmente, a ver exposiciones, etc. Hablar de arte, una cena de vez en cuando, y actividades similares nos han permitido crear con los años un grupo cohesionado donde hay amistad e intercambio social.
-P- Por cierto, ya que ha salido el tema de la difusión, soy conocedor de que tiene varias obras depositadas entre los fondos de la Biblioteca Nacional. En concreto varios “libros de artista” que siempre le han interesado mucho. ¿Nos puede explicar el sentido y objetivos de estas donaciones?
R-Esta me parece una contribución importante y que me produce mucha satisfacción. Porque además del tema de las ventas que siempre nos preocupa a los artistas -y que son necesarias, por supuesto, para poder vivir y seguir trabajando en este mundo tan complejo de la creación- estamos hablando del centro de referencia a nivel nacional que te da la posibilidad de depositar obras que acrecientan su rico patrimonio. En este sentido, sí, mi obra tendría una dimensión social.
Las donaciones significan para mí formar parte de ese patrimonio que es de todos. Una vez aceptadas por la institución y depositadas en ella son obras que todos podemos ver o estudiar, porque no nos podemos olvidar que este tipo de centros son verdaderos templos de la cultura donde las obras son valoradas, conservadas y difundidas de forma muy cuidadosa.
El proceso no es fácil, porque las propuestas pasan por varias fases de valoración y, es necesario superar exigentes filtros para que las obras sean, en su caso, finalmente aceptadas. Hay un jurado que decide, una vez por año, qué obras merecen la pena ser aceptadas o no. A partir de allí pasan a formar parte de esa riqueza general, siempre abierta al público sea quien sea, lo cual es un orgullo…
P- Ha tramitado recientemente también alguna otra donación importante, cómo la que hizo en el año 2020 a la municipalidad de Barbastro a través de la Fundación Ramón J. Sender (UNED). Supongo que le producirá una especial sensación de tranquilidad el pensar que su obra queda a buen recaudo, con las garantías que este tipo de centros institucionales ofrecen…
R-Sí, por supuesto. Esta donación fue muy importante y dio motivo a una importante exposición retrospectiva sobre mi obra de la que me siento especialmente orgulloso. Allí deposité un conjunto de 41 trabajos pictóricos, 15 “libros de artista” y algunas otras producciones de video-arte, una selección representativa de mi evolución como artista durante todos estos años. Su inventario y catalogación inicial ya me dieron garantías de que su conservación iba a ser óptima, como así está siendo. Integrada en la colección de arte contemporáneo de la UNED, ahora forma parte de su patrimonio custodiado por profesionales y en condiciones adecuadas de conservación y difusión.
P-París, Argelia y la vivencia en los remotos desiertos del Sahara, la relación con su pareja Montse (tristemente fallecida hace unos pocos años), la serenidad que se respira en su preciosa casa de Ipies, sus recuerdos y ricas vivencias personales en general… ¿De qué forma cree que se integran en su obra?
R-Lo más esencial de la vida reside en los aconteceres de lo cotidiano, en los sentimientos que estos te producen en cada tiempo y lugar. Allí radica lo que la obra absorbe con mayor voracidad. Todo lo que te rodea es importante a este respecto, las particularidades del paisaje, de las gentes, de las luces de cada lugar, porque el estar en un lugar concreto te da percepciones muy diferentes. Por ejemplo, yo nací en Zaragoza donde me formé inicialmente, luego, París me dio una percepción de la cultura mucho más rica, permitiéndome un desarrollo personal mucho más intenso a nivel de percepciones, de visualizaciones, de diversas experiencias, de posibilidades de ver obras de teatro, de cine, manifestaciones de culturas de todo el mundo, de relacionarte con gente de muy diferentes países. París -más en la época en que yo viví allí- era un crisol de culturas, una síntesis de los valores que priman en el universo en que nos movemos en Occidente, una ciudad que te permitía participar de toda esa trascendencia cultural que a cada generación surge y se manifiesta…
P-París, tras los sucesos de Mayo del 68, se convirtió en abanderada de la libertad, algo que conmocionó profundamente a los círculos artísticos con importantes cambios en relación a la concepción del arte con una nueva dimensión social, con reivindicaciones como la de una apertura de las instituciones culturales y los procesos artísticos a toda la sociedad, entre otras muchas. ¿Teniendo en cuenta que su formación se produjo en ese contexto muy concreto, cree que su obra se deja influir por todos esos cambios y transformaciones en los que lo social se erige como valor casi absoluto?
R-El Arte tiene una dimensión social ya de por sí, independientemente de las circunstancias, pues lo que hacemos los artistas es para los demás. No la considero importante de forma consciente, al menos no resulta muy significante en mi obra plástica. En los vídeos, sí, en mayor medida.
