-Enhorabuena por el premio y, sobre todo, enhorabuena por tu libro, cuyos méritos han competido en la votación de la última Asamblea de la Asociación Aragonesa de Críticos de Arte con otros muchos publicados en 2019, año de muy feraz cosecha desde este punto de vista. Quiero destacarlo porque es buena muestra de la alta estima que también tiene tu labor en el campo de la crítica, pues has sabido poner en realce la actualidad de las controversias evocadas en este volumen. ¿Opinas que seguimos destruyendo nuestras ciudades? ¿Eres tú tan pesimista como Chueca Goita sobre las actuales transformaciones urbanas?
Muchas gracias, en primer lugar, por tus felicitaciones y, sí, la verdad es que para mí fue una sorpresa obtener este premio, sobre todo porque reconoce la tarea investigadora y crítica en un campo, el de la teoría y la crítica arquitectónica, que no siempre es considerado ni siquiera practicado por los historiadores del arte. Además, sirve –y para mí esto es lo fundamental- para divulgar la imprescindible y sorprendente (por desconocida) labor en defensa de la conservación del patrimonio arquitectónico de Chueca Goitia. Lamentablemente, y a pesar de que hemos avanzado mucho tanto en la legislación como en la concienciación social, el patrimonio histórico de las ciudades contemporáneas ha experimentado en las últimas décadas un serio proceso de deterioro producido por muchos factores. No sólo la especulación inmobiliaria, una seria amenaza que ya Chueca detectó hace más de 50 años, sino el profundo (y a veces irreversible), impacto del turismo masivo. Otro elemento más a tener en cuenta es que todavía, pese a los esfuerzos realizados en el campo de la educación y la difusión, falta una cultura cívica, una sensibilidad social que haga sentir como propio el patrimonio y la ciudad histórica como una creación cultural colectiva que debe ser conservada para el uso público y para las generaciones presentes y futuras.
Me gustaría no ser pesimista y ver signos de esperanza (sin duda los hay), de hecho la terrible pandemia del COVID que nos afecta todavía en estos momentos, también es una llamada de atención acerca de la manera en que ‘usamos y consumimos’ la ciudad, que ha dejado de ser un bien público al servicio de los ciudadanos, para estar sometida a intereses particulares que no benefician a toda la comunidad. Quizás ahí, en la necesidad de parar y pensar modelos de vida, de habitabilidad y de convivencia, también de circulación y disfrute del espacio público y de los monumentos y lugares culturales, públicos y privados, tengamos una oportunidad para dar una nueva vida, más sostenible y cuidadosa con el planeta y con las exigencias de conservar el patrimonio cultural.
-No solo has actualizado discursos de un pasado reciente pero menos lejano de lo que nos parece, sino que también nos acercas un autor de otros lares, pues don Fernando era madrileño y todos esos dibujos suyos con los que ilustras sus artículos son vistas de Madrid. Pero fue arquitecto restaurador de monumentos en diferentes partes de España, muy particularmente en Aragón, donde tú le vienes siguiendo la pista desde hace muchos años y en la primera parte del libro haces en tu comentario muchas alusiones a Zaragoza e incluso insertas imágenes de la capital aragonesa. Pero curiosamente, ambos tendríais un punto común en las referencias cosmopolitas tan abundantes en vuestros respectivos escritos, tanto por las alusiones a ejemplos foráneos visitados personalmente como por los autores y la bibliografía políglota citada con envidiable erudición. ¿Te planteas pues una versión de este libro traducido/adaptado a otros contextos extranjeros? ¿Es Chueca Goitia un autor que podría interesar allende nuestras fronteras o va a quedar condenado al tópico casticista?
Chueca Goitia no sólo es uno de los historiadores y teóricos de la arquitectura española más importantes del siglo XX, cuya aportación más original podría sintetizarse en la nueva relectura de la tradición hispana, de nuestra idiosincrasia y personalidad artística, como fuente de renovación de la arquitectura contemporánea (en este sentido hay que mencionar que fue uno de los principales inspiradores –y redactor- del famoso Manifiesto de la Alhambra publicado en 1952), sino que fue uno de los profesionales más conectado e interesado por las novedades producidas fuera de nuestro país, en un momento (conviene no olvidarlo) de fuerte aislamiento político y cultural. Chueca viajó por todo el mundo, disfrutó una beca en EEUU en 1952, visitó también en numerosas ocasiones diferentes países de Latinoamérica, obteniendo además un gran reconocimiento en ellos tanto académico como institucional (es muy notable por ejemplo su impacto en México), y por supuesto conoció de primera mano los principales países europeos.
