Fotografía realizada por Carlos A. Schwartz
Alfonso De la Torre realiza una gran labor de estudio, ordenación y catalogación de toda la obra gráfica de Salvador Victoria. Este libro recoge una estupenda entrevista realizada por Ricardo García Prats, director del Museo Salvador Victoria de Rubielos de Mora, a Marie Claire Decay, esposa de Salvador Victoria y alma del museo. La obra está editada con la colaboración del Museo Salvador Victoria, Museo de Teruel, IAACC Pablo Serrano, Museo de Arte Abstracto Español y Fundación Azcona.
Queremos darle la enhorabuena por este gran trabajo de catalogación de la obra gráfica de Salvador Victoria, así como felicitarle por la obtención de este premio concedido por la AACA, y agradecerle esta entrevista toda una lección de vida y arte.
¿Qué supone para un crítico de arte experimentado como usted, la concesión de este premio de la AACA?
El trabajo en la crítica de arte, en general en la escritura y pensamiento, es de esencia silenciosa. Soledad. Días y días, festivos incluidos, en la tarea, entre el estudio, lecturas y visitas a talleres de artistas, museos y exposiciones, coleccionistas, cine o teatro. Pensar en tanto contemplamos el mundo y sus enigmas en la tentativa de trazar líneas de pensamiento sobre futuras exposiciones y publicaciones, tratar de ver de nuevo el arte y sus artistas.
Por eso, el reconocimiento, jamás esperado, es bienvenido. Antes tuve otro Gran Premio, la amistad del mundo vinculado a Salvador Victoria que me ha acompañado desde hace muchos años, presidido por su viuda Marie-Claire Decay, y con el entorno de su Museo de Rubielos de Mora, con Ángel Gracia y su director Ricardo García Prats o con queridos directores anteriores. También el generoso proceder de esa AACA.
Añadiré que, en general, mi vinculación a Aragón ha sido mucha, al haberme ocupado desde hace tres décadas de la Conservación y discurso de la colección de Pilar Citoler, incluyendo el conocido viaje de “Circa XX” al IAACC, una parte de la misma. Por otra parte, he podido hacer diversos proyectos expositivos en Aragón, desde hace muchos años. Aragón, por tanto, es lugar querido, por eso me hacía también especial ilusión.
¿Qué le llevó a dedicar su vida al arte, alcanzando una carrera tan fructífera e interesante de comisariados, catalogaciones, conferencias…?
Permítaseme la cita a tantos amigos que me acompañan. Siempre me gusta la frase de Mark Rothko: conseguir bolsas de silencio en la difícil e insoslayable aventura que es vivir. Que la vida valga más, sentenciaba Eliot, tampoco está mal. Nademos, nademos en el agua del arte y la cultura, para no hundirnos. Leo estos días al pintor Francis Bacon, champan francés en medio de la mugre que sepultaba su humilde estudio inglés, vivir es una oportunidad, sentenciaba: “la creación es como el amor, no puedes hacer nada contra ella”. Ver lo desconocido que hay en mí, que hay en los otros, ansia por conocer, parecen ser máximas precisas de ejercer. Tras ello, otro objetivo se cumplirá, aquel hazlo nuevo, esto es, sé capaz de decir algo no dicho, o poco transitado. Mirar y pensar en un artista, o bien, en un momento histórico que, hasta esa fecha, carecía de luz.
Hay algo, también, en ese ejercicio en soledad de la crítica y el pensamiento sobre las artes, de “ego sum”, como un don de sí, el don de enunciar como una apertura constitutiva, el lugar de emisión de una luz en esa enunciación. De esta forma, cada pensar nos deriva a una nueva exigencia de pensamiento, una exhortación a continuar con las preguntas. La palabra es el pensamiento que no se pierde de inmediato.
En todo caso, es preciso señalar que en el pensar sobre las artes hay, también, un componente de personalidad, escribir sobre las artes como una salida de sí, el pensamiento tiene algo adictivo que se basta a sí mismo, eran Proust o Lacan, me explica Mehdi Belhjaj, a quien leo ahora, quienes consideraban el pensamiento como una enfermedad incurable. Concluyendo estas citas-homenaje, cito a menudo un poema de Robert Frost, “El camino no elegido”, elegir un camino en la vida, frente a otros, supone toda la diferencia, se lo debo a otro artista que me enseñó el camino de ese verso, querido Javier Pérez. He de confesar que es la vida elegida y que no hubiese deseado otra. Nuestra capacidad de dicha, explica Piglia, depende de cierto equilibrio entre aquello que no alcanzamos en la vida y aquello que nos ha sido milagrosamente concedido. Completamente colmados o completamente privados estaríamos perdidos. La crítica y el comisariado permiten cierto goce de moverse en dirección contraria al mundo, adentrándome en el extravío. Aquí sigo sumergido, como la rana en el pantano.
Usted es especialista en arte contemporáneo, ha comisariado muchas y diversas exposiciones. Podemos ver en la mayoría de ellas y de las catalogaciones realizadas, un especial interés en la abstracción de los años 50 y 60, así como el seguimiento posterior de artistas como Rivera, Millares, Palazuelo, Zóbel y Salvador Victoria. Del mismo modo se ha interesado por el informalismo como por la abstracción geométrica. ¿Qué es lo que le ha atraído de estas tendencias?
Recientemente, conversando en el Museo Carmen Thyssen de Málaga, concluía pensando que la abstracción en España había sido verdaderamente hegemónica y colapsado tanto a los artistas figurativos como a muchos artistas abstractos geómetras a quienes en una época califiqué, por su aire al margen, de “generación del silencio”. Quizás algo de culpa la tuvo el canon zobeliano, mostrado en ese nuestro primer museo democrático, que, inaugurado en 1966, estaba en actividad desde 1964 y que en las dos décadas siguientes expandiría su influencia, lo que llamamos su estela. En todo caso fue, como decía Zóbel, una generación irrepetible. Sobre ellos he trabajado y, de alguna forma, he cooperado en mantener su memoria. En ocasiones comienzo a hablar de otros artistas y pienso ejerzo la transmisión de aquella voz, son las voces de otros, por eso procuro hacerlo con sumo cuidado, casi con mimo. Siento a veces porto la palabra, pero también la memoria de otros, su lugar en el mundo en un tiempo en donde no había mucho testimonio. En todo caso, he tenido la suerte de conocerlos, pues me incorporé al mundo del arte de la mano de Gerardo Rueda, mediados los ochenta. Exploré sus archivos, gocé de la confianza de sus legados. Este también es un (otro) verdadero Gran Premio.
Las últimas exposiciones de Salvador Victoria han sido comisariadas por usted, y luego, esta estupenda catalogación de toda la obra gráfica. ¿Por qué se interesó especialmente por este artista?
Siempre he pensado que una nota, extraordinaria, del devenir de Salvador fue la construcción de su vida de artista desde una cierta pasión outsider, un permanente viaje con un afable aire marginal, a contramano de ciertos desarrollos y rutinas que, en España, sucedían en aquel tiempo. Eso es un innegable atractivo, ese circular por otra senda tan propia.
Nada sería de la vida sin la contemplación de las obras de arte y Victoria ejerciócon vértigo desde un decir lento, abierto un abismo entre la claridad de unas reflexiones formales que carecían de ornamentación inútil. Permitiendo así la irrupción de lo no dicho mediante la muestra de una voz insólita, tal quien ejerciese en la vigilia un estado de atención, quedando sus imágenes elevadas como si gozasen del don de revelarse mas sin apartar esa posesión del misterio, un misterio completo y una fuerza emocional extrema: sus obras pertenecen al silencio de una mirada concentrada. Mas, con frecuencia menciono que, frente a las obras de Victoria, uno lo encuentra más hermanado con Sam Francis, Helen Frankenthalero Joan Mitchell que con la pintura española de ese tiempo, sumergida en la austera negritud que era común en los artistas de la brava veta informalista. Por eso la prensa internacional observaba de su obra que, frente a la “negrura española, París cultivado”. Y cito también al matissianoPierre Schneider, quien observaba en nuestro artista un estilo trans-continental.
Fue Victoria un creador erudito, buen conocedor del arte de su tiempo en el contexto internacional, artista no afectado por poses bravas, pintor medido y concentrado, vindicador de la azoriniana España clara y al que la historia del arte, vemos, ha devuelto a su justo punto.
Dentro de la abundante y magnífica obra gráfica de Salvador Victoria, y teniendo en cuenta los distintos tipos de grabados, encontramos desde serigrafías con una gran potencia del color, próximas al arte pop, que pueden llegar a semejar collages, hasta los gofrados en los que la ausencia del color potencia la forma. ¿Qué le interesa más en la obra de Victoria, el color o la forma, si es que fuese posible disociarlos?
La obra estampada de Victoria había quedado algo relegada a una cierta marginalidad. Ahora felizmente puesta a la luz ofreciendo un corpus gráfico extraordinario, serigrafías, grabados, carteles, ediciones de bibliofilia, de tal forma que hacía Victoria honor al papel frente al amable desprestigio del mismo en España, son palabras que recuerdo con frecuencia de Zóbel, Victoria ejerció el amor por el decir con lo mínimo, una voz baja frecuentada en la obra sobre papel que le embargaría desde sus primeros trabajos, prosiguiendo a lo largo de su trayectoria. De hecho, sus trabajos mediante superposiciones, realizados luego mediados los setenta supusieron el ejercicio creativo del despliegue de papeles, cartulinas o acetatos que, superpuestos, creaban diversos niveles con esta materia, ofreciendo la generación de relieves con frecuencia monocromos y, de alguna manera, se incardinarían de un modo expreso con sus obras grabadas que incluían papeles encolados o la tentación del relieve gofrado. En la obra estampada de Victoria hay un estrecho correlato con su pintura, pues tanto en las serigrafías como en las técnicas calcográficas su viaje fue desde la planicie, las obras estampadas de los años sesenta y setenta, de colores planos (1967-1983), a la emulación, casi tentativa de trasvase, en especial a partir de 1983, de lo que sucedía en su pintura donde, con el tiempo, sus lienzos se embargaban con restos de trazos o visiones fragmentarias, casi elementos escriturales y simbólicos, un diálogo entre una pintura frecuentadora de la ambición monocroma que era compatible con la pervivencia de notas a modo de pinceladas muchas veces en estado, también, de disolución. Emuladoras de recortes, algunas de sus serigrafías quedaron resueltas en clave más pictoricista, mas presente el gesto medido del artista. No sucede así con su obra litográfica o aguafuerte en donde, desde el inicio, hay una cierta surrealidad, estoy pensando en las primeras misteriosas litografías de aire crepuscular hechas con Dimitri Papagueorguiu, uno de los primeros talleres de grabado contemporáneo.
Hay que señalar, también, que Victoria fue uno de los primeros artistas que, como sucedería con alguno de los norteamericanos del expresionismo abstracto, incorporarían temprano, en 1970, el color a las técnicas calcográficas, hasta esa fecha sumidas en la manera negra, negritud o grisismo que había sido propio de esa técnica, como deudora ineludible de la historia de la Calcografía tradicional. Estampas entre las metáforas y lo simbólico, una verdadera ars poética, ha sido el quehacer de este artista imprescindible.
¿Cómo ve el futuro del arte? ¿La pintura va a quedar como vestigio de lo que fue el arte del siglo XX, o va a tener su trayectoria independiente frente a las nuevas tendencias artísticas?
Quizás podríamos referir comenzando, este es el siglo XXI, un tiempo poblado por un cierto fin de las ideas y el agostamiento del pensar. También de las ideas que los museos enarbolaron de modo secular: ya se sabe, exposiciones retrospectivas, historicistas, aniversaristas, taxonomías, identidades, de revisión de grupos o muestras temáticas. En todo caso, sabemos que la historia del arte se había alimentado con demasiada frecuencia de los caminos transitados. Otras propuestas para nuestro tiempo exigen renovar el conocimiento y profundizar en el estudio, mas no siempre las personas o los tiempos del sistema del arte, tampoco la economía, han sido idóneos.
Tiempo este, dije, de las ideas agostadas, uno elogia cuando existe una cierta radicalidad entre la banalidad del pensamiento único, casi venga de donde venga. Así, esta reflexión radical la tomo desde Alan Badiou, no olvidemos que hoy en día nos encontramos en un momento complejo en que la mayoría de la gente no tiene nombre, y quedan las masas silenciadas en la condena de la invisibilidad (bajo la apariencia de “escuchadas”) y de la diversióndigital, inmersas en la atonía del mundo. Exponer a los secularmente excluidos seráotra forma de mirar el mundo. Pues quizás sea “excluido, excluida” un asunto a tratar, ese único nombre de quienes no tienen nombre. Y es posible sean precisas nuevas formas de pensar la historia del arte y la cultura, en general, también promover la aparición de nuevas formas de mostrarlo, entre otras ofrecer esa apertura a lo complejo y construir para un tiempo otro que quede investido de sentido, un mundo más cuidado para que pueda ser habitado.
Sabemos, el arte no responde a las preguntas eternas sobre la vida, sino que nos impele a la ampliación de las preguntas.
¿Podría adelantarnos qué proyectos está desarrollando en la actualidad y cuáles van a ser sus próximos trabajos?
Vengo de un enorme esfuerzo que fue la investigación que concluyó en “Klee y España. Los irredentos kleeianos”, que publicó recientemente Genueve Ediciones y que analiza las relaciones de la persona y obra de Klee, admiraciones e influencias, con España. Avanzando en la penumbra en múltiples direcciones, decía Palazuelo. Una importante retrospectiva de Salvador Victoria en la Fundación Antonio Pérez, en Cuenca, un lugar en cuya sede de San Clemente mostramos recientemente “Air de París”, una reconstrucción del tiempo en París de Salvador y Marie-Claire, aquellos tempranos sesenta. En Cuenca la exposición “Salvador Victoria. Un mundo otro”, se distribuye entre una Capilla, ámbito espiritual cuyo emblema será el círculo, a la par que en las salas distribuimos las obras entre aquellos dibujos de París, y: Monocromía, Gesto y Ensoñaciones, a modo de capítulos que permitirán la mejor comprensión de su quehacer.
Coincide esta exposición con la que he comisariado para la Fundación Juan March, “Antonio Lorenzo. Retrato de un pintor con ideas" en el Museo de Arte Abstracto Español, de Cuenca. Será la revancha de otro pintor al que la historia ha ninguneado, por cierto muy amigo de Salvador Victoria y Marie-Claire Decay. En este momento concluyo la escritura, ahora, de un ilusionante libro: “Tàpies-Chillida-Un llamamiento íntimo a la inmensidad”, por encargo de las galerías Guillermo de Osma y Carreras-Múgica. Preparativos de “Pablo Palazuelo. Un goce inscrito”, también en la Fundación Antonio Pérez, de Cuenca, será el año próximo. Entre tanto, avanzo con el Catálogo Razonado de Carmen Calvo, con quien he realizado numerosos proyectos, encargo de la Fundación Azcona, otro de mis lugares en el mundo, tras la publicación reciente también del “Catálogo Razonado de Pinturas de Fernando Zóbel”.