Como una de las novedades artísticas de este año, podremos disfrutar con la degustación de Ícaro, una exposición del zaragozano Jaime Sanjuán que atrae por la limpia y vigorosa visibilización de una técnica muchas veces repudiada por los estetas del mundo del arte.
Jaime Sanjuán Ocabo cursó Bellas Artes en Cuenca y actualmente cuenta con 37 años y numerosos reconocimientos internacionales a la espalda, como el prestigiosísimo A’ Design award 2017. Silver award o su más reciente condecoración, el Comunication arts 2018. Winner.
Jaime es un artista que comenzó con las clásicas trabas de un recién graduado en Bellas Artes; insuficiente dinero para la producción, inexistencia de un estudio y nula orientación profesional, hicieron de su inicial gusto por las artes plásticas como pintor de óleo y caballete, una pesadilla difícil de olvidar. No fue hasta que su novia le regaló un ipad, cuando Jaime descubrió una manera de hacer aquello mismo que hacía antes, eliminando de un soplido estos tres grandes problemas. Al uso del programa procreate, es capaz de pintar con los dedos sobre la pantalla del dispositivo, de igual modo en que lo hacía sobre el lienzo con el óleo, generando resultados completamente pictóricos mediante una metodología que poco le tiene que envidiar a las más ortodoxas. Y es que, cuando hablamos de pintura digital, muchas veces nos resulta difícil adoptar una visión amplia, progresista e incluso respetuosa que por otro lado, nos impide pensar ante estas obras de manera ajena a las cuestiones descritas. Con este escepticismo de la era actual, nos privamos del disfrute de una experiencia estética que puede ser mayor o menor, sintiéndonos incluso engañados cuando nos dicen que tal cuadro ha sido pintado digitalmente.
Lo cierto es que los media art (entre los que podemos incluir la pintura digital), aún describen un panorama con trabajo reivindicativo por hacer, ya que sus artistas quedan tristemente condenados a la absurda justificación del por qué su obra es arte o no, por encima del propio contenido emocional.
Con Ícaro podremos deleitarnos de una exquisita selección de 15 piezas (5 de las cuales son inéditas) cuyo hilo conductor es la obsesión por la fugacidad del tiempo que su autor trasmite a través de diversas temáticas y tan variadas críticas como las dirigidas hacia el establishment, así como las herramientas de alienación sociales o el maltrato animal. Es frecuente encontrar detalles ocultos que su autor idea cual deliciosos secretos tras los que abandonarse a la carrera de su desvelo. Tal nivel de detalle, como bien apuntan los directores de la Galería La ley de Snell, Julia Morera y Manuel Guerra, en ocasiones han hecho pensar que se trata de fotografías. Podríamos enmarcar su lenguaje plástico dentro de la pintura surrealista con simples pero obvias llamadas técnicas al hiperrealismo, donde el mundo de los sueños queda torcido y acosado por el prisma de la veloz e implacable tecnología que creó estas herramientas. En su mayoría, se trata de una materialización en Sistema Vitra que combina aluminio y polímeros vítreos. En otros, de impresión con tintas pigmentadas sobre papel Hahnemühle rag 300g. Todas en medio-gran formato.
La muestra que Jaime Sanjuán nos presenta, peca no obstante de una sobre-estetización formal, lo que no difiere en demasía del acabado de las imágenes que podemos ver abriendo cualquier magazine en la consulta del dentista. Tal vez se trate de la maldición de la pintura digital el quedar rendida al mercado del diseño gráfico, la publicidad y las marcas.
Pongamos el caso de la pieza Vanitas (imagen del artículo), 2017, Premio 2017 Latin American Illustration, la cual nos habla de una relación muy íntima entre antónimos. En ella, somos testigos del flotar de un esqueleto de pez en la oscuridad a través del cual nadan verdes hiedras, y en sus costillares se clavan dos dados como si de queso cheddar estuviesen hechos. Un feel de danza en la muerte con la vida al son del traicionero compás del azar. Si echamos un vistazo a la trayectoria de los artistas digitales, identificamos un gran número de reconocimientos provenientes de los mundos de la ilustración y del diseño, pero no de certámenes propiamente del mundo del arte como diríamos al recordar las Bienales de Venecia por ejemplo. Ello nos hace valorar aún más el esfuerzo que estos artistas tienen que hacer para eliminar barreras como el tópico del hiperrealismo asociado a la pintura digital, o la importancia que se le da al soporte a la hora de juzgar una obra de arte, ej. ebooks. Por ello, y sin embargo, la próxima vez que acuda a una exposición de pintura digital, me gustaría ver drippling, art brut, algo de romanticismo inglés, arte naif o pintura expandida, y comprobar cuán amigas pueden ser ambas metodologías.
Desde luego que la pintura tradicional y la pintura digital no son lo mismo, pero en absoluto una es mejor que la otra.