Entrevista a Isabel Serrano (Maiserra)

Es una suerte poder conversar con Isabel Serrano —Maiserra— (Zaragoza, 1995), una de las voces emergentes en el panorama artístico aragonés, una artista joven con una fuerte vocación por ámbitos como el intervencionismo comunitario, el arte urbano o la ilustración. Maiserra estudió Bellas Artes en Madrid para después asentarse en su ciudad natal, Zaragoza, donde continuó formándose y donde ha desarrollado proyectos en barrios como Torrero, el Gancho o la Magdalena. Artista entre lo local y lo global, en estos últimos años ha vivido la experiencia de una residencia artística en Nueva York o, en unas semanas, se trasladará a Londres para participar en un muestra organizada por el British Council Interconnected Realms: Exploring Togetherness (Europe House, Londres, 2024).

Al repasar tu trayectoria, tengo la sensación de que has encontrado un equilibrio entre salir de Zaragoza y volver a las raíces. ¿Cómo fueron esos años de formación en Bellas Artes en la Complutense?

La verdad es que fueron unos años increíbles, los recuerdo con mucho cariño. Yo empecé estudiando Psicología, pero siempre tenía en mente cómo podría cambiarme a Bellas Artes, y en particular a la Complutense. Me llamaba muchísimo el ambiente, sus pasillos con dibujos de los alumnos, las taquillas decoradas, las aulas… Era un entorno creativo que me atraía muchísimo.

Además de conocer a personas que se convirtieron en grandes amigas y vivir momentos increíbles, durante esos años tuve la oportunidad de experimentar con técnicas muy diversas: pintura, dibujo, escultura, fotografía… y explorar diferentes estilos. Probé desde lo más tradicional hasta lo más conceptual. Todo eso me ayudó a ir encontrando mi propia imagen artística y a entender mejor qué me gustaba y qué no tanto.

Y, por supuesto, vivir en Madrid durante esos cuatro años fue una experiencia maravillosa. Amo la ciudad y su energía, y suelo ir muy a menudo. A veces pienso que me hubiera gustado aprovechar más ese tiempo de manera profesional, pero desde una perspectiva más madura. Me doy cuenta de que esa etapa fue clave para poder analizar mi estilo y saber qué quiero y qué no quiero hacer, al menos de momento.

De aquellos años de estudiante de Bellas Artes viene tu serie de cuadros sobre los vicios. ¿Cómo surgió esa idea tan vibrante de trabajar al rotulador? ¿Crees que aquellos primeros cuadros han terminado definiendo tu estilo actual?

 

Completamente SÍ. Diría que fue lo primero que creé con lo que realmente llegué a conectar. Me gustaban mucho esos cuadros y me sentía muy a gusto con lo que había hecho. Desde entonces, en la mayoría de las obras que realizo, he seguido utilizando la misma paleta de colores, y aunque algunas cosas que hago ahora son diferentes, siempre conservan la esencia de esos primeros trabajos.

La idea surgió en tercero de carrera, para el proyecto final de la clase de pintura. Ya había hecho un boceto de unas manos fumando, simplemente por diversión, pero quise ir un paso más allá y buscar un concepto que diera cohesión a todo. Fue entonces cuando pensé en los “vicios” de la sociedad como tema central para crear una serie. Ahí empecé con la técnica del rotulador, la doble línea y esos colores que he seguido explorando, y que, en cierto modo, han definido mi estilo hasta el día de hoy.

Cuéntanos cómo fue tu experiencia en Nueva York en 2022.

Poder viajar a Nueva York fue realmente un sueño. Fui gracias a la beca Universtage para realizar unas prácticas como gestora cultural y, gracias al universo, terminé en Mothership NYC, una residencia artística en Greenpoint, Brooklyn, que se sentía como una comunidad y una familia, donde artistas de todo el mundo mostraban sus obras y realizaban exhibiciones en la azotea, con cuadros, conciertos, performances… ¡de todo!

También tuve la suerte de trabajar en Noonsphere Arts, un centro cultural donde se organizaban grandes eventos. Gracias a esas prácticas, aprendí mucho sobre la gestión de eventos artísticos y tuve la oportunidad de conocer a Sol Kjok, trabajar en su taller y aprender de ella. Entender cómo funciona una residencia artística desde dentro me enamoró por completo. Me fascinaba ver cómo las antiguas fábricas se convertían en talleres y casas, con sus escaleras de incendios y esas cristaleras enormes… ¡Para mí era como estar dentro de una película!

Aunque mi trabajo se centraba en la gestión, la ciudad en sí es una fuente constante de inspiración. Visité todos los museos y exposiciones que pude, y cada esquina tenía algo que me llamaba la atención. Aproveché para perderme, pasear, pensar y dibujar sin ningún tipo de presión, sin un objetivo concreto. Fue un tiempo para crear simplemente por el disfrute de hacerlo.

Siempre estoy buscando nuevas oportunidades para conocer otros lugares, conectar con artistas y aprender de ellos. Nueva York fue una experiencia que me marcó y me dejó con ganas de más.

Los trabajos que has realizado en los últimos años muestran un interés por las intervenciones comunitarias. En 2021 realizaste una intervención urbana pintando un mural en la calle Alfredo Balaguer, en el barrio de Torreo. ¿Podrías contarnos cómo surge esta idea?

Sí, siempre me ha llamado la pintura mural, ver fachadas enormes y muros pintados con diferentes estilos en grandes formatos. Es algo que siempre me ha llamado la atención y, además, me daba curiosidad cómo lo hacían. ¿Simplemente iban allí y pintaban? ¿A quién tenía que pedir permiso?

A finales de 2020, estaba trabajando de camarera y aprovechando para sacarme algunos títulos, ya que pensaba en presentarme a las oposiciones de profesorado. Como todos sabemos, la restauración se complicó un poco debido a la pandemia, y estuve un par de meses sin poder trabajar.

Mis padres siempre han vivido allí, al lado de ese muro, y ya le había echado el ojo desde antes; en mi mente, ya había visualizado que es lo que quería hacer. Así que, aproveché esos meses que tenía más tiempo libre, para llamar al Ayuntamiento, pregunté qué tenía que hacer, presenté la instancia con el boceto, y en Agosto me llamaron para llevarlo a cabo.

Lo autofinancé y lo hice en Septiembre, y fue una experiencia genial: pintar en la calle, ver a la gente pasar y poder charlar con ellos. Ver eso y, de alguna forma, dejar mi huella al lado de mi casa de toda la vida fue increíble.

Actualmente trabajas en el sector de la gestión cultural y la comunicación a través de la organización Viaje a la Sostenibilidad. Estudiaste el máster en Gestión Cultural de la Universidad de Zaragoza. ¿Qué crees que los artistas pueden aportar a la gestión cultural?

Creo que los artistas pueden aportar muchísimo a la hora de crear nuevos proyectos y presentar propuestas artísticas que beneficien a la comunidad. Muchas veces pensamos que la gestión cultural solo existe dentro de los museos, y no es así. Para mí, estudiar el máster fue como abrirme otra puerta después de haber salido de Bellas Artes y comprender que el pensamiento creativo y la imaginación pueden dirigirse hacia muchos caminos, más allá de hacer obras.

En este sentido, creo que los artistas pueden aportar innovación y creatividad, generando enfoques frescos con proyectos que conecten con la gente. Estos proyectos pueden utilizarse de muchas formas diferentes… para sensibilizar sobre diferentes temáticas, colaborar para abordar problemas sociales, trabajar con grupos minoritarios e incluso revitalizar espacios públicos, dándoles una nueva vida. Creo que el arte y la gestión cultural pueden realmente cambiar la escena de un barrio y de una ciudad.En 2022 ilustraste el libro Gancho, la memoria de un barrio, de Julia Laborda Abadía. Esas imágenes tienen una magia muy especial. A través de ellas nos haces pasear por el Gancho, casi conversar con sus gentes. ¿Qué podrías contarnos sobre este proyecto?

Fue un proyecto que me hizo mucha ilusión, ya que era la primera vez que mis ilustraciones se incluían en un libro. Además, se trataba del Gancho, un lugar donde estoy trabajando desde hace tres años y donde llevamos a cabo la mayoría de los proyectos locales de la organización.

El proceso me sirvió mucho para aprender e inspirarme en lo que quería ilustrar. Investigar sobre el barrio, asistir a algunas entrevistas y leer otros textos que Julia había realizado me motivaron mucho. Creé las ilustraciones basándome en lo que el Gancho significa para mí y en las historias compartidas por los entrevistados. Además, a nivel artístico, también disfruté mucho al definir mi estilo de ilustración, experimentando y encontrando algo con lo que me sentía cómoda e identificada.

Este año participas en la exposición Interconnected Realms: Exploring Togetherness, en la Europe House de Londres. La ilustración que has elegido para esta exposición colectiva es vibrante, enérgica y en ella vuelves a ese trazo sintético y al cromatismo de tus primeros cuadros. ¿Qué podrías contarnos de este último proyecto?

La verdad es que vi la convocatoria y decidí crear algo para presentarme. El concurso invitaba a los jóvenes a expresar creativamente el concepto de "unión" y el valor de la colaboración en temas de paz, democracia, igualdad, solidaridad y desarrollo sostenible entre jóvenes en el Reino Unido y la UE.

A partir de ahí, empecé a pensar en cómo quería representarlo, utilizando la imagen visual que siento más mía. Por eso decidí crear un cuerpo formado por varios cuerpos que sostiene el todo, porque, para mi, todos formamos parte de algo mayor. La idea del individualismo me parece que puede ser engañosa; y creo que lo que realmente nos une es lo que nos da sentido y nos permite crecer juntos.

Me presenté sin ninguna pretensión de ser seleccionada; a veces creo que así es más fácil. Cuando me lo dijeron, me emocioné muchísimo. Ahora, en noviembre, me invitan al evento final en Londres, una ciudad que también me ha inspirado mucho y a la que no he ido en 10 años. ¡Así que, imagínate las ganas que tengo!