P- Y tras París, el contrapunto más absoluto con su larga experiencia en la inmensidad del desierto argelino…
R-Si, es un buen ejemplo de las diferencias radicales que se pueden producir entre unos lugares y otros. Mi posterior experiencia en Argelia, en remotos enclaves del desierto donde no había ni carreteras para acceder, todas esas posibilidades parisienses desaparecían, pero se abrían otras, igualmente interesantes y valiosas desde el punto de vista vivencial. Otros paisajes inmensos y bellísimos se integraron en mi vida y cambiaron todas mis percepciones anteriores del tiempo y el espacio. Por supuesto que todo ello se manifestó -y aun se manifiesta- en la evolución de mi obra. Por ejemplo, adquirí allí la plena conciencia de lo que es el espacio, concebido como un universo abierto e ilimitado, donde los límites los ponen únicamente la luz y las sombras y donde es posible establecer un contacto con lo primigenio y nuestros orígenes. La armonía con los ritmos naturales, el viento, las piedras, los colores intensos del desierto, su inmensa soledad…A partir de allí, tu proyectas en tu obra todas estas sensaciones que has experimentado. Todo lo que he vivido está presente en lo que ahora hago. Todo se hace presente y se manifiesta físicamente en mi obra plástica, en la que lo vivencial tiene una importancia primordial. Puedo comprobar esto cada día, cuando saco alguna pieza realizada hace años y observo perfectamente esta “materialización” inconsciente, pero muy “física” que se produce en ella de lo vivido.
P- Según Miguel Mainar ¿Qué es el arte? ¿Cómo definiría esta importante dimensión de lo humano de la forma más sintética posible?
R-Para mí, en primer lugar, es un gesto vocacional que integra todas las condiciones y conocimientos que te van construyendo poco a poco, a lo largo de los años. Al menos este es mi caso. Es una afirmación de ti mismo que se produce porque tú tienes firme voluntad de que ello suceda. Así pues el arte es fundamentalmente una firme intención de expresión vocacional, sensitiva, que se plasma en el gesto creativo. Importantes también son las enormes posibilidades que ofrece para la exploración de la realidad porque es todo un privilegiado camino de conocimiento que siempre te conduce a profundizar un poco más, al margen de los factores exteriores: la creación debe renovarse continuamente y el creador sólo se debe a sí mismo. La autocrítica, la sinceridad también resultan esenciales para no caer en el engaño o en el vacío creativo.
P-Su obra plástica ha evolucionado de forma importante durante estos años, desde lo estrictamente manual a la experimentación con las enormes posibilidades que facilitan las nuevas herramientas digitales y las sugerencias estéticas procedentes del mundo del cine y otras producciones audiovisuales ¿Puede explicarnos cómo se ha producido esa transición en su obra?
R-Pues para mí lo manual, lo táctil, la materia, siguen siendo lo esencial en mi trabajo y en todo lo que hago. Lo que sucede es que uno es el fruto de una forma de ser y una trayectoria que, en mi caso, pasan por unas preferencias emocionales por lo pictórico y, sobre todo, por las posibilidades del papel como soporte pero también por sus posibilidades texturales y matéricas. Hago uso de las nuevas tecnologías, pero siempre dentro del mismo espíritu que orienta la fuerza de mi trabajo, el sentido de mi trayectoria donde la relación con el papel, sus olores, sus texturas, etc, es de capital importancia.
Y bueno, pues tampoco reniego de lo que es la actualidad, de lo que pasa ahora, aunque yo nací con la palabra, en un mundo donde la imagen no tenía la masiva importancia e influencia que tiene ahora. Finalmente, uno llega a la conclusión de que son técnicas que se complementan y la misma emoción que emana del instante creativo a través del manejo de lo material puede sentirse igualmente con el manejo del ordenador. Tú eres el que gestiona el gesto, la intensidad, el volumen, el formato, lo accidental, las inclusiones que puedes hacer a través del tiempo. Una obra la interrumpes, la retomas, la dejas madurar… Es un poco como la esencia vital del cuerpo humano, de la vida en general: las formas se manifiestan y todo fluye. Lo digital sería un proceso paralelo a todo ello dentro del contexto de mi evolución personal.
P-El tema de la espiritualidad, que tanto influye en su obra con ostensibles rasgos a todos los niveles ¿Cómo lo concibe?
R-Es lo mismo que hablar de esa conciencia individual que rige nuestro ser. Mi pensamiento al respecto se interesa por aspectos de la espiritualidad occidental como la mística. Bueno, yo soy consciente de que pertenezco a una cultura cristiana donde predomina toda una tradición cultural que me interesa mucho, un método, una conciencia individual que no está separada de un sentido de pertenencia con todo lo demás, fuera de los límites de lo corporal. Sería lo contrario al mundo de las pulsiones, una especie de comunión universal. Lo que pasa es que para mí todo ese mundo está filtrado por una especial sensibilidad perceptiva a lo sensorial. Me fascinan, por ejemplo, los ambientes tenebristas de algunas producciones del Barroco, la de determinados ambientes ligados a los espacios eclesiásticos, etc, simplemente por estas resonancias de carácter estético de fuerte atracción para mí, por su potencialidad sensorial.
