Según lo convenido, la artista pluridisciplinar Prado Vielsa, acompañada por la siempre entusiasta y creativa Mari Carmen Gascón, a la que ella llama su “hada madrina”, acuden puntuales a la cita en mi casa al pie de la sierra de Guara deseosas de que desentrañemos entre todos algunos conceptos un tanto crípticos a los que Prado ha abordado en el desarrollo de su proyecto con título AAGUA -galardonado con el premio Ramón Acín 2025 de la DPH- cuyo último capítulo ha desarrollado este mismo verano en el valle de Hecho (Alto Aragón occidental), al calor de su histórico symposium (celebrado entre 1975 y 1984) y de la figura inefable de su impulsor, Pedro Tramullas (fallecido en 2017).
Franquea la puerta una Prado (a quien, hasta ahora, yo no conocía personalmente) irradiando una energía clara, expansiva y hondamente femenina que habla entusiasmada de su última experiencia pirenaica. Y no es para menos, pues la obra concluida en el monte cheso resulta, a pesar de su aparente sencillez, toda una demostración de madurez artística, producto de un sensible y preciso uso de los lenguajes y materiales artísticos. El objetivo esencial de Prado, centrado en aportar un poco de belleza y de verdad al mundo, en devolverle algo de su perdida dignidad y primigenio esplendor, es alentado por una pasión que, a nivel formal, siempre sabe contenerse en sus más precisos límites de eficacia expresiva. Se trata de un proceso abierto que deja espacio a la acción de otras disciplinas no en rigor “escultóricas” o plásticas que lo enriquecen notablemente, hasta el punto de transformar sus producciones en toda una experiencia creativa viva e integradora.
La experimentación continua en el uso de nuevos y sugerentes materiales plásticos, la conexión profunda entre forma, contenido y espacio altamente significante, el vínculo indisoluble que ella siempre sabe establecer entre espíritu y materia, entre lo ético y lo estético, son “marcas de la casa” suyas. A todo ello se une la curiosidad (o necesidad) última de profundizar en el mundo de los símbolos (más específicamente en el ideario más genuino del artista jacetano) para lo que acude a mí en busca de una mejor comprensión y aclaración de algunas claves que yo, simplemente, no puedo darle, salvo aquellas que se restringen al ámbito “informativo” o producto de mi larga experiencia vivencial con él. Porque lo que Prado no sabe es que las respuestas ya las lleva ella consigo en ese mismo cuestionarse suyo, en su firme propósito de avanzar y enriquecer su propio camino de creación con éste fértil acercamiento al mundo tramullense. En este luminoso tránsito que su instinto y sensibilidad han elegido emprender, éstas irán llegando por sí solas.
Esta última experiencia le ha abierto, sin duda, todo un mundo nuevo, enriquecedor y sorprendente basado en la inspiradora y genuina “poética de lo ancestral” de Tramullas con sus planteamientos energéticos cosmo-telúricos, el uso magistral de los símbolos arquetípicos y el cálculo basado en el Número de Oro, los métodos tradicionales de la Geomancia, de la Geometría Sagrada, del Hermetismo, la Cábala, la Alquimia, y otros misterios atesorados por los dólmenes y cromlechs pirenaicos o por las liturgias e idearios propios del Neo-druidismo galo sancta sanctorum de la más alta y ancestral cultura europea en que el escultor militara durante su larga experiencia parisina. Le preguntamos por ello y, de paso, profundizamos en sus intereses en general y en los secretos de su última obra efímera realizada en el valle de Hecho.
Prado, de toda la enorme carga de sugerencias que, estoy seguro, la figura y la obra de Pedro Tramullas y su symposium te han aportado ¿qué podrías destacar como especialmente enriquecedor para ti?
Simplemente el hecho de estudiar a Tramullas, a su obra, a su persona, me ha aportado un contacto directo con lo ancestral, con lo que realmente importa, con la realidad más absoluta.
¿Por qué el agua? ¿Qué hay concretamente en esta poética de lo líquido que tú pones en juego con prodigalidad en los últimos años, qué es lo que te inspira y te interesa tanto como para centrar particularmente en ella una parte sustancial de tu actual propuesta artística?
Elegí el agua como elemento primordial, como origen de vida. Comencé con este tributo a lo acuático en la residencia Arranz-Raso (Valle de Benasque, Huesca) en 2023. En ella realicé un exvoto al agua dándole un carácter de divinidad. Más tarde, en otra residencia artística en Uncastillo (Zaragoza) en 2024, otorgué al agua memoria, entendiéndola como lienzo en que escribieron nuestras ancestras y que ahora podemos comenzar apenas a percibir. En “Aagua Escribe”, entre otros propósitos, doto al agua de personalidad “jurídica”. En el actual proyecto ”Aagua” la considero autora, junto a Tramullas y yo misma, todos en la misma proporción, de la instalación efímera que he realizado en Hecho y donde estimo este símbolo primordial como anclaje a lo real, a la misma vida. En este mundo actual, que cada vez me resulta más extraño, en que se contamina no solo la tierra, sino también el agua, el aire y hasta nuestra propia identidad y se hace “luz de gas” incluso a la percepción de nuestra corresponsabilidad en todos estos estos procesos tan nefastos, el agua se convierte para mí en verdad absoluta.
Mucho más allá de tu preocupación por lo estético y los bellos resultados en lo formal -que en tu caso, es preciso reconocerlo, alcanzan cotas espléndidas también en cuanto a sus efectos sensitivos- en tu obra te has acercado a posiciones de claro corte político y reivindicativo (la memoria y la historia ocultada, por ejemplo) y has comentado en alguna ocasión que concibes el Arte como espacio de encuentro y reflexión, de compromiso social, de conciencia ecológica…¿cómo nos definirías brevemente estos importantes aspectos integrados que enfatizan de forma tan especial tus propuestas artísticas?
En mi obra yo creo que lo que se refleja con cierta claridad es mi personalidad. Por un lado, ese espíritu, ese pensamiento volátil del “estar, pero no estar” al mismo tiempo, ese mundo paralelo que desde que tengo uso de razón, desde mi infancia, existe en mí. Probablemente, este aspecto concreto se vea más reflejado en mi trabajo con la luz y el color que construye mis “cartografías”. Y luego está esa faceta mía más humana, más en contacto con la realidad en la que toco tierra y soy más permeable a todo lo que me rodea. Y en esta otra vertiente mía más “activista” me afecta muchísimo todo, el problema de la ecología y la memoria histórica, el de la situación de la mujer, incluido el entorno más inmediato que me rodea, el paisaje cotidiano que intento desaprender cada día para percibirlo desde otras perspectivas o filtros… En ella trabajo con un lenguaje menos abstracto y más anclado en esta realidad muy mejorable que todos percibimos. Y en ella trato de trabajar expresándome con el lenguaje visual más que con palabras o acciones más genéricas.
En realidad, no sé hasta qué punto integro todos estos aspectos…nunca me lo había planteado. Pienso que conviven en mí. Son mi realidad y en mi necesidad de expresarme hago que surjan al exterior, unas veces de manera serena y envolvente y otras, de manera casi violenta sin buscar la belleza de manera deliberada.
En tus respuestas observo que destacas de forma reiterada un concepto que seguramente es clave para ti: el de la “percepción” como una parte esencial de tus procesos ¿Qué puedes comentarnos al respecto?
Sí, ciertamente. Y mi trabajo en Hecho me ha permitido volver a constatar que existen otras realidades invisibles, más escurridizas, pero mucho más veraces que yo siempre había percibido y que desde niña siempre había sentido. Yo siempre he sido muy sensible a la energía, a la energía telúrica, a determinados aspectos del simbolismo. Y con esta obra lo he vivido como algo tangible a través de Pedro Tramullas, de investigar en su obra, en el contacto con su persona, en el conocimiento de su forma de trabajar, en mis conversaciones con otras personas que convivieron con él, que conocieron su obra de primera mano…
Por último, háblanos de tu última obra creada en el marco de Hecho y su symposium, de cuáles son sus propósitos y logros, de cómo la experiencia ha podido ayudarte a crecer personal y profesionalmente y, en su caso, abrirte nuevos horizontes creativos.
Tuve la grandísima suerte de conocer en persona a Tramullas aún en vida y que me explicase como trabajaba con el Número de Oro. Creo recordar que fue en 2014. Para mí fue un encuentro muy especial que recuerdo con mucho cariño y que, de alguna manera, he guardado todos estos años hasta aflorar ahora en esta obra.
Esta última instalación escultórica creada específicamente para el valle de Hecho, parte de unas piedras inacabadas que comenzó a tallar Pedro Tramullas -que estaban arrumbadas por los alrededores del museo “Pallar d´Agustin” y me mostró mi gran amiga y mecenas, Mari Carmen Gascón- y que yo he trasladado y, paso a paso, he completado de alguna manera con mi trabajo, me ha permitido ampliar mi comprensión de la realidad y mi conciencia de forma más completa. Creo que para mí han sido mucho más enriquecedores todos esos aspectos de la obra a la que, en realidad, yo nunca he llegado a controlar y que he ido experimentando como algo ajeno, como una fuerza que me llevaba a tomar decisiones de las cuales yo no era consciente. Eso me ha desencadenado, bueno, como un “clic” y creo que va a ser trascendental a partir de ahora en mi obra. No sé si en toda, pero al menos en esta parte más activista, más “artivista”. La finalidad de la obra en origen era crear una instalación escultórica en la que el agua fuera protagonista, otorgándole esa personalidad yo diría que “jurídica” en la cual es tan autora y responsable como lo fue Tramullas de sus piedras y yo de mi alabastro y la parte de cristal que he introducido en la instalación. Yo, lo que quería transmitir en origen era ese mensaje del agua y este objetivo se ha ido concretando poco a poco en una escritura afinada en las armonías exactas del Número de Oro que tan importante fue para Tramullas en toda su obra. A esa Proporción Aurea se ajustan esos renglones que he tallado en alabastro y sobre los que va a ser determinante la acción del agua en su discurrir a través del tiempo. Y ese es su mensaje, el de trasladar la sabia voz de la naturaleza a un plano matérico, el que podamos apreciar con la complicidad del paso del tiempo nuestra evolución y nuestra propia esencia a través de esta escritura hecha de agua. Espero que ese mensaje nos transforme de alguna manera a todos los que lo queramos percibir.