Chueca Goitia, además, frecuentó a numerosos arquitectos internacionales como Alvar Aalto, al que conoció cuando visitó nuestro país. De hecho en 1964, Chueca presentó en Madrid al excepcional historiador italiano Giulio Carlo Argan, quien más tarde ocuparía la alcaldía de Roma en representación del Partido Comunista. En aquel año Argan, con quien Chueca comparte la concepción de la ciudad como la obra de arte por excelencia y el legado cultural más excelso, impartió en el Museo Nacional de Arte Contemporáneo una conferencia sobre la situación del arte en aquel momento, evidenciando –de nuevo- el interés de Chueca por la actualidad y la trascendencia que daba a las relaciones internacionales. Asimismo, fue amigo personal de importantes historiadores como el profesor de la Universidad de Yale, George Kubler, a quien conoció a comienzos de los años cincuenta.
Por todo esto y sobre todo por el alcance de su reflexión sobre la ciudad histórica que le convierte en un verdadero teórico en este campo, en paralelo a reflexiones más conocidas como los propios textos de Argan o las recomendaciones reunidas en textos como la Carta Europea del Patrimonio Arquitectónico de 1975, sin duda merece la pena darlo a conocer fuera de nuestro país y ofrecer a otros investigadores internacionales la oportunidad de leer los textos originales de Chueca, que son testimonio directo de una época convulsa para la conservación del patrimonio, a la vez que reflejo de una original y pionera manera de mirarlo. Es más, su pensamiento puede ponerse en estrecha conexión con otros arquitectos que reflexionaron sobre esta materia, como el mexicano Carlos Flores Marini, autor de un libro titulado Restauración de ciudades, obra publicada en 1976, contemporánea por tanto de los escritos de Chueca con el que presenta muchos puntos de coincidencia; y se inserta también en polémicas internacionales de profundo calado como el debate italiano en torno a la inserción de arquitectura contemporánea en la ciudad histórica, en el que Chueca se sitúa en una posición muy conservadora, la misma que defendía el famoso historiador y teórico italiano Cesare Brandi.
-Otro rasgo común que tenéis, son vuestros múltiples intereses más allá de la historia de la arquitectura y de los estudios sobre restauración patrimonial. Tú has escrito mucho sobre arte contemporáneo desde diferentes registros y Chueca, que también fue miembro de la Asociación Española de Críticos de Arte, dejó huella de su influencia como director del Museo Español de Arte Contemporáneo. ¿Vas a contarnos más de esa faceta suya en alguna futura publicación o con lo que indicas en este libro queda suficientemente tratada?
La tarea de Chueca Goitia en la difusión y apoyo del arte contemporáneo, en especial desde su puesto de director del Museo Nacional de Arte Contemporáneo, cargo que ocupó entre 1958 y 1968, un trabajo del que se sentía muy orgulloso, ha sido estudiada en parte por la profesora Mª Dolores Jiménez-Blanco en su obra Arte y Estado en la España del siglo XX (1989). Chueca, que consideraba que no podía haber diferencia entre el arte antiguo y el contemporáneo y que se movió con extraordinaria facilidad en ambos campos gracias a su extraordinaria cultura y curiosidad, apoyó y difundió siempre que tuvo ocasión el arte de su tiempo, tanto nacional como extranjero, organizando exposiciones de artistas internacionales como “La Nueva Pintura Americana”, en la que se mostraron obras de Pollock, o “Diez años de pintura italiana (1946-1956)”, con obras procedentes de la Bienal de Venecia, (ambas exposiciones se celebraron en 1958), “21 Grabadores británicos” en 1960, “Arte Actual USA” (1964), o la impactante y significativa en tantos sentidos, muestra “Obra Gráfica de Pablo Picasso” celebrada en 1961, que alcanzó un enorme éxito social y que contribuyó de manera decisiva a la consolidación del museo. Sobra recordar que desde 1936, no se exponía obra del artista malagueño en la capital. Esta exposición estuvo acompañada de un completo y atractivo ciclo de conferencias organizado por el mismo Chueca, en el que participaron Juan Antonio Gaya Nuño, José Camón Aznar, Enrique Lafuente Ferrari, Camilo José Cela, Vicente Aleixandre, Angel Ferrant y Luis Rosales.