P- Dentro de este conjunto de creencias ¿cree en el ser humano como ser trascendente?
R-No es esa una cuestión que me preocupe demasiado, porque mi sentir es claro al respecto. En mi se afirma el sentimiento de que pertenecemos a un cosmos y a un todo apreciable en cada instante que vivimos. Con eso para mí es suficiente. También estoy firmemente convencido de que no estamos solos sino fundidos con lo conocido y lo desconocido universal, en donde todo es posible. El hecho de sentir esta pertenencia existencial de un todo ligado a mi conciencia, esa percepción es a lo que yo llamo el “alma”. Esta dimensión espiritual de la realidad se hace especialmente patente en ciertas ocasiones en que se está más receptivo, cuando escuchas una música, ves una imagen concreta, etc. Es una respuesta que procede del interior.
Estos aspectos espirituales efectivamente se reflejan en mis obras donde están las huellas de lo que es “lo corporal”. Ahí se concreta todo lo que pertenece a la materia: el papel, los números, las letras, las arrugas, las líneas, etc. Este es el vehículo que me permite acceder a la expresión de todos estos mundos superiores de lo espiritual.
P-Lo simbólico parece jugar un papel importante entre las sugerencias que se proponen en sus obras ¿qué papel cree que juega el simbolismo en sus producciones artísticas en general?
R-Si los símbolos los tienes razonados e interiorizados, surgen como una respuesta simplemente autónoma. Recordemos aquella famosa frase de que “el hombre es un animal simbólico”. Yo los símbolos los interpreto como un alfabeto libre, donde tú, eliges esos símbolos para construir palabras y frases con un sentido alegórico que sirvan para establecer, a mayor o menor escala, un diálogo libre y dúctil, nunca cerrado, con el espectador. Son visiones personales que, en su conjunto, pueden diferir mucho entre unas y otras, en función de nuestra personalidad, capacidad de percepción y sensibilidad. Así, aunque la que predomina es la visión de frente que el artista propone, las interpretaciones son tan personales que entramos ya dentro de una dinámica humana perceptual.
Podría decirse que el propio abstraccionismo es un tipo de lenguaje situado a este nivel de conexión. Cuando puede producirse una combinación de lo abstracto con lo figurativo, como es el caso de mi obra, a veces surgen esos símbolos universales, arquetípicos que son comunes en todo tiempo y lugar al conjunto de la humanidad porque están integrados en nuestra psique y son consustanciales a todos nosotros, intrínsecos a nuestra especie. Entonces es cuando podemos hablar de una comunicación estricta a nivel simbólico. Mi obra integra ambas posibilidades de expresión y comunicación.
P-En esta última fase de sus producciones se observa un giro hacia un cierto empoderamiento del mundo de la imagen sobre otro tipo de soluciones más “pictóricas” y allí surgen las temáticas ¿Entre las que Ud. trabaja actualmente existen formulaciones recurrentes o intereses argumentales concretos?
R-Bueno. En mi obra sigo buscando una emoción, esa ligada a lo que siempre he buscado para expresar el sentido de pertenencia a un todo del que antes hablaba, esa vivencia de lo místico a la que tengo total libertad de acceso y me trasmite las sensaciones que busco. Y existe esa otra dimensión anclada en lo material que para mí se expresa fundamentalmente en el trabajo experimental sobre el papel. Es en la unión entre esas dos dimensiones, en las confluencias de una con la otra entre lo material y lo espiritual, el punto donde siempre he intentado situar mi obra plástica. Con estos intereses concretos me he desarrollado y actualmente siguen plenamente vigentes, aunque ahora trabajo con técnicas más actuales, con herramientas informáticas y experimentando con las soluciones que estas proporcionan.
La imagen siempre me ha interesado. Hablo de esas imágenes “reales” propias del cine, por ejemplo, que tienen el poder de conmoverte profundamente. El cine mudo en particular siempre me ha fascinado porque expresa muy bien el poder de la imagen en estado puro con esa sucesión de luz y movimiento que es pura vida. Y este interés me ha conducido de forma natural a tomar un papel más activo y a incorporarme a la realización de videos y producciones plásticas ligados a ellos. Estas imágenes me han permitido explorar otros aspectos de la esencia de lo humano que corresponden al mundo de las pulsiones, de los impulsos, que también son parte indisociable de nosotros, expresar plásticamente toda esa dimensión que, si la negamos, nos produce un conflicto. Entre ellas incluyo Imágenes de violencia, de sexualidad explícita, etc que buscan tanto conmover como incomodar, pues creo también en el Arte como “agitador”, como removedor de actitudes y de conciencias.