La abarcadora, espectacular e impecable exposición de Enrique Larroy en la Lonja, más que merecida, pudo verse del 3 de octubre al 16 de noviembre. En el catálogo amplios prólogos de Alejandro J. Ratia, con diáfanas alusiones a elementos científicos en algunas obras, y Chus Tudelilla, mediante comentarios y citas de otros artistas en perfecta sintonía con lo exhibido. Cita nuestra de ambos prologuistas muy en síntesis. Enrique Larroy, tal como consideramos desde la lógica del conocimiento, es uno de los varios artistas zaragozanos de diversas edades, que viven en Zaragoza, importantes a nivel español. De artista local perdido en el infinito nada de nada: inadmisible.
La exposición, siguiendo el catálogo para evitar confusiones, comienza mediante la serie Chapa y pintura, de 2014, basada en impactante obras monocromas como si fueran el vacío radical que anuncia los poderosos e impactante cuadros con una contrastada e impactante paleta cromática perfectamente conjugada a través de muy variadas formas geométricas. Sigue un conjunto de cuadros gran formato entre los años 2005 y 2014. Cabe añadir, como dato imprescindible, que en algunas obras tenemos la unión entre la geometría y los expresionistas planos irregulares, incluso espacios para que flote el campo formal en una suerte de paisaje, para ofrecer un ámbito expansivo con dosis destructivas, según puede comprobarse en los cuadros Imagen involuntaria, de 2014, Decepción cromática, de 2014, Residuo rojo, de 2014, Residuo amarillo, de 2014, y Ciudad frenética 2, de 2014. Simbología discreta, de 2014, es un poderoso e impactante cuerpo geométrico con fondo blanco y predominio de bandas negras rotas por planos de rotundos colores y dos zonas expresionistas abstractas que rompen el equilibrio racional cual pantalla difusa acechante con dosis de insistente amenaza. Alejandro J. Ratia indica en su prólogo que vibra una sugerencia del código de barras. La magnífica serie Especular, de 2011, consta de 15 obras dentro de la serie, que se expusieron, en 2011, en la Sala Juana Francés de la Casa de la Mujer de Zaragoza. En el texto se comenta que son obras realizadas en “capas” con pintura, impresiones digitales y serigráficas sobre metacrilato, aluminio anodizado y papel. Datos que significan la aparición de muy numerosas y cambiantes formas geométricas, en alguna ocasión con trazos y planos expresionistas, que articula de forma magnífica. Formas, como tales por variedad, que son diferentes al conjunto de la exposición. Nos queda Insistentemente mareados. 05, nacido como tríptico expuesto en 2003, pero que con el tiempo se han añadido más cuerpos hasta formar un gigantesco cuadro, de fuertes colores, atravesado por un espléndido rosario de impactantes formas geométricas, como círculos concéntricos, rectángulos, óvalos, círculos y bandas rectangulares, en una suerte de seductor caos articulado desde la racionalidad. Quien viera la exposición tuvo una excelente oportunidad para ver el cuadro desde la distancia adecuada y luego avanzar hasta dejarte envolver para sentir extrañas sensaciones incluyendo una especie de rapto pictórico.
Tanta complejidad pictórica, sin olvidar el derroche cromático, no es gratuita ni producto de la casualidad. Estamos ante la proliferación de formas geométricas abrasando cada soporte. ¿Cómo es posible que todo se alíe con perfección? Se detecta la proliferación de rectángulos y, en menor medida, de cuadrados, incluso un cuadro se basa sólo en cuadrados que ofrecen una radical solidez formal alterada por un plano expresionista en el lado derecho, los cuales pertenecen a la por todos conocida regla de oro o sección áurea, la cual tiene la particularidad de regular, estabilizar y serenar cada composición por muy compleja que sea. Rectángulos, por cierto, que según la posición, sobre todo vertical, potencian un elemento activo, dinámico. Siempre sin olvidar la impecable simetría del óvalo como hermoso ritmo radial, los ritmos sinuosos en algunas obras que enfatizan en un sutil y cambiante movimiento y la simetría radial de las abundantes circunferencias. Por otra parte, Sobre Alejandro J. Ratia, poeta, crítico de arte en el Heraldo de Aragón y matemático, indicábamos que en su prólogo señala algunos puntos de unión de los cuadros con elementos científicos. Basta recordar, sin más, al matemático alemán de origen ruso Georg Cantor (1845-1918) con su muy compleja Teoría de los Conjuntos, junto con Frege y Dedekind, que le supuso una posterior enfermedad mental hasta morir en un psiquiátrico. Asimismo, se detecta la existencia, en mayor o menor medida, de planos que configuran una axonometría isométrica para formar el espacio general.
Enrique Larroy, desde luego, es muy consciente de lo que hace, nada de elementos gratuitos productos del azar, aunque vemos que en alguna obra vibra un matiz intuitivo, con posteridad racionalizado, según apreciamos, por ejemplo, en Insistentemente mareados. 05, que definimos como un positivo exceso formal.