Entrevista a Fernando Lasheras, Julia Millán y Daniel Nesquens, por la recepción del Premio Especial de la AACA por la exposición Paseando la mirada.

En primer lugar, enhorabuena por el Premio, muy merecido, por la exposición Paseando la mirada. Historias ilustradas desde Zaragoza.Pudimos disfrutar de ella en La Lonja entre el 25 de enero y el 23 de abril de 2018, ¿cómo os habéis sentido tras la recepción del galardón?

Muchas gracias a la Asociación Aragonesa de Críticos de Arte por habernos concedido este premio. Nos hemos sentido reconocidos, en la parte que nos toca, ya que esta asociación es un referente en la crítica de arte; y por supuesto también los ilustradores participantes en la muestra que han visto cómo su trabajo era apreciado y recompensado con sensibilidad y respeto.

 

Incluisteis a más de treinta autoras y autores en la muestra, nacidos en Zaragoza o muy vinculados a la ciudad y a Aragón, ¿fue complicada la selección?

La verdad es que fue todo un reto, dada la cantidad de profesionales de la ilustración que tenemos en tierras aragonesas. Tuvimos que centrarnos en artistas que desarrollaran su actividad o tuvieran vinculación importante con la ciudad de Zaragoza; era una manera de acotar la muestra para adaptarla al espacio expositivo con las obras más representativas de cada artista.

 

-Me gustaría que nos hablaseis de uno de los ilustradores con más recorrido en Aragón, que abre la exposición, Francisco Meléndez.

Francisco Meléndez fue un pionero que abrió muchos caminos en el mundo de la ilustración: por su formación autodidacta, por su particular manera de dibujar -tan detallista y tan inspirada en el mundo clásico- y por construir un mundo propio usando motivos e iconografías reinventadas. Se notan las horas y horas que pasaba ilustrando, haciendo estudios en sus cuadernos sobre miles de motivos distintos, como un amanuense que transcribía e interpretaba la realidad a su antojo. El trabajo de Meléndez destacaba tanto como su personalidad y ha permanecido como ejemplo de un estilo muy personal que se reconoce fácilmente, pero que continúa sin poder clasificarse.

 

– ¿Podríais destacar a dos ilustradoras o ilustradores, entre el amplio conjunto que planteasteis?

Aparte del citado Meléndez y sin que sirva para ensalzar o denostar a ninguno, no podemos dejar de poner la mirada en Elisa Arguilé e Isidro Ferrer. Ambos han recibido el Premio Nacional de Ilustración (Meléndez también lo obtuvo) y mantienen una trayectoria de gran calidad y versatilidad en sus proyectos, aunque no siempre se traduzca en tener muchas publicaciones en el mercado. En la muestra hay muchos artistas galardonados y gente muy sólida con una carrera de fondo impresionante a la vez que gente emergente que ya despunta en el mundo de la ilustración.

 

– La cuidada museografía y diseño fue uno de los sellos de la exposición, ¿podríais hablarnos del espacio que la cobijó, La Lonja?  

El espacio es magnífico, tanto por su monumentalidad exterior como por los arcos y bóvedas interiores que piden ser contempladas elevando la mirada, pero también impone una disposición determinada, dado el volumen de sus columnas y la utilidad que tuvo durante años. A pesar de esto y como está bien adaptada como sala de exposiciones, fue un reto el configurar el espacio, en el que cada sala mostraba varios trabajos sin resultar recargada ni escueta. Para ello contamos con grandes reproducciones de imágenes en vinilo, vitrinas para los objetos, montajes de madera colgada, cubiertas de libro en rieles y todo lo que el diseño expositivo nos permitió realizar.

 

–  Incluisteis además una amplia y completa biblioteca que permitía contextualizar a las obras. Otorgaba al lector la posibilidad de reunir imagen y texto en su formato original, el libro, ¿resulta complicado musealizar la ilustración, al tener que separarla de su forma tradicional de edición?

El corazón de la Lonja se convirtió en biblioteca, con estanterías, mobiliario cómodo, moqueta y cientos de libros para consultar y leer. Es la primera vez que ese espacio tenía un uso similar y fue de lo más apreciado por los visitantes ya que tenían la oportunidad de ver el resultado de todas las ilustraciones, que no era otro que el libro. Las ilustraciones brillaron por sí mismas fuera del texto, ya que funcionan como un arte pictórico de primer orden y pueden leerse de otra forma, aunque hayan sido pensadas para acompañar a un texto.

 

Asimismo, al final de la muestra se dispuso el “Espacio Bolonia”, un tablón principalmente dirigido a otros ilustradores que estuvieran dando sus primeros pasos en este universo. Allí podían colgar dibujos, proyectos o tarjetas con su contacto, ¿qué futuro auguráis a la ilustración en nuestra ciudad y en Aragón?

Creemos que el futuro debería estar asegurado tanto como lo está el presente. La ilustración puede y debe considerarse como un trabajo de artista y de profesional, y hay que valorarlo económicamente a la altura que se merece, sea a la hora de elaborar carteles, ilustrar prensa, diseñar cubiertas, ilustrar libros o cualquiera de las facetas de artes gráficas que realicen. Hay muchos jóvenes pidiendo un espacio creativo y desde el “espacio Bolonia” queríamos darles visibilidad y a la vez ofrecer la oportunidad de que mostrasen sus trabajos y sus nombres junto con los artistas expuestos. La feria de Bolonia es cada vez más visitada por jóvenes que quieren mostrar sus trabajos para ser contratados aunque la dificultad de profesionalizarse es mucha.

 

– Queda muy claro tras esta exposición que Zaragoza es una tierra rica en arte gráfico y que, además, es una ciudad que se vuelca en iniciativas culturales de calidad. El éxito de visitas y de recepción de Paseando la miradadio buena muestra de ello.

El libro ilustrado lleva un recorrido de bastantes años, en el terreno del álbum, la novela gráfica, los clásicos, las ediciones de poesía, incluso en muchas obras de adultos las editoriales deciden encargar versiones ilustradas o reinterpretadas gráficamente. Es la época de lo visual y nada escapa a esta atracción