Entrevista a Julia Puyo (foto: Pedro Fondevila)

P1.-La obra de una licenciada en Bellas Artes, con una formación académica, no es nada convencional ya que se alinea con nuevos registros artísticos y nuevas tecnologías. ¿Cómo se realiza ese salto hacia lo digital, hacia lo conceptual? ¿Cuál fue la chispa?

Sin duda el cursar como optativa en segundo año de la carrera de Bellas Artes la asignatura de Escultura: apropiación de técnicas interdisciplinares propició que entrara en contacto con un lenguaje plástico, unos conceptos y unos recursos técnicos con los que me siento más identificada para materializar mi pensamiento.
Otro detonante fue la asignatura de escenografía, durante la cual frecuenté asiduamente el Teatro de los Manantiales de Valencia. En este centro de creación y de exhibición escénica contemporánea (que cerró como consecuencia de la crisis) pude asistir a representaciones en las que el cuerpo, la palabra y el dispositivo escénico eran las piedras angulares de unas obras con un marcado contenido político (en el sentido del sujeto que disecciona su entorno para generar y estructurar un discurso y un imaginario propios).

Afirmé esta evolución hacia el uso de tecnologías digitales para materializar un discurso conceptual durante el año que estudié con una beca erasmus en París. Ver dramaturgia contemporánea, visitar museos como el Pompidou, el Jeu de Paume, el Palais de Tokyo, asistir a  festivales de Media Art (en Francia hay una red prolífera de festivales multimedia), cursar asignaturas de programación aplicada a las instalaciones artísticas con Arduino y Processing… Más que un salto ha sido y es un recorrido, una evolución natural fruto de una búsqueda que continúa hoy en día.

 

P2.-W. Blake decía en sus “poemas del infierno” que “una idea llena la inmensidad” ¿está la sociedad preparada para percibir este tipo de arte que supera lo retiniano para transmitir ideas y conceptos?

Si una parte de la sociedad maneja todos los días dispositivos interactivos como vehículos de información y de servicios, y es capaz de asimilar los mensajes y de utilizar las prestaciones para los que han sido creados, sí que considero que la sociedad está predispuesta para poner en práctica una serie de capacidades con las que percibir las ideas y los conceptos que se vehiculen a través de herramientas que le son familiares.
Lo que hay que evitar es que la sociedad se limite a lo retiniano de las interfaces, a la superficie de lo que proponen las aplicaciones tecnológicas siguiendo una estrategia de oposición: frente a la superficie, fondo.

 

P3.-Bachelord decía que analizar (racionalizar) una obra de arte es asesinarla. ¿Es mejor sentir que entender? La obra de arte de hoy, ¿necesita de la palabra para ser explicada y entendida?

Me baso en una constatación personal para decir que se puede sentir y a través de la sensación estructurar un entendimiento, y que se puede entender y con ello sentir el efecto de la idea. No creo que uno de los procesos sea mejor que el otro.
Sentir puede ser el estímulo que incita a alguien a querer entender una obra o una técnica (se habla de la importancia de la emoción en el aprendizaje, por ejemplo). Pero quizá más que de sentir o de entender hablaría de reapropiarse, de incorporar. Reapropiarse y hacer evolucionar la idea-sentimiento de una obra que te ha marcado, incorporarla al imaginario que define a uno mismo como sujeto y explorar las técnicas con las que se ha llevado a cabo.

 

P4.- Una de las grandes virtudes del arte es que cambia sin por ello progresar. ¿Que ofrecen las nuevas tecnologías, como alternativas de “ belleza” o poéticas, que superen la forma del discurso visual académico convencional?

Teniendo en cuenta que la cultura contemporánea es digital, es necesario que las tecnologías estén presentes en el campo de la creación artística. No como una “alternativa a” o una “superación de”, sino como parte de un discurso visual contemporáneo y académico en contacto con el presente.

La tecnología es una materia prima con la que los artistas podemos generar unos contenidos poéticos y estéticos que están en contacto directo con la realidad tecnológica del presente y la cultura digital contemporánea. Eso sí, una tecnología no es por sí misma estética o poética.

 

P5.- Bertolt Brecht proponía que el arte debía tratar temas actuales y se debía de hacer, no para educar al espectador, sino para comunicarse con él. ¿El arte es una forma de plantear preguntas y reflexiones, en definitiva comunicación o es un mero acto lúdico?

El derecho francés denomina como una obra del espíritu a toda creación intelectual original realizada bajo una forma. Materializar, concretar, para que la obra del espíritu pueda llegar a otro espíritu receptor. El arte es un lenguaje con el que establecer una comunicación directa, una re-flexión entre espíritus. Y lo lúdico puede ser una herramienta para estimular el conocimiento o el intercambio, la comunicación entre sujetos y la creación de imaginarios compartidos siempre y cuando esté al servicio de una idea y de unos contenidos estructurados y pertinentes.

 

P6.- dos líneas marcan tu trayectoria. De un lado la interactividad con el espectador a través de la tecnología como parámetro artístico, con una fuerte carga plástica. De otro lo conceptual como elemento ambiguo que provoca reflexión y espolea la imaginación. ¿En qué línea te sientes más identificada?

Ambas líneas me resultan imprescindibles para materializar una práctica artística que analiza y que utiliza la influencia de las tecnologías y de la cultura digital sobre la comunicación y la creación de contenidos textuales y audiovisuales.