La afición de Chueca hacia el arte contemporáneo se evidencia también en la redacción de numerosos textos de crítica de arte, incluida la presentación de la guía oficial del museo publicada en 1962 y el texto introductorio para el catálogo de la exposición de Picasso (1961), en el que se congratulaba de la llegada de las obras de este artista a nuestro país. De hecho como bien mencionas, Chueca perteneció a la Asociación Española de Críticos de Arte fundada en un complejo momento histórico, los años 60, y sin duda es este un aspecto que merece un estudio en profundidad que espero poder abordar en el futuro.
-Sé personalmente lo complicado que es editar una antología de textos acompañada de un estudio preliminar, pues sufrí mucho al seleccionar textos de Ángel Azpeitia para el volumen que fue el primero editado en esta misma colección de PUZ. ¿Tú también has tenido que dejar fuera muchos artículos interesantes que te ha costado eliminar? ¿Hay aspectos de su trayectoria que por el contrario consideras ya demasiado trillados?
Chueca Goitia fue un prolífico escritor, además de un extraordinario orador, por lo que eran muchos los textos interesantes que podían haber formado parte de una antología de sus escritos. Al centrarse el libro en el argumento de la conservación de la ciudad histórica, fue más fácil hacer una selección casi natural y coherente tanto cronológica como temáticamente de los artículos más interesantes, en los que el arquitecto madrileño desarrollaba de una manera más extensa su pensamiento. Tuvieron que quedar fuera algunos que me hubiera gustado incluir, como parte de su obra Ensayos críticos sobre arquitectura, publicada en 1967, pero se alejaban un poco del tema, abordando cuestiones sin embargo también muy interesantes como la crisis de la arquitectura contemporánea (en este sentido, Chueca fue uno de los primeros críticos del Movimiento Moderno, en la línea de las opiniones expresadas por otras figuras como Jane Butzner Jacobs o Ernst Friedrich Schumacher).
Quizás Chueca es sobre todo conocido, y esta es la parte de su producción que más ha sido estudiada, por sus estudios sobre la historia de la arquitectura española, ya que en este campo se le reconoce su papel de figura clave en la evolución de la disciplina en el siglo XX. Menos conocidos eran sus proyectos como arquitecto restaurador de la 3ª Zona, que incluía Aragón, País Vasco y La Rioja, al servicio de la Dirección General de Bellas Artes, tema al que he dedicado mis investigaciones de los últimos 12 años, en el marco de una serie de proyectos de investigación dedicados al estudio de las restauración monumental en España durante el franquismo, el último de ellos concluido precisamente el pasado año (Los arquitectos restauradores en la españa del franquismo. De la continuidad de la Ley de 1933 a la recepción de la teoría europea, proyecto I+D+i 2015-2019, ref. HAR2015- 68109-P, dirigido por la profesora Mª Pilar García Cuetos, de la Universidad de Oviedo). Y desde luego, no era nada conocido, y este es el motivo por el que surge este libro, su faceta como ‘activista’, defensor y teórico de la conservación del patrimonio cultural, un profesional que advirtió premonitoriamente de problemas y males que afectan todavía hoy a la conservación de la ciudad histórica, por lo que merece la pena leerlo y escuchar su voz y su pensamiento con atención.
-Conociéndote, y admirándote sinceramente por tu capacidad de trabajo, imagino que ya estarás preparando tu siguiente proyecto, quizá en relación con Chueca Goita o tal vez sobre otros temas. ¿Puedes darnos ya un anticipo?
Queda mucho todavía para poder comprender en su totalidad el perfil de un arquitecto que es singular en el panorama de su tiempo por la cantidad de facetas que desarrolló. Por un lado, como ya he apuntado, es necesario investigar su trabajo como crítico de arte; sin olvidar que no hemos podido estudiar todavía una parte importante de proyectos de restauración desarrollados fuera de Aragón, que servirán para poder trazar un perfil más completo de su trabajo como arquitecto restaurador. Entre ellos están obras tan relevantes como las restauraciones de las catedrales de Valencia y Palencia, o las intervenciones en el monasterio de Santa María la Real de Nájera y la iglesia de Nuestra Señora de los Reyes en La Guardia (La Rioja); sin olvidar otros proyectos en Madrid como el Oratorio del Caballero de Gracia, la Casa de las Siete Chimeneas, la Cámara de Industria, el Museo Romántico, la iglesia de Santa Bárbara y las Academias de San Fernando y de la Historia. También me interesa mucho profundizar en las relaciones con teóricos y profesionales contemporáneos como Argan y Flores Marini, porque creo que puede servir, por un lado, para dar a conocer la figura de Chueca fuera de nuestro país, y por otro, para resituarlo en el panorama internacional del momento, que creo que es donde debe estar.