Entrevista a Marián Sanz y Germán López, El arte y la vida

Los motivos del coleccionista para serlo pueden ser variados. El coleccionista más interesante es aquel cuya vocación se asemeja a la del artista. El azar interviene en ello, a buen seguro, pero la necesidad interior es el factor esencial. Algo a lo que termina sumándose una voluntad de comunicación, que no sólo supone el riesgo de exponer y exponerse, sino una vía de acción social, sin la cual el artista, por mucho que lo fuera, sería invisible. El que el arte quiera cambiar la vida, y no sólo la privada, la del creador o la del coleccionista, resulta necesario. Es así como el coleccionista apasionado siente la necesidad de transmitir su pasión a la sociedad, la de comunicar. Y ello desemboca en la puesta de su colección a disposición del público, materializándose, por ejemplo, en fundaciones como la creada por Marián Sanz y Germán López en Cretas, comarca del Matarraña.

Procedente ella de Aragón, y él de Extremadura, se encontraron en la Barcelona de los años setenta, una ciudad llena de posibilidades, abierta y culturalmente efervescente. La colección la comienza Germán, que le lleva a Marián algunos años de ventaja, pero es fruto de la complicidad.

Se puede decir que la "colección" propiamente dicha, como cosa estructurada y argumentada, se distingue aquí del conjunto de obras que se adquieren, y es más amplio y diverso, menos coherente. Los coleccionistas plantean un discurso sobre su propia generación, la de los artistas nacidos en las décadas de los 40 y los 50, y que protagonizan el arte español de los ochenta. Algo que puede entenderse como una reivindicación. Reivindicación generacional a la que se suma otra, la de una comarca, el Matarraña, y la de un pueblo, Cretas, donde está la casa familiar de Marián.

Allí compran un edificio histórico, en el centro del pueblo, lo rehabilitan exquisitamente, y lo abren al público en el año 2012. Sobre este amor compartido por Cretas comienzo preguntándoles.

 

A. R. Vuestra Fundación es prueba de amor a Cretas por parte de ambos. El amor de Marián está enraizado en su infancia, pero me gustaría preguntarle a Germán por su primer encuentro con el pueblo y con el Matarraña, y saber cuánto tardó en contagiarse ese afecto.

 

G. L. Mi primer viaje a Cretas fue en agosto de 1977. Marián y yo ya éramos novios y mi futura suegra me invitó a pasar unos días con ella y sus dos hijas.

El contagio fue lento, pero sin pausa, sobre todo después de casarnos en marzo de 1978.

Siempre he dicho que la vida en Cretas era la contraria de la de Barcelona. Eran el positivo y el negativo: lo que no hacía en un sitio lo hacía en el otro, y viceversa.

 

A. R. La del Matarraña es una comarca que ha atraído a muchos creadores contemporáneos, artistas plásticos o escritores. Podemos hablar de los motivos de semejante atracción, y de vuestra posible relación con algunos de ellos.

 

G. L. Hasta dónde sabemos, creemos que el primero en irse a vivir a Calaceite fue José Donoso, a finales de los años 60. Después tuvieron casa allí Gustavo Gili, Ràfols y Maria Girona, Romà Vallés, Mauricio Wacquez, Natacha Seseña, Yves y Bigna Zimmermann, Ángel Crespo, etc.

¿Los motivos? Tal vez los mismos que tenía yo. Además, el descubrimiento de un lugar sin prisas donde poder crear y relacionarse con tranquilidad.

En cuanto a la relación con esta gente… conocíamos de Barcelona a los Ràfols y a Yves Zimmermann, y ellos nos fueron presentando a otros.

Debo añadir que desde hace unos años vuelve a haber por aquí un grupo de intelectuales y gente inquieta, algunos de los cuales son hijos de los primeros.

 

A. R, Os lleváis algunos años, y para cuando os conocisteis, Germán ya llevaba tiempo coleccionando, y todavía más tiempo interesándose por el arte.

Germán, ¿qué se podía saber del arte contemporáneo en la Extremadura de tu adolescencia y juventud? ¿Cuál fue tu primera galería? ¿La primera compra? ¿El primer galerista a quien pudisteis llamar amigo?

 

G. L. No llevaba mucho tiempo coleccionando. Cuando Marián se incorporó a la tarea, yo sólo había comprado unas cuatro o cinco obras.

La primera sala de exposiciones en la que entré fue la de la Diputación Provincial de Badajoz, en 1957.

Yo era bastante joven, pero creo que, en Extremadura, como en otros muchos lugares de España, casi se desconocía el Arte en general y totalmente el Contemporáneo.

Pintores importantes de la tierra, como Ortega Muñoz y Barjola, vivían en Madrid y exponían en la Galería Biosca.

Mi primera galería en Barcelona fue la Maeght, en la calle Montcada, al lado del Museo Picasso, y fue allí dónde compré el primer cuadro, un gordillo de 1975, en octubre de 1976.

Tal vez los primeros galeristas amigos, todos de Barcelona, fueron Paco Farreras de la propia Maeght, Marisa Díaz de la Fuente, “Marisa de la Ciento”, y René Metras. Los dos primeros tienen, cada uno, una sala dedicada en la Fundación. René Metras, aparte de amigo, fue un hombre que nos enseñó a mirar la pintura y con quien aprendimos muchísimo.

 

A. R. En cuanto a ti, Marián, ¿cuál fue la primera obra de la colección que puedes calificar como tu primer capricho o enamoramiento personal?

 

M. S. He tenido muchos amores a primera vista, que podrían haber sido caprichos si Germán no me hubiese ayudado a mirarlas bien, pero creo que he estado enamorada de cada una de las piezas que tenemos.

Sin embargo, tengo que diferenciar entre las primeras obras que compramos juntos y las que conforman “la colección”. Entre las primeras mi primer amor fue una tela de Ràfols Casamada que está en casa desde 1977. En esa época en que mi Pigmalión particular me iniciaba, hubo muchos amores más, pero esa obra fue el primero, y cuando lo miro aún me emociona.

En cuanto a las obras de los ochenta, aunque sea difícil escoger sin ser infiel, hay una obra que es mi preferida y que, de hecho, es como el buque insignia de la colección, pues hasta se hizo una pared solo para ella, y es la primera que se ve al entrar en la Fundación. Se trata de “La silla” de Manolo Quejido, que llegó en 1984 y en la que el tiempo “ha pintado muy bien”.

 

A. R. ¿Y cuál fue el museo (de arte contemporáneo o no) cuya visita más te marco, y pienso, tal vez, en tu juventud, en esos años en que uno es más influenciable?

 

M. S. De muy pequeña, tendría 6 ó 7 años, estuve en el Prado y recuerdo perfectamente que me quedé embobada con “El jardín de las delicias”.

Después de eso ya no me impresionó nunca nada tanto como Cuenca (el Museo de Arte Abstracto). Fue como una revelación que me contagió la pasión de Germán.

 

A. R. Esta entrevista se publicará en la revista de la AACA, la asociación aragonesa de críticos de arte. Sé que, en vuestro caso, como en el caso de otros coleccionistas, el papel de algunos críticos y teóricos de arte ha sido fundamental. Contadme quiénes fueron.

 

G. L. Antes de coleccionar Arte de los 80, José M.ª Moreno Galván (de “Triunfo”). Después, ya a finales de los 70, Juan Manuel Bonet, Ángel González García y Rosa Queralt.

 

M. S. Nunca nos aconsejaron, pero leíamos sus escritos y críticas. Además, con Rosa hablábamos muchísimo de arte.

 

A. R. Un acertado criterio, en parte económico, en parte de afinidad, derivado de un consejo, os llevó a comprar el arte de vuestra generación y vuestro país. Es un criterio que puede recomendarse a todo coleccionista joven. Pero creo que vuestra generación concreta fue extraordinaria, y que tuvisteis, diría yo, que suerte con ella. ¿Qué caracterizó el arte de los 80?

 

G. L. Para nosotros, lo que caracterizó al arte de los 80 fue, sobre todo, la libertad y la alegría de vivir, todo parecía posible. Cada cual hacía lo que le apetecía, unos con más acierto y otros con menos.

Decía Paco Calvo Serraller que el arte español de los 80 ya era “normal”, que era como el de otros países, y que ya no predominaba la “veta brava” que arranca con Goya, sigue con Solana y llega a la generación de los 60 (Millares, Saura, etc.).

 

A. R. Esa normalización, la desdramatización del arte español, tuvo que ver con un arte que reflexionaba sobre el propio arte, y con un cierto hedonismo. ¿Era algo que necesita la sociedad? ¿La belleza debe ser reivindicada como un derecho humano?

 

M. S. La Belleza en el Arte sí que debe ser reivindicada como un derecho humano. El hombre, como ser sensible, necesita estar rodeado de cosas bellas, y una es el Arte. Creo sinceramente que la sociedad lo necesita y más en estos tiempos en los que nos ha tocado vivir.

 

A. R. Los 80, en España, y en materia artística se asimilan inmediatamente a la pintura, no obstante, uno de los puntos de interés de vuestra colección es que vais más allá, y sumáis fotografía y escultura. Y me centraré en la fotografía, porque son los años en que empieza a consolidarse como una práctica más en el sistema de las artes, y empieza a coleccionarse. Un anticipo de boom que llegará acto seguido. ¿Dónde veíais fotografía? ¿En qué salas? ¿A qué fotógrafos conocisteis personalmente?

 

G. L. y M. S. La verdad es que cuando comenzamos a coleccionar no veíamos mucha fotografía e, incluso, no nos planteábamos comprar. Reconocemos que “la llegada” de la fotografía a galerías de pintura de la calle Consejo de Ciento, como René Metras y Eude, despertó nuestro interés y decidimos que si queríamos una colección que reflejara el Arte de los Ochenta, teníamos que completarla con la fotografía.

Con el tiempo conocimos a Tony Catany, Maria Espeus, Manuel Serra, Manuel Esclusa, Ferran Freixa, Manolo Laguillo, Miguel Trillo…

 

A. R. Siguiendo con el asunto de las relaciones personales… ¿Cuál (cuáles) son los artistas más próximos? ¿Alguno de ellos ha conocido Cretas gracias a vosotros?

 

G. L. Xavier Grau, García Sevilla, Miguel Rasero, Sergi Aguilar, Rosa Amorós, Soledad Sevilla, Chancho, Patricio Vélez, …

 

M. S. La verdad es que por Cretas han pasado pocos, aunque hay muchos que saben de la existencia de la Fundación e, incluso, han sido invitados a conocerla. Sin embargo, podemos citar a Miguel Trillo, Adolf Genovart, Miguel Rasero, Patricio Vélez y otros más jóvenes como Sabine Finkenauer, Idoia Montón, Leticia Feducci, Miquel Mont.

 

A. R. El criterio de la colección es claro. ¿Cuál es el criterio de las temporales? ¿Cómo juegan con la colección?

 

Al principio, pensábamos hacer temporales de artistas más jóvenes que los de la Colección. Luego, hemos ido exponiendo a miembros de ambas generaciones:

  • Homenajes a fallecidos: Gemma Sin, Luis Claramunt
  • Artistas relacionados con el Matarraña:  Luis Claramunt, Sabine Finkenauer
  • Tribus urbanas madrileñas de los 80: Miguel Trillo

 

A. R. ¿Qué artistas de los 90 o de ahora mismo, fuera de la lógica de la colección os ha tentado comprar?

 

G. L. Podemos decir que Patricia Gadea, Peio Irazu, Miquel Mont …

 

A. R. El cubismo se dice que nació cerca de Cretas, en Horta de San Juan, durante la estancia allí de Picasso.

 

G. L. El cubismo nació en París con “Las señoritas de Avignon” (1907). La segunda estancia de Picasso en Horta es en 1908.

Siempre se habla de dos cubismos, analítico y sintético, pero a veces olvidamos el primero, el de “Las señoritas” y los cuadros de Horta. Picasso es el único pintor que tuvo tres momentos cubistas; los restantes, dos.

 

A. R. ¿Sería Picasso la puerta de entrada a la compresión del arte moderno, tan ardua para muchos?

 

G. L. Totalmente.

Cuando Picasso falleció, José M.ª Moreno Galván dijo que tenía la llave de la pintura del siglo XX y que la cerró cuando murió.

Para mí, el cuadro más importante del siglo XX es “Las señoritas de Avignon